La iniciativa busca reducir el uso de materiales considerados superfluos y promover la reutilización y el reciclaje

La regulación europea sobre envases implementará nuevamente modificaciones en la venta de productos de consumo habitual. Tras la introducción de los tapones adheridos a las botellas plásticas, la atención ahora se centra en los embalajes que agrupan varias botellas de agua mineral. A partir del próximo 12 de agosto, entrarán en vigor nuevas directrices que pretenden reducir los envases innecesarios y potenciar un modelo económico más circular, aunque el sector industrial ya ha mostrado inquietudes respecto a las repercusiones prácticas de estas normativas.
Este cambio se establece en el reglamento europeo sobre envases y residuos de envases, una normativa que busca reducir el uso de materiales catalogados como superfluos y incrementar la reutilización y el reciclaje. Entre las innovaciones se incluye un control más estricto sobre los empaques tradicionales de seis botellas unidos por un asa de plástico o cartón, un método común en varios países europeos para facilitar el transporte de agua mineral.
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La intención de Bruselas es disminuir la cantidad de desechos relacionados con este tipo de embalajes, fomentando formatos que ocasionen un menor impacto ambiental. Esta medida forma parte de una estrategia más amplia para avanzar hacia una economía circular, en la que los envases puedan tener una segunda utilidad y se limite el consumo de materiales de un solo uso.
El sector del agua mineral rechaza la medida
Por su parte, el sector del agua mineral ha recibido la iniciativa con reservas y sostiene que los packs múltiples no solo cumplen una función comercial, sino que también facilitan el transporte de varias botellas de gran tamaño y brindan mayor protección durante la distribución. Asimismo, temen que la supresión o restricción de estos formatos complique la logística tanto para fabricantes como para consumidores.
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La patronal italiana Mineracqua ha señalado que lleva meses transmitiendo estas preocupaciones a las instituciones comunitarias. Según indican, en las reuniones con representantes europeos recibieron la promesa de que algunos aspectos de la regulación podrían ajustarse, aunque lamentan que, a pocas semanas de su entrada en vigor, aún no exista un texto definitivo que ofrezca certeza jurídica al sector.
Las botellas de plástico volverán a modificarse en 2025: después del tapón adherido, llegará otra novedad.
Las empresas insisten en que los cambios regulatorios requieren plazos adecuados para adaptar las líneas de producción, sistemas de distribución y contratos con proveedores. A su juicio, introducir modificaciones con poco margen complica la planificación industrial y genera incertidumbre en una cadena de suministro que necesita conocer de antemano las obligaciones finales.
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Nuevas modificaciones previstas para 2029
Más allá de los aspectos técnicos, la nueva regulación representa un cambio en el enfoque legislativo. Mientras que la directiva europea previa otorgaba mayor margen a los Estados miembros para cumplir objetivos ambientales con sus propios mecanismos, el nuevo reglamento establece normas de aplicación directa y criterios homogéneos para todos los países de la Unión Europea.
Las novedades no concluyen este verano. El reglamento también establece que, desde el 1 de enero de 2029, los países que no alcancen una tasa de recogida del 90% de las botellas plásticas deberán implementar un sistema de depósito y devolución. Con este mecanismo, el consumidor pagará un importe adicional al comprar la bebida y recuperará esa suma al devolver el envase vacío en los puntos habilitados.
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Aunque el sector no se opone completamente a este sistema, considera que su aplicación debería ser más flexible. Las empresas recuerdan que algunos países ya cuentan con niveles elevados de reciclaje y estiman que deben considerarse otros métodos para lograr los objetivos ambientales, como el reciclaje químico, la reducción del peso de las botellas o la valorización energética de ciertos residuos.
Además, la industria ha sostenido que, durante los últimos 15 años, ha alcanzado avances significativos en sostenibilidad. A pesar del aumento del consumo, aseguran haber mantenido casi estable la cantidad de plástico utilizado, gracias al desarrollo de envases más ligeros y eficientes. También destacan que el sector constituye una actividad económica importante, tanto por su capacidad exportadora como por el empleo y la inversión generados, adaptándose continuamente a exigencias medioambientales cada vez más rigurosas.
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