Sus centenarios pinos canarios, capaces de rebrotar incluso después de un incendio, conviven con barrancos, acantilados y miradores que ofrecen algunas de las mejores vistas del archipiélago
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Al alejar la vista de la costa, Gran Canaria revela una de sus facetas menos conocidas. Barrancos, bosques, roques volcánicos y miradores sobre el Atlántico conforman un paisaje muy distinto al de sus famosas playas y dunas, capaz de asombrar incluso a quienes creen conocer bien la isla.
En las zonas menos visitadas de la isla, el Parque Natural de Tamadaba acoge el pinar natural mejor preservado de Canarias. Sus profundos barrancos, acantilados que caen hacia el Atlántico y miradores impresionantes transforman este espacio protegido en uno de los mayores tesoros paisajísticos de Gran Canaria.
Un bosque singular en Gran Canaria
El Parque Natural de Tamadaba abarca más de 7.500 hectáreas en el noroeste de Gran Canaria y es uno de los entornos naturales más intactos del archipiélago. Su relieve incluye profundos barrancos, acantilados que se precipitan al océano, zonas costeras y un extenso pinar que ha perdurado durante siglos, adaptándose al fuego, al viento y a la orografía volcánica compleja.
El elemento más destacado del parque es el pino canario, una especie endémica con una notable capacidad para regenerarse tras incendios, gracias al grosor de su corteza y a su adaptación natural. Este bosque no es resultado de repoblaciones recientes, sino un pinar antiguo con un alto grado de naturalidad. Además, cumple un papel fundamental en la captación hidrológica, pues aprovecha la humedad de las frecuentes nieblas y de los vientos alisios, contribuyendo al equilibrio hídrico de la isla. A su alrededor también se conservan barrancos, cardonales, tabaibales y hábitats de escarpes con gran valor ecológico.
Los miradores de Tamadaba brindan algunas de las vistas más espectaculares de Gran Canaria. Desde allí se pueden contemplar los abruptos riscos del noroeste, el vasto Atlántico y, en días claros, iconos naturales como el Roque Nublo o el Roque Bentayga, formando una de las panorámicas más impactantes del archipiélago.
Tamadaba es uno de los mejores destinos de Gran Canaria para practicar senderismo. Desde Artenara parten rutas que cruzan el pinar y conducen hacia miradores naturales con vistas a barrancos profundos, acantilados imponentes y al océano Atlántico. Pasear entre estos bosques centenarios, envueltos en el aroma de la resina y alejados del turismo masivo, permite descubrir la cara más salvaje y tranquila de la isla.
Patrimonio natural e historia en un solo lugar
La visita a Tamadaba puede completarse en Artenara, el municipio con mayor altitud de Gran Canaria. Sus singulares casas cueva, excavadas en roca volcánica y aún habitadas, reflejan un estilo de vida que ha persistido durante siglos, haciendo de esta localidad uno de los enclaves con más carácter de la isla. Su dedicación a la conservación de este patrimonio y a un modelo de turismo sostenible le valió en 2023 la candidatura al programa Best Tourism Villages de ONU Turismo.
La ocupación humana en estas montañas se remonta al período prehispánico. Cuevas, antiguos asentamientos, grabados y restos arqueológicos dispersos por distintos puntos del parque demuestran la relevancia que este territorio tuvo para los primeros habitantes de la isla. Además, presenta una biodiversidad notable, con especies vegetales protegidas en los riscos de Guayedra y aves endémicas que utilizan estos pinares como importantes sitios de nidificación. Todo eso convierte al Parque Natural de Tamadaba en uno de los refugios naturales y culturales más destacados de Canarias.
Al alejar la mirada de la costa, Gran Canaria revela una de sus facetas menos conocidas. Barrancos, bosques, roques volcánicos y miradores sobre el Atlántico conforman un paisaje muy distinto al de sus famosas playas y dunas, capaz de asombrar incluso a quienes creen conocer bien la isla.

