El PSOE enfrenta incertidumbres en la gestión de casos de corrupción: «Quien no se gobierna internamente, difícilmente puede gobernar a otros»

Frente a la unidad oficial, en el PSOE existen dudas sobre la manera de manejar la corrupción

De izda. a dcha., Rebeca Torró Soler (secretaria de organización), el presidente Pedro Sánchez y María J. Montero (vicesecretaria general)

Al principio, parece que son solo unas gotas. Poco a poco empiezan a notarse más. Tras unos minutos, la lluvia se intensifica. Entonces surge la duda sobre qué hacer: seguir adelante, buscar refugio, regresar o adquirir un paraguas… Mientras en el Gobierno aseguran que, a pesar de la lluvia representada por las investigaciones judiciales, continuarán su camino sin detenerse hasta 2027, varios en el partido no tienen tan claro si es viable permanecer empapados o fingir que no sucede nada. No descartan que tal vez sea necesario un paraguas.

Más allá de la unidad que Ferraz y La Moncloa desean proyectar en torno a Pedro Sánchez y su plan, el goteo constante de casos de corrupción que rodean a los socialistas genera incertidumbre dentro del partido acerca del enfoque para gestionar los casos y la postura a adoptar. «Esta semana ha resultado favorable. Frente al ruido, los ciudadanos necesitaban oír lo que el presidente tenía que decir», indican fuentes gubernamentales. «No logramos salir del debate sobre las responsabilidades políticas de Sánchez», señala un dirigente socialista. «No dirigimos la agenda», se lamenta otro.

La semana pasada Sánchez acudió tanto al Congreso como a Ferraz para ofrecer explicaciones respecto a la presunta corrupción que rodea al partido. Con la decisión firme de no aceptar más responsabilidades políticas, pese a la condena de 24 años de prisión a José Luis Ábalos, exministro y exmano derecha de Sánchez, la estrategia en La Moncloa es atacar al PP, partiendo de la premisa de que, al desatarse las investigaciones por corrupción, los populares tienen más que perder. Sin embargo, la táctica del «y tú más» ya no convence ni a sus socios, con quienes la tensión y el distanciamiento son evidentes por la falta de explicaciones y la proximidad electoral. Tampoco convence a todos dentro del PSOE. A pesar de la imagen de cohesión mostrada ante el ciclo electoral en el Comité Federal del sábado —a lo que contribuye la designación de afines al frente de las federaciones—, el partido está lleno de dudas, cuestionamientos, incredulidad y sorpresas…

«El Gobierno está centrado en el relato y el mensaje, pero ha descuidado la gestión», opina un veterano dirigente que conoce bien el aparato. Esta opinión se refiere a que los frentes abiertos para los socialistas generan un escenario en que reaccionan más que actúan de forma proactiva. Esta visión no es compartida desde las instancias oficiales. Ellos destacan que en esta legislatura se han publicado 66 leyes en el BOE y que hay más de 40 en trámite. «Seguimos trabajando en el Gobierno y en el Parlamento. Este es un Gobierno que gobierna, que saca adelante los asuntos y que actúa contra la corrupción».

No obstante, la sentencia en el caso Mascarillas y las novedades en el caso de José Luis Rodríguez Zapatero y el llamado caso cloacas del PSOE generan preocupación para muchos, debido a la cascada de investigaciones y a que involucran a personas muy cercanas a Sánchez, algunas de las cuales él mismo designó. «La situación se ha complicado», reconoce un diputado. «Quien no puede gobernarse a sí mismo, difícilmente podrá gobernar a los demás», concluye un cargo importante, con responsabilidades, sanchista y muy próximo al presidente y secretario general socialista. Esta reflexión hace referencia a que la presunta corrupción se ha desarrollado dentro del Gobierno y el partido, y que Ábalos y Cerdán fueron nombrados por Sánchez, a quienes otorgó todo el poder. Ni en el Congreso ni en Ferraz el líder socialista ofreció nuevas explicaciones ni prometió medidas adicionales. Tampoco insinuó asumir responsabilidades políticas. Consideran que ya se cumplió con apartarlos del PSOE.

Las recientes decisiones del juez Juan Carlos Peinado, como retirar el pasaporte a Begoña Gómez, así como la divulgación sin filtro de la agenda de Zapatero, han reforzado la narrativa de «persecución» o «cacería» en las altas esferas socialistas. Esta visión en casos como el de Begoña Gómez o David Sánchez es compartida por la mayoría dentro del partido, pero hay más reservas al definir una conspiración general en la que jueces buscan derribar al Gobierno. «La idea de que nos atacan con casos como el de Ábalos, Zapatero o Leire Díez tiene cada vez menos aceptación», comenta un cargo territorial. Otra dirigente añade: «Desde La Moncloa no cambiarán la narrativa de conspiración afirmando que solo fueron tres o cuatro actuando por su cuenta». Un tercer alto cargo apunta: «La situación se ha complicado. No pinta bien. Ahora Sánchez ha usado la carta de los Presupuestos y la posibilidad de adelanto electoral… seguramente porque eso es lo que quiere el PNV. Pero el reloj no juega a nuestro favor», refiriéndose a las decisiones y acciones judiciales que se avecinan.

Desde el equipo de Sánchez, sin embargo, aseguran tener «la piel dura» para «soportar todo esto» y sostienen que el presidente «está bien» y «tranquilo». Además, indican que el decreto de medidas contra la crisis derivada de la guerra en Oriente Próximo, que hoy aprueba el Consejo de Ministros, es una muestra de que siguen centrados en lo esencial: gobernar.

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