Messi a los 39 años: «En la escuela solía ser perezoso, me suspendieron el fútbol y eso me impulsó a esforzarme más»

Messi llora de alegría tras la clasificación ante Egipto. El jugador argentino ha manifestado que el fútbol fue determinante para su rendimiento escolar: sin cumplir con sus estudios, no podía participar en los partidos.

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Leo Messi representa uno de los referentes más destacados del deporte mundial. Este futbolista argentino no solo ha dejado una huella en el campo, sino que también se ha convertido en uno de los deportistas más venerados por los aficionados.

Su influencia va más allá de los terrenos de juego: cientos de personas intentan capturar una foto junto a él, su merchandising genera millones en todo el mundo y su imagen sobrepasa cualquier pantalla. Por eso, el interés por descubrir todos los detalles de su vida se mantiene constante.

Pese a ello, su camino no ha estado libre de controversias. Messi ha recibido críticas por ciertos gestos y conductas públicas consideradas distantes con algunos seguidores. Con ocho Balones de Oro y una Copa del Mundo en su palmarés, su trayectoria es, para muchos, difícil de dimensionar.

En contraste con la imagen actual, la niñez del rosarino se desarrolló en un entorno humilde del barrio La Bajada. Allí, entre calles y amistades, combinaba el fútbol con actividades como andar en bicicleta, construir refugios improvisados o jugar al escondite.

Incluso, admitió en alguna ocasión haber tomado limones de algún vecino para preparar jugo. Creció en una casa familiar que todavía pertenece a sus parientes, aunque hoy se encuentra vacía.

Messi, con la selección de Argentina.

Messi, con la selección de Argentina. Europa Press

Aunque el fútbol siempre lo acompañó, el colegio no era su fuerte. Sus padres, conocedores de su pasión por el deporte, establecieron una regla clara: si no rendía académicamente, no podía jugar. Esta condición fue fundamental para su formación.

«Desde que tengo memoria, crecí con la pelota. Siempre compartía juegos con mis hermanos, primos y personas mayores. En el barrio disfrutaba mucho jugar», recordó en una entrevista con La Tribuna.

«Quería jugar con mis hermanos y no me dejaban, lo que me molestaba bastante. Las peleas eran por eso. Mi infancia la pasé en la calle», añadió.

El propio Messi admitió sus dificultades en el ámbito escolar: «Era un vago en la escuela, siempre se me dificultó. Aunque me comportaba bien. Me castigaron sin poder jugar al fútbol y eso me impulsó a mejorar en la escuela». Esta disciplina estaba respaldada por alguien muy importante en su vida: su abuela.

Ella fue quien promovió sus primeros pasos en el fútbol, persuadiendo a un entrenador para que le diera una oportunidad en Grandoli cuando apenas tenía cinco años. Desde ese momento, se convirtió en su mayor sostén, acompañándolo a entrenamientos y partidos siempre que podía.

El vínculo entre ambos dejó una marca indeleble en el futbolista. Por eso, cada gol dedicado lleva un gesto hacia el cielo en señal de respeto y recuerdo. Su abuela falleció cuando él tenía once años, un suceso que le afectó intensamente.

«Teníamos un vínculo especial, casi pasábamos todo el día juntos. Ella murió cuando tenía 11 años, era muy pequeño y lo sufrí mucho porque estábamos muy unidos. Fue un amor enorme para mí», explicó en una entrevista con Infobae.

«Asistí a un psicólogo durante una etapa en Barcelona. Al principio era reticente, suelo guardar mis cosas para mí, pero la verdad es que me ayudó bastante», confesó.

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