Un informe alerta sobre el impacto del aumento de temperaturas en la salud mental, el embarazo y grupos vulnerables

El comienzo del verano estuvo marcado por la primera ola de calor del año en España, un fenómeno que se extendió durante cinco días consecutivos, mientras que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) advierte sobre un nuevo aumento de las temperaturas esta semana que podría desencadenar una segunda ola. Al mismo tiempo, el último episodio de calor extremo en Europa ha registrado marcas históricas en más de una decena de naciones y está vinculado a más de 1.300 muertes en diferentes regiones del continente.
Frente a este escenario, este martes se presentó una nueva edición del Observatorio de Salud y Medio Ambiente realizado por DKV e ISGlobal, que señala que el calor extremo ha dejado de ser una anomalía estacional para transformarse en un factor de riesgo constante para la salud pública. El informe destaca, además, su carácter transversal, ya que sus consecuencias no solo afectan la salud de la población, sino también impactan el sistema sanitario, el bienestar infantil, la productividad laboral y la resistencia de infraestructuras críticas.
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El análisis cuantifica el efecto del calor: por cada grado que aumenta la temperatura ambiental, la morbilidad relacionada crece un 18% y la mortalidad un 35%, mientras que en mayores de 65 años el impacto sobre la morbilidad puede alcanzar hasta el 25%. En el ámbito cardiovascular, el estudio añade que cada grado adicional se relaciona con un aumento del 2,1% en la mortalidad, cifra que durante olas de calor extremas puede llegar hasta el 17%.
Cómo enfrentan la ola de calor quienes trabajan bajo el sol
Por otro lado, la doctora Elizabeth Diago, del ISGlobal, advirtió durante la presentación de que las perspectivas a largo plazo son particularmente preocupantes: “Para 2050, la mortalidad podría incrementarse casi cuatro veces y, para 2080, superar las seis veces”.
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La ansiedad crece un 43%
Más allá de los impactos inmediatos, como el golpe de calor, el informe advierte sobre un daño significativo en la salud mental, el embarazo y la aparición o agravamiento de diversas enfermedades. En concreto, los episodios de calor extremo se relacionan con un aumento del 43% en casos de ansiedad y del 26% en los de depresión, mientras que durante el embarazo se asocian a un mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer e incluso muerte fetal.
Aunque las olas de calor afectan a toda la población, el estudio identifica grupos especialmente vulnerables por factores físicos y socioeconómicos. Entre ellos resaltan las personas mayores, donde la ola de calor de 2003 elevó la mortalidad en más de un 30% en mayores de 85 años, así como las mujeres, que en 2022 registraron un 56% más de muertes vinculadas al calor que los hombres.
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También se señalan mayores riesgos en personas con discapacidad, trabajadores al aire libre y niños, en quienes se ha observado un incremento de hasta el 25,4% en visitas a urgencias pediátricas por fiebre durante episodios de alerta por elevadas temperaturas.

“Preparar” a los pacientes frente a las olas de calor
Durante la presentación del informe se realizó la mesa redonda “El impacto climático en la atención médica y el sistema asegurador”, donde diversos expertos analizaron los efectos de las altas temperaturas sobre la salud y las estrategias de respuesta, según informó Europa Press.
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El jefe del Departamento de Cardiología de Quirónsalud, Roberto Martín, destacó la importancia de anticiparse a las olas de calor en pacientes con enfermedades cardiovasculares mediante el ajuste de la medicación y un seguimiento clínico más riguroso. Según explicó, estos pacientes frecuentemente se descompensan durante episodios de calor intenso, por lo que es esencial adaptar el tratamiento con anticipación.

El especialista también alertó sobre el impacto de las altas temperaturas nocturnas, especialmente cuando no bajan de los 25 grados, ya que este factor incrementa la tensión arterial y la probabilidad de eventos cardiovasculares. Por ello, recomendó a las personas mayores evitar la exposición al calor en los días más intensos y optar por actividad física ligera dentro del hogar.
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Por su parte, Víctor Segura, de la Unidad de Emergencias de Cruz Roja Española, indicó que, a pesar de que en los últimos años ha crecido la conciencia social sobre el peligro del calor, el nivel de preparación sigue siendo insuficiente. Según su criterio, la sociedad todavía percibe las altas temperaturas más como una incomodidad que como una amenaza real para la salud, lo que limita la prevención y la respuesta ante estos episodios.

