Reconocida por la UNESCO y considerada uno de los mejores museos geológicos al aire libre de Europa, esta ruta permite descubrir acantilados que esconden algunas de las claves sobre la desaparición de los dinosaurios
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Existen sitios que logran transportar a los visitantes a épocas pasadas sin necesidad de cruzar fronteras o entrar en museos. Algunos lo hacen a través de su riqueza histórica y otros gracias a paisajes que parecen inmóviles en el tiempo. En la costa guipuzcoana se encuentra un sendero que ofrece algo aún más singular: caminar sobre relatos tallados en piedra que narran sucesos de hace millones de años.
Se trata de la Ruta del Flysch, un trayecto que une las localidades de Zumaia y Deba recorriendo aproximadamente 14 kilómetros. La caminata dura cerca de cuatro horas y presenta una dificultad moderada, con un desnivel total que supera los 600 metros. El sendero atraviesa una de las zonas más destacadas del Geoparque de la Costa Vasca, reconocido por la UNESCO como Geoparque Mundial desde 2015.
60 millones de años bajo tus pies
El principal atractivo de esta ruta reside en los espectaculares estratos rocosos a la orilla del mar Cantábrico. Estas formaciones, conocidas como flysch, son el producto de millones de años de acumulación sedimentaria y la acción constante de la erosión marina. Gracias a ellas, los investigadores pueden analizar algunos de los cambios más significativos en la historia geológica reciente del planeta.
Entre los puntos más destacados sobresale la llamada «Capa Negra», visible cerca de la playa de Lapari. Los estudios geológicos realizados en este lugar han identificado en este estrato restos vinculados al meteorito que impactó en la península de Yucatán, relacionado con la extinción masiva que eliminó a los dinosaurios hace aproximadamente 66 millones de años. Esta característica ha convertido al sitio en un referente internacional para científicos y aficionados a la geología.
Acantilados, miradores y paisajes únicos en la costa vasca
La Ruta del Flysch destaca no solo por su valor geológico, sino también por atravesar algunos de los paisajes más llamativos de la costa guipuzcoana. El recorrido pasa desde la ermita de Santa Katalina, situada sobre un balcón natural con vistas al mar, hasta las grandes cavidades esculpidas por el Cantábrico en el Cabo de Aitzuri. El camino finaliza con panorámicas excepcionales desde el mirador de Mendatagaina, uno de los mejores puntos para admirar la sucesión de acantilados que caracteriza esta zona del litoral vasco.
Esta ruta también brinda la oportunidad de explorar la gastronomía del litoral vasco. En Zumaia es común hacer una pausa para degustar pintxos de txangurro, gambas o bonito del norte en los bares del centro histórico, mientras que en Deba, los restaurantes situados junto al puerto destacan por sus pescados frescos y mariscos del Cantábrico. Quienes extiendan la visita hasta Mutriku encontrarán una tradición marinera profundamente arraigada y locales donde saborear merluza, chipirones o rodaballo preparados al estilo vasco.
tablas de mareas, ya que muchas de las formaciones geológicas solo pueden apreciarse plenamente durante la bajamar. Con más de 60 millones de años de historia escritos en la roca, esta ruta de senderismo permite descubrir uno de los mayores tesoros naturales de España mientras se contempla un paisaje que continúa moldeándose día tras día bajo la fuerza del mar.
Existen sitios que logran transportar a los visitantes a épocas pasadas sin necesidad de cruzar fronteras o entrar en museos. Algunos lo hacen a través de su riqueza histórica y otros gracias a paisajes que parecen inmóviles en el tiempo. En la costa guipuzcoana se encuentra un sendero que ofrece algo aún más singular: caminar sobre relatos tallados en piedra que narran sucesos de hace millones de años.

