No menciona en absoluto ni el supuesto amaño de adjudicaciones ni el cobro de mordidas, limitándose únicamente a sugerir que la UCO estaría detrás del «ataque» en su contra.

Santos Cerdán ha publicado un libro en el que se presenta como víctima de una «persecución política», sin ofrecer aclaraciones sobre la presunta red de cobro de mordidas vinculada al amaño de contratos públicos por la cual está imputado. La obra, titulada La caída, intenta justificar que su situación judicial deriva de haber sido el «arquitecto» de los pactos con el PNV -para la moción de censura de 2018- y con Bildu y, especialmente, Junts en 2023 para que Pedro Sánchez fuera investido presidente.
«En política, cuando empiezas a resultar incómodo, pierdes utilidad. Te transformas en un problema. Y los problemas no se manejan, se erradican», se lamenta el exsecretario de Organización del PSOE en una acusación implícita que no detalla con más pruebas. En secciones posteriores de las 156 páginas, sí sugiere que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil está detrás del «ataque» que dice experimentar a causa de las «filtraciones» que se difundieron durante meses antes de que se publicara el informe que lo señala como líder de una «organización criminal».
En su obra, autoeditada y comercializada vía Amazon, Cerdán sostiene que «el ámbito penal se emplea y puede transformarse en un instrumento para desgastar políticamente». Cita, a modo de ejemplo, «lo ocurrido» en Brasil con Lula da Silva, quien fue absuelto de una condena por corrupción, y en Portugal con António Costa, «que dimitió por una causa que resultó ser un error de identidad, pero la fuerza de las acusaciones iniciales le venció», como recalca.
En el caso español pone como ejemplo a Podemos, donde «se descubrió que la Policía investigó ilegalmente al menos a 55 diputados durante el Gobierno de Mariano Rajoy«, y que «los imputaron en el caso Neurona por financiación irregular, asunto que fue cerrado al no hallarse pruebas de desvío de fondos». La propia formación de Pablo Iglesias, añade, «denunció aquello como persecución política y el tiempo les dio la razón».
«Mientras tanto, el resto de partidos miraba hacia otro lado, reflejo de la fragilidad democrática actual. Porque cuando el sistema se activa, los hechos pierden relevancia. Y si los hechos dejan de importar, lo que se disputa no es la verdad, sino quién impone la versión dominante de la realidad», argumenta el dirigente, en libertad provisional, subrayando que su situación no es «una excepción», ya que existen todos los «precedentes» mencionados.

Acerca de las «filtraciones» de la UCO, que afirma fueron dadas a conocer por una periodista de Artículo 14 en un debate televisivo, se cuestiona cuándo comenzaron, ya que sostiene que casi un año antes de que se publicara el informe empezaron a surgir noticias sobre él con un contenido similar. Añade: «Nadie espera que el ataque se organice desde dentro del propio sistema, quizás porque subestimamos la rapidez con que una sospecha puede convertirse en condena pública o porque alguien, en algún momento, decidió mirar hacia otro lado. No puedo decir más, pero la duda persiste en mi mente».
También describe el instante en que recibió el informe mencionado en su móvil mientras estaba sentado en su escaño del Congreso durante el Pleno de junio del año pasado. «Lo que leo carece de sentido, interpretaciones sin base, afirmaciones que no reconozco y, sobre todo, unos audios que no son conversaciones mías«, detalla, enfatizando su línea de defensa de inocencia. «Sigo leyendo y cuanto más leo, más claro lo veo. No solo es lo que se dice, sino lo que se va a desencadenar. Las acusaciones son graves. El impacto será inmediato, no hay margen», añade.
Relata que no fue Sánchez quien le exigió dimitir de su acta de diputado y como secretario de Organización en el encuentro que mantuvieron en La Moncloa esa tarde tras haberle llamado para pedirle explicaciones: «Quiero dejarlo claro, a mí nadie me solicitó la renuncia. Fue una decisión propia, convencido de que era la única manera de defenderme».
«Me encontré solo»
Desde ese momento, continúa, «la caída no fue solo institucional», sino también «personal, emocional y vital», y, para colmo, la póliza de responsabilidad civil rechazó cubrir su defensa, algo que aún no comprende. Además, comenta que el abogado del PSOE –del cual se había dado de baja como militante voluntariamente– lo llamó «de repente» para comunicarle que dejaba de representarlo. «En el momento más delicado de mi vida y en cuestión de horas quedé sin respaldo legal, sin apoyo político, sin recursos. Abandonado y golpeado. Me encontré solo», lamenta.
No obstante, en el prólogo de su libro, Cerdán asegura que no pretende realizar «una revancha contra nadie», sino ofrecer «una reflexión sobre la fragilidad del poder» y «la rapidez con que se construyen y destruyen reputaciones» desde «la soledad que acompaña a quien cae». En los últimos 10 capítulos, que parecen un manual de gestión de crisis, insta a instituciones y organizaciones a aprender a protegerse «en un entorno cada vez más hostil».

Además, relata su experiencia en el Módulo 13 de la prisión de Soto del Real, Madrid, donde estuvo casi cinco meses. Entre otras cosas, denuncia que un preso le comentó que «había oído que ofrecían hasta 50.000 euros» por una foto suya, y que diez días después aparecieron varias imágenes en Ok Diario de su estancia en el centro penitenciario. También se queja de las condiciones de su reclusión y de detalles como que le permitieran hacer 25 llamadas semanales, pero a 2,20 euros cada una, lo cual «a fin de mes supone bastante», protesta.
Acuerdos con los socios
A lo largo de La Caída, quien fuera hombre de confianza total del presidente –que lo apoyó hasta el día en que se reveló el informe de la UCO– rememora su participación «comprometida» en las primarias donde el líder socialista retomó el control de Ferraz. También relata que cumplió la «misión» de asegurar los cinco votos del PNV para la moción de censura de 2018 y que consiguió el Gobierno de Navarra para María Chivite en 2019 con el respaldo de Bildu, aunque conseguir el «visto bueno» de su jefe implicó «conversaciones incómodas» y «nada fáciles».
Asimismo, aclara que Sánchez le «encomendó» abrir negociaciones con Junts «bastante antes de las elecciones generales de 2023» porque, según cita textualmente, existía la posibilidad de que después los necesitaran «para gobernar y asegurar la investidura». La firma de ese pacto en Bruselas en noviembre de aquel año con Jordi Turull, secretario general del partido de Carles Puigdemont, marca para él un antes y un después en su vida.
«Pasé de trabajar principalmente en la sombra, siendo un rostro poco conocido, a convertirme en protagonista de una negociación cuyo objetivo era lograr la legislatura más difícil de la democracia española», y «eso cambió todo», sostiene. Para reforzar su teoría sobre la «persecución política», añade: «Ese acuerdo simbolizó un cambio de etapa, pues abrió la puerta a la Ley de Amnistía con todas sus implicaciones. Y todo se puso en marcha a partir de ese momento».

