Información del artículo
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- Autor, Nicola Bryan
- Título del autor, BBC News, Gales
- Fecha de publicación 6 julio 2026
- Tiempo de lectura: 6 min
Lowri Denman supo que algo no estaba bien por primera vez cuando, con horror, detectó una tenia de un metro de longitud tras usar el baño.
«Tenía un aspecto realmente desagradable, semejante a una cinta adhesiva con pequeñas estrías», relató esta mujer galesa de 42 años.
Este fue el síntoma inicial de la neurocisticercosis, que provocó que Lowri tuviera 38 parásitos alojados en el cerebro, desencadenándole intensos dolores de cabeza, convulsiones y episodios psicóticos.
Es una de las pocas personas en el Reino Unido que cada año recibe este diagnóstico, una infección cerebral causada por las larvas de la tenia del cerdo.
Tras años de recuperación, Lowri aspira a transformar su experiencia traumática en una oportunidad útil, promoviendo la conciencia sobre esta enfermedad.
Un viaje de ensueño

Fuente de la imagen, Lowri Denman
En 2007, Lowri efectuó un viaje de tres meses por India.
Allí, su médico, el doctor Brendan Healy, especialista en enfermedades infecciosas y microbiología, presume que contrajo esta infección.
Lowri optó por no consumir carne durante el viaje, buscando evitar intoxicaciones alimentarias, pero el Dr. Healy sospecha que de manera involuntaria ingirió carne de cerdo con huevos microscópicos de tenia o solitaria.
No fue sino hasta 2010, tres años más tarde, cuando Lowri advirtió la presencia de la tenia en un baño de restaurante y la desechó por el inodoro.
Consultó a su médico de cabecera; aunque los análisis de heces resultaron normales y se encontraba bien, siguió su vida sin incidentes.
Un año después, comenzaron a aparecer fuertes cefaleas y, en 2011, tuvo su primer episodio convulsivo.
«Empecé a tener serios problemas para hablar», recordó. «De pronto, recuperé la conciencia y estaba en una ambulancia. Pensé: ‘¿Cómo sucedió esto? ¿Por qué?'»
Buscando respuestas

Fuente de la imagen, Lowri Denman
Tras ser hospitalizada, le realizaron una tomografía computarizada y una resonancia magnética, y Lowri fue llamada a recoger los resultados.
«El médico me dijo: ‘Hemos examinado las imágenes y hallamos 38 parásitos alojados en tu cerebro'», narró Lowri.
Ella y su madre quedaron asombradas, preguntándose: «¿Qué significa esto?»
Inicialmente, pensaron que podría tratarse de toxoplasmosis, una infección transmitida por contacto con heces de gato infectadas.
Sin embargo, la madre de Lowri planteó la posibilidad de que la convulsión estuviera vinculada a la tenia descubierta un año antes.
Después de más exámenes, le confirmaron el diagnóstico de neurocisticercosis.
«Surgen muchas dudas en ese instante, porque no sabes qué esperar respecto a tu salud», comentó Lowri.
Taenia solium

Fuente de la imagen, Lowri Denma
La tenia, denominada Taenia solium, está presente globalmente.
No obstante, las infecciones son más frecuentes en ciertas áreas de Latinoamérica, el sur y sureste asiático y el África subsahariana.
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU., la falta de higiene facilita la propagación del parásito, que ocurre más comúnmente en regiones donde hay estrecho contacto entre humanos y cerdos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hasta 8.3 millones de personas en el planeta tienen neurocisticercosis, ya sea con síntomas o asintomática.
Es una causa principal de epilepsia prevenible en áreas donde esta enfermedad es prevalente.
La infección ocurre al consumir carne de cerdo cruda o mal cocida. Sin embargo, esto no provoca directamente neurocisticercosis.
Una persona infectada puede expulsar huevos microscópicos del parásito en sus heces.
Si las manos no se lavan adecuadamente tras ir al baño, estos huevos pueden contaminar alimentos o agua y ser ingeridos por otra persona.
Dentro del organismo, los huevos eclosionan en larvas que forman quistes en distintos órganos, como músculos, corazón y ojos.
Esta condición se denomina cisticercosis. Cuando los quistes se desarrollan en cerebro o médula espinal, se llama neurocisticercosis, la forma más grave de la enfermedad.
Afectaciones neurológicas
Lowri permaneció hospitalizada durante dos semanas, durante las cuales recibió tratamiento con antiparasitarios y esteroides. Por un tiempo, esta terapia resultó efectiva.
Pasaron varios años en los que sintió mejoría, pero un día se desmayó en su trabajo.
Las imágenes por tomografía mostraron inflamaciones considerables en su cerebro alrededor de los parásitos.
Luego del desmayo, experimentó confusión, además de entumecimiento y hormigueo corporal. Decidió dejar su empleo y mudarse con su padre.
Se le indicaron esteroides que alteraron su aspecto físico y, al restringirse su vida cotidiana, desarrolló depresión hasta colapsar mentalmente.
«Manifestó paranoia y psicosis… tenía ansiedad intensa y ataques de pánico», contó Lowri, quien pasó seis semanas internada en un hospital neuropsiquiátrico.
«Entré en una espiral descendente», rememora. «Mi familia estaba preocupada por el agravamiento de la situación».
La recuperación total ha sido un proceso largo, y finalmente regresó a trabajar en 2022.
Caso "excepcional"

Healy destacó que Lowri es una paciente fuera de lo común, un caso singular en su trayectoria, el cual ha sido estudiado por varios expertos reconocidos en Reino Unido y EE.UU.
«La mayoría de los infectólogos en el país no verán un caso así durante toda su carrera; es muy raro», afirmó.
Después de años de complicaciones, los parásitos en el cerebro de Lowri se calcificaron.
«No me han sometido a cirugía para extraerlos», explicó.
El Dr. Healy indicó que Lowri recibió tratamiento para eliminar todos los huevos y, afortunadamente, muestra signos de haber superado la enfermedad.
No ha tenido convulsiones desde 2017, aunque debe continuar con medicación antiepiléptica de por vida.
Lowri expresó su deseo de que su experiencia tenga un impacto positivo.
«Ahora deseo seguir adelante con mi vida y generar conciencia sobre esta enfermedad», afirmó.
«Estoy agradecida por estar viva, saludable y con energía nuevamente, y nunca lo doy por descontado».

