El experto indica que esta recomendación se basa en una “expectativa irreal” y que resulta “antinatural”

Cuando los pensamientos negativos reaparecen constantemente, salir de ese ciclo puede volverse una tarea ardua. En esos instantes, muchas personas buscan soluciones rápidas para dejar de sentirse mal y recuperar el control de la situación.
Una de las recomendaciones más comunes es intentar apartar esas ideas incómodas, evitar que afloren o sustituirlas por pensamientos más positivos. La intención suele ser positiva: disminuir el sufrimiento y recobrar la calma. Sin embargo, llevar a cabo este consejo no siempre es sencillo en la práctica.
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La experiencia diaria muestra que las emociones desagradables forman parte inherente de la vida y que, aunque se intente ignorarlas, tienden a reaparecer. Ansiedad, tristeza, enfado o frustración surgen ante ciertas circunstancias y, en ocasiones, persisten durante varios días o semanas. ¿Es realmente factible controlar la mente para impedir que estos estados emergen?
El psicólogo Juan Rescalvo explica que no. De hecho, argumenta que es uno de los peores consejos que puede recibir alguien en un momento complicado. “Estás atravesando un mal momento. Experimentas ansiedad, tristeza, en el trabajo las cosas no van bien y el mejor consejo que recibes es que controles tu mente. Déjame decirte por qué este es realmente el peor consejo que te han dado”, afirma.
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¿Por qué es una mala recomendación?
Según el especialista, la razón principal es que se basa en una expectativa irreal. “Cada día tienes miles de pensamientos y me pregunto: ¿cómo puedes controlarlos todos? Como psicólogo, yo no sé hacerlo”. Intentar supervisar y dirigir todos los pensamientos que surgen en la mente genera una exigencia imposible de cumplir y puede incrementar aún más la sensación de fracaso.
Rescalvo también pone en duda la idea de que las emociones deban apagarse o eliminarse. “Controlar tu mente es algo antinatural. La naturaleza nos ha dotado de estas emociones y llega alguien a decirte: ‘Debes apagarlas, porque quien te las puso se equivocó’”, explica. Para él, la tristeza, la ansiedad o el enfado tienen un propósito y son parte fundamental del funcionamiento normal de las personas.
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Además, señala una paradoja común entre quienes defienden esa postura. “Lo curioso es que si le dices a esa persona que no puedes controlar las emociones, esa misma persona se frustra porque no le haces caso. Así que parece que quien da ese consejo tampoco sabe controlar sus propias emociones”.
Cómo manejar las emociones desagradables
En contraposición a la idea de control absoluto, el especialista propone un enfoque compuesto por siete pasos. El primero consiste en permitirse sentir el malestar. “Cuando te sientas mal, date un espacio para estar así. A veces eso implica quejarse, mostrarse negativo y tener poca claridad mental”. Luego, aconseja buscar apoyo en alguien de confianza: “Si puedes, desahógate con alguien de tu entorno con quien no sientas juicio ni presión”.
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Algunas conductas que manifestamos pueden reflejar lo que somos según los psicólogos
El tercer paso se basa en identificar el origen de lo que se siente: “tristeza cuando pierdes algo valioso, ansiedad ante amenazas, alegría cuando obtienes lo que deseas, enfado cuando tus derechos o necesidades son vulnerados…”. Identificada la causa, es momento de reorganizar los pensamientos.
En este punto, Rescalvo introduce una aclaración esencial: “No puedes controlar tu mente, pero sí construir pensamientos más saludables y efectivos, siempre que sean realistas”. Para esto, aconseja revisar las afirmaciones extremas que suelen emerger durante los peores momentos. “Todo lo que expresaste con palabras como ‘siempre’, ‘nada’, ‘todo’ o ‘nunca’ es sospechoso. Anota esas ideas en un papel”.
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Finalmente, sugiere reemplazarlas por interpretaciones más acordes a la realidad. “Todo me sale mal” puede transformarse en “cometí un error”, mientras “todos me atacan” podría reformularse como “mi primo y mi amiga dijeron algo que me lastimó”. Para el psicólogo, el propósito no es controlar la mente, sino aprender a relacionarse con ella de un modo más flexible y realista.

