Las claves
Feijóo lamenta el impacto negativo para la reputación de España tras la retirada del pasaporte a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, en plena cumbre de la OTAN.
El presidente del PP denuncia un daño institucional y un «ambiente de corrupción» que, a su juicio, afecta de manera significativa a la sociedad, la economía y la imagen internacional del país.
Feijóo propone un «proyecto nacional» enfocado en restaurar la imagen de España, centrado en la estabilidad institucional, el europeísmo, la competitividad y la integridad pública.
Presenta cinco ejes económicos, que incluyen revisión fiscal, disminución de la burocracia, impulso a la FP dual y a la innovación tecnológica, junto con un compromiso firme con la industria electrointensiva.
Alberto Núñez Feijóo ha destacado este martes «el coste reputacional» que ha tenido el caso Begoña Gómez durante la misma cumbre de la OTAN como un reflejo de la deriva «insostenible» que atraviesa España.
El líder del PP advirtió, frente al Círculo de Empresarios Vascos, que «todos los primeros ministros aliados» ahora conocerán que la esposa de Pedro Sánchez «se vio impedida de viajar porque la Justicia le retiró el pasaporte».
Este hecho fue presentado por el dirigente popular como un indicio claro de un deterioro institucional que va más allá de la política doméstica.
Resaltó que España llega a la reunión anual transatlántica con un presidente reacio a cumplir los compromisos de gasto en Defensa y con un Gobierno «más centrado en su agenda judicial» que en la gestión de los servicios públicos, la seguridad y la credibilidad internacional del país.
Feijóo enmarcó este contexto dentro de un «ambiente de corrupción» que, según él, «provoca una situación de gran gravedad para la sociedad, las familias y las empresas«.
El presidente del PP reiteró que «quien realmente crea en un proyecto común de prosperidad no puede aceptar mantener un proyecto político como el actual».
Por ello, enfatizó que su propuesta se basa en «un proyecto nacional» que recupere la imagen de España en Europa y la OTAN, con un Ejecutivo dedicado a la «reconstrucción económica, social y ética» del país, dado que «la decencia debe estar por encima de la ideología».
«Tiempo perdido»
Tras esta advertencia sobre la percepción exterior, Feijóo detalló ante el empresariado vasco «un proyecto nacional» como alternativa al «tiempo irrecuperable perdido por un Gobierno cuya corrupción ha penetrado hasta el núcleo del Estado«.
Defendió que ninguna empresa, «ni siquiera una comunidad de vecinos», podría sostener «un estilo de gobernanza como el que tiene España actualmente», y solicitó reorientar el debate público hacia temas como la vivienda, el control de fronteras, la sanidad pública y la economía.
Feijóo reivindicó la necesidad de construir «amplias mayorías políticas» basadas en los valores que, en su opinión, permitieron el progreso en España.
Entre esos valores mencionó el respeto a la ley, el europeísmo, la estabilidad institucional y «una economía abierta» que no dependa «de la próxima concesión a los socios nacionalistas«, sino que se enfoque en la competitividad y la inversión.
En este contexto exigente —él mismo admitió que no estaba allí «con ingenuidad» para pedir votos—, Feijóo prometió presentar en las próximas elecciones una estrategia de competitividad industrial centrada en empleos de calidad.
Asimismo, adelantó un «ambicioso paquete de beneficios fiscales para la innovación«, además de defender que «España requiere recuperar una política económica orientada a la competitividad, con una política fiscal que promueva la inversión, la investigación y el desarrollo tecnológico».
Territorios fértiles
El discurso en Bilbao se produjo apenas un mes después de su intervención en el Cercle d’Economia en Barcelona y justo tras el congreso del PP catalán.
Primero en Cataluña y ahora en el País Vasco, Feijóo intenta consolidar dos territorios donde el PP sigue siendo una fuerza minoritaria y donde, según su opinión, los partidos nacionalistas de derecha sostienen «las políticas de izquierda radical y la corrupción» del Gobierno de Sánchez.
Recientemente ha trasladado esa misma estrategia al electorado vasco, con un mensaje dirigido específicamente al mundo empresarial.
Su propósito declarado es exponer al PNV, como antes a Junts, a la «paradoja pública» de respaldar a un Ejecutivo que, a su parecer, legisla «en contra de los intereses» de quienes dependen de la seguridad jurídica, la estabilidad fiscal y la competitividad industrial.
Feijóo ha solicitado al sector empresarial que confronte esta contradicción.
Por un lado, mantenerse apoyando un «proyecto nacionalista» alineado con el Gobierno central que promueve medidas que consideran perjudiciales para la inversión.
Por otro, apostar por el «proyecto nacional» que él propone, «que aproveche todas las capacidades» del país y sus territorios, defendiendo el Estado de las autonomías, los estatutos y las foralidades del País Vasco y Navarra.
Cinco ejes
En la sección más económica de su discurso, el líder popular detalló los cinco pilares de su estrategia industrial.
Anunció «una revisión de las recientes subidas de impuestos»; mayor seguridad jurídica y menos burocracia, «eliminando las barreras que fragmentan el mercado»; una política energética basada en la tecnología y no en la ideología», incluida la propuesta de revertir el apagón nuclear; además de un compromiso claro con la industria electrointensiva.
Feijóo añadió un apartado enfocado en los recursos humanos, apostando por el talento, la reducción del absentismo y la potenciación de la FP dual.
Propuso también la creación de nuevos grados y másteres en áreas como la inteligencia artificial, la robótica y la biotecnología, con el objetivo de que este esfuerzo educativo acompañe la reorientación industrial que propone para España.
El cierre de su intervención volvió a destacar la idea de que la corrupción condiciona de forma total la acción del Gobierno.
Feijóo afirmó que «la fortaleza del Gobierno es la fortaleza del país» y que, cuando el Ejecutivo está «inmerso en la corrupción», su agenda deja de estar guiada por el interés general y se convierte en «una agenda judicial» destinada a preservar su propia supervivencia política.
Según el líder del PP, esta dinámica de supervivencia afecta negativamente a la gestión y aleja al Estado de las prioridades reales de los ciudadanos y las empresas.
Advirtió que, a mayor influencia de la corrupción en la política, «peor es la gestión» de los servicios públicos y la economía, porque el tiempo y los recursos del Gobierno «no se destinan a las reformas necesarias», sino a prolongar un ciclo político carente de justificación ideológica.

