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Información del artículo
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- Autor, Sara Fayyad
- Título del autor, Servicio Árabe de la BBC
- Autor, Ali Ramazanian
- Título del autor, Analista especializado en la economía de Irán
- Fecha de publicación 7 julio 2026
- Tiempo de lectura: 9 min
La liberación de los activos iraníes bloqueados representa uno de los temas más delicados y complejos en las relaciones entre Irán y los países occidentales.
Este aspecto es fundamental en el memorando de entendimiento firmado recientemente con Estados Unidos, cuyo propósito consiste en poner fin al conflicto entre ambas naciones.
Desde hace tiempo, Teherán busca obtener acceso a fondos localizados en el exterior, muchos de los cuales permanecen inaccesibles debido a sanciones y restricciones financieras.
Aunque la mayoría de estos activos no está en territorio estadounidense, Washington juega un rol esencial en decidir si su uso es posible.
Expertos indican que liberar al menos una porción de este capital daría un alivio crucial a una economía afectada por años de sanciones, aislamiento económico, elevada inflación y depreciación monetaria, además de los impactos de su reciente enfrentamiento con Estados Unidos e Israel.
No obstante, advierten que transformar cualquier acuerdo en desembolsos reales será un proceso lento y complicado, debido a las barreras legales, financieras y políticas existentes.
Entonces, ¿qué son concretamente estos fondos y con qué facilidad puede Irán acceder a ellos?
¿Qué bienes y activos están congelados?

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No existe una cifra oficial para el total de activos iraníes bloqueados; las estimaciones fluctúan entre aproximadamente US$27.000 millones y más de US$100.000 millones.
Estos fondos no están concentrados en una única cuenta de disponibilidad inmediata, sino que comprenden ingresos por petróleo, beneficios de exportaciones de gas, electricidad, reservas de divisas en bancos extranjeros y activos retenidos en litigios legales, algunos con décadas de duración.
Cuando Irán vende petróleo a nivel internacional, los pagos comúnmente se depositan en cuentas del país comprador, pero las sanciones han bloqueado en múltiples ocasiones que Teherán repatríe estos recursos.
La primera gran congelación ocurrió en 1979 tras la crisis con los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán. Aunque algunos activos fueron liberados luego de un acuerdo, ciertas reclamaciones y bienes relacionados con contratos militares previos a la Revolución Islámica siguen pendientes.
Una segunda ola más amplia empezó entre 2011 y 2012, cuando se intensificaron las sanciones por el programa nuclear iraní y se bloqueó el acceso a partes clave del sistema bancario global. Estas medidas se endurecieron aún más después de la retirada estadounidense en 2018 del acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA).
Con la ampliación de las restricciones, montos crecientes de ingresos quedaron retenidos fuera del país, ya sea congelados formalmente o sujetos a estrictas limitaciones en su uso.
Frédéric Schneider, economista del Middle East Council on Global Affairs en Doha, explica que existen “diversos tipos de congelamientos”, que incluyen fondos bloqueados formalmente, ingresos imposibles de repatriar y fondos inmovilizados en litigios jurídicos en curso.
¿Dónde se ubica el dinero?

La mayoría de los fondos restringidos iraníes está fuera de territorio estadounidense.
Un volumen considerable se encuentra en China, el mayor importador de petróleo de Irán, con montos estimados entre US$20.000 millones y US$50.000 millones. Otros suman importantes activos en Irak, vinculados a pagos por exportación de electricidad y gas, evaluados entre US$10.000 y US$15.000 millones.
Corea del Sur gestionaba cerca de US$6.000 millones en ingresos por ventas de petróleo iraní, que en 2023 fueron transferidos a cuentas en Qatar, según datos del Congreso estadounidense.
No obstante, Washington aclaró luego que Irán no podría acceder a estos recursos a corto plazo, lo que en la práctica dejó el dinero congelado en Doha.
Otros fondos permanecen en países como India, Japón y Luxemburgo.
Por contraste, lo retenido bajo jurisdicción estadounidense es relativamente menor, aproximadamente US$2.000 millones según el Congreso, y gran parte está vinculada a disputas legales y reclamos por indemnizaciones, complicando su liberación.
¿Qué rol juega Estados Unidos?

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Aunque el dinero está mayormente fuera de Estados Unidos, el control de Washington sobre estos activos se debe en buena medida a las denominadas sanciones secundarias.
Estas medidas no se dirigen únicamente a Irán, sino también a bancos, empresas y gobiernos extranjeros que mantengan lazos comerciales con el país.
Cualquier entidad que facilite la transferencia de fondos iraníes arriesga perder el acceso al sistema financiero estadounidense o ser objeto de sanciones.
Por lo tanto, los países donde están depositados estos recursos suelen mostrarse reticentes a liberarlos o transferirlos sin autorización directa de Estados Unidos.
¿Qué beneficios tendría Irán con un acuerdo?

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El memorando contempla dos formas principales de potencial alivio económico:
- Permisos que habilitarían a Irán para exportar petróleo y derivados, junto a servicios conexos como transporte marítimo, seguros y operaciones bancarias.
- Acceso a activos congelados o restringidos, otorgando al banco central iraní mayor control sobre el empleo de esos recursos.
Además, el documento apunta a un proyecto de reconstrucción económica valorado en al menos US$300.000 millones, destinado a revitalizar y desarrollar la economía iraní con socios regionales, dentro de un esquema cuyo mecanismo de ejecución deberá definirse en el acuerdo final.
Estados Unidos ha destacado que no entregará dinero directamente a Irán (una diferencia clara respecto al acuerdo nuclear de 2015 bajo la administración Obama, según la postura de Trump), y se enfocará en fomentar inversiones en infraestructura, energía, transporte y otros sectores.
¿Recibirá Irán esos recursos?
En la práctica, el acceso a estos fondos podría continuar siendo restringido, según Esfandyar Batmanghelidj, fundador del centro de estudios británico Bourse & Bazaar Foundation.
Estos acuerdos enfrentan «obstáculos muy complejos», señaló a la BBC, lo cual significa que Irán podría gastar fondos en un país específico, pero tendría dificultades para realizar transferencias internacionales.
Por su parte, Schneider señala un problema aún mayor: la incertidumbre sobre la duración de cualquier acuerdo.
Explica que algunas sanciones estadounidenses están incorporadas en leyes aprobadas por el Congreso, lo que impide a un presidente eliminarlas completamente de modo unilateral y solo permite otorgar exenciones temporales.
Esto genera dudas acerca del tiempo que podría perdurar cualquier alivio sancionador, añade Schneider.
Un patrón similar sucedió tras el acuerdo nuclear de 2015, cuando Irán recuperó acceso a una parte de sus fondos.
Sin embargo, muchos bancos continuaron actuando con precaución y, en 2018, Estados Unidos se retiró del acuerdo y volvió a imponer sanciones.
La semana pasada, medios estatales iraníes informaron que Estados Unidos había aceptado liberar US$12.000 millones en activos congelados, aunque Washington no ha confirmado esta información.
También persiste la incertidumbre sobre si parte de esos activos iraníes podrían ser usados por Estados Unidos para indemnizar a países del Golfo afectados por el conflicto.

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Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, escribió en X a principios de junio que estas pérdidas serían «pagadas con fondos extraídos de cuentas iraníes».
Sin embargo, Irán rechazó esta posibilidad. El viceministro de Asuntos Exteriores Kazem Gharibabadi afirmó que los activos iraníes «no son un botín de guerra para Washington, ni un fondo para compensar a sus aliados».
¿Qué implicaciones tendría para la economía iraní?
En 2024, la economía de Irán tenía un valor aproximado de US$475.000 millones, según datos del Banco Mundial.
Las autoridades del país estiman que las pérdidas económicas relacionadas con la guerra alcanzan los US$300.000 millones, y que la economía podría reducirse alrededor del 10% en este año.
La liberación, aunque sea parcial, de estos fondos podría ofrecer un alivio temporal.
Un representante de la Cámara de Comercio iraní declaró a la BBC que la escasez de divisas «ha provocado la paralización o retrasos prolongados en muchos pedidos, limitando las importaciones casi exclusivamente a alimentos y bienes esenciales».
Expertos señalan que la disponibilidad de miles de millones de dólares en moneda fuerte facilitaría estabilizar el rial, financiar importaciones — incluyendo productos básicos — y reducir la presión sobre los mercados financieros.
No obstante, advierten que esto no atacaría los problemas estructurales más profundos de la economía.
Kamran Nedri, profesor de Economía en la Universidad Imam Sadiq de Teherán, sostiene que «controlar la inflación y atender la crisis del costo de vida debería ser una prioridad previa a cualquier programa de reconstrucción».
Añade que inyectar recursos sin efectuar reformas podría disminuir sus efectos positivos.
Por su parte, Mehrdad Vahabi, académico de Economía en la Universidad París 13, señala que el desafío para Irán es más amplio: revertir «el fuerte descenso en inversión y obsolescencia industrial» ocurrido en las últimas dos décadas.
«Sin estabilidad económica, la inversión no es viable. Sin inversores reales, la economía iraní no se desarrollará y la expansión económica quedará estancada», afirma.
Reza Talebi, investigador en Relaciones Internacionales de la Universidad de Leipzig, comparte esta visión.
Según explica, Irán necesita rebajar las tensiones para brindar a los inversores confianza en la protección de su capital frente a riesgos políticos y de seguridad.
«El estado de limbo entre guerra y paz representa el mayor obstáculo para la entrada de capital en la economía», concluye.

