Manuel Heredia, trabajador de almacén con sueldo de 1.200 euros, elige vivir en la calle para poder cubrir sus necesidades básicas

El aumento del alquiler y la escasez de viviendas asequibles han generado una realidad cada vez más evidente: personas empleadas que están sin hogar

Personas sin hogar (Revista Haz)

En España, contar con empleo ya no implica asegurar una vivienda. El encarecimiento del alquiler y la falta de opciones habitacionales accesibles provocan una situación cada vez más palpable: trabajadores que permanecen viviendo en la calle. Este es el caso de Manuel Heredia, un mozo de almacén que realiza una jornada de ocho horas diarias, recibe un salario de 1.200 euros mensuales y, sin embargo, sigue durmiendo en la calle.

A diario acude puntualmente a su trabajo y, una vez finalizada la jornada, busca un sitio para pasar las horas hasta el siguiente día. Aunque tiene ingresos, no logra reunir el dinero suficiente para afrontar el precio de un alquiler en Cataluña. “Prefiero vivir en la calle y tener comida que estar en un cuarto sin poder alimentarme”, comentó en una entrevista para Diari Ara.

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Según el informe FOESSA de Cáritas, se calcula que 1,4 millones de trabajadores en Cataluña se encuentran en situación de pobreza y carecen de oportunidades para la movilidad social, lo que los mantiene “atrapados” en condiciones de exclusión.

De perder el empleo a vivir en la calle

Heredia se encontró de repente sin hogar debido a un “conjunto de circunstancias”: quedó desempleado y la pareja con la que residía lo expulsó del piso, no contando con recursos para costear un alquiler. “El primer día fue muy duro y consumí alcohol, una mala decisión que no he vuelto a repetir”, relata.

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Para pasar las noches, Manuel reúne cartones y todo lo que tiene a su alcance y se dirige a una biblioteca donde puede dormir. Allí recibe la visita dos veces por semana de un grupo de voluntarios de la Cruz Roja, quienes le brindan atención y servicios básicos.

Fue justamente un voluntario de la organización, Emilio, quien facilitó que Heredia comenzara su trabajo actual como mozo de almacén el pasado 12 de enero. Él reconoce que ha tenido “suerte” para volver a integrarse al mercado laboral, tomando en cuenta sus 59 años y la situación de sinhogarismo en la que se encuentra.

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Desde entonces, su rutina diaria es similar a la de cualquier trabajador. Se levanta a las 05:00, se prepara y toma el tren para empezar a laborar a las 6:20. Durante el día cumple con sus tareas y, al finalizar, se ducha y se alista para repetir el ciclo al día siguiente.

Actualmente, su objetivo principal es “guardar la mayor cantidad posible mientras sigue viviendo en la calle, con la intención de acceder a una vivienda antes de que termine el año”.

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Vecinos de Madrid durante una manifestación en defensa del derecho al acceso a la vivienda, a 24 de mayo de 2026(Ricardo Rubio / Europa Press)

En constante vigilancia para descansar en la calle

Las organizaciones sociales advierten que permanecer diariamente en la calle reduce la esperanza de vida y empeora tanto la salud física como mental de las personas en pobreza. Heredia asegura que ha aprendido a dormir en estado de alerta, por temor a ser robado o agredido mientras descansa. Por esta razón, todo el dinero que obtiene en su empleo se lo guarda su hermana, al tiempo que deja en la taquilla del trabajo la ropa que usa durante sus jornadas.

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