El empresario italiano y líder del equipo Alpine sostiene que las inversiones generan riqueza: «Jamás he visto a un pobre crear empleos».
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Flavio Briatore es una de las figuras más influyentes, carismáticas y controvertidas en la Fórmula 1 actual. Al frente de Renault, fue el encargado del proyecto que permitió a Fernando Alonso obtener los campeonatos mundiales de 2005 y 2006.
Protagonista habitual dentro del paddock, el empresario italiano regresó en 2024 como líder principal del proyecto Alpine en la Fórmula 1. No obstante, su actividad se extiende mucho más allá del mundo del automovilismo, apoyada en una amplia red de negocios repartidos por diversos sectores.
Antes de consolidarse como una figura esencial de la F1, Briatore forjó su carrera empresarial fuera de los circuitos. Comenzó en el sector de la hostelería, luego dio el salto al sector textil asociado a Benetton y, tras lograr una importante fortuna, arribó a la Fórmula 1 a finales de los años ochenta.
Su carrera deportiva está protagonizada por los títulos logrados con Michael Schumacher en Benetton y con Alonso en Renault, aunque su verdadera prioridad, según sus propias palabras, es la generación de riqueza a través de empresas e inversiones. «La gente no comprende que son las empresas y las inversiones las que crean la riqueza. Nunca he visto a un pobre crear puestos de trabajo», afirmaba en una entrevista con Monaco Tribune.
Briatore se define principalmente como un emprendedor. En otra charla con Monaco Tribune remarcaba que su concepto de riqueza va más allá del patrimonio personal: «La verdadera riqueza consiste en crearla a tu alrededor y ver a muchas personas enriquecerse gracias a ti».
Fernando Alonso, junto a Flavio Briatore. Captura de redes sociales
Este concepto conecta con su filosofía de reinvertir los beneficios constantemente en nuevos proyectos: «Cuando tienes riqueza, inviertes sin cesar… Empezamos con unos ingresos de 10 millones, hoy alcanzamos 140 millones y contamos con 1.500 empleados».
Su principal laboratorio ha sido el grupo Billionaire Life, el holding dedicado al ocio nocturno y la restauración de lujo, que comenzó como un pasatiempo durante su etapa en la F1 y se transformó en un negocio internacional.
Los negocios que tiene
«Con Billionaire no solo creé una empresa, sino también un estilo de vida y varias marcas aspiracionales», explicaba en una entrevista con Entrepreneur Middle East. Clubes como Billionaire Porto Cervo, Twiga o Just Cavalli y restaurantes como Crazy Pizza constituyen hoy un ecosistema que sigue la misma lógica: ofrecer experiencias de alto gasto donde los márgenes y la expansión internacional sostienen las inversiones.
La cadena Crazy Pizza es uno de los proyectos en los que Briatore ha decidido aumentar su compromiso. En una entrevista con Monaco Life detallaba su ambición de crecimiento: «Actualmente contamos con cerca de 30 locales Crazy Pizza en todo el mundo, y nuestro objetivo es llegar a 40 o incluso 50″.
«Recientemente abrimos nuestro primer Crazy Pizza en Nueva York y fue espectacular: hay filas todos los días. La marca tiene un gran potencial y seguimos invirtiendo, especialmente en EE. UU. y Dubái», explicaba.
Dubái es, de hecho, un pilar fundamental en su estrategia. Briatore lo define con claridad: «Dubái es espectacular. La ciudad y su entorno. Es la mayor operación inmobiliaria del mundo. Invertimos allí porque confiamos en Dubái. Tenemos plena fe en Dubái».
En el emirato ha replicado el formato que previamente testó en Cerdeña: locales de ocio ultra exclusivos, shows con cena y restaurantes de ticket medio elevado, sustentados en un entorno fiscal y regulatorio favorable. «En Billionaire Life realizamos el experimento en Dubái. Ofrecíamos comida y un dinner show. Ese fue nuestro éxito allí», explicó a Euronews.
De Benetton a la liquidez para invertir
Antes de transformarse en magnate del ocio, Briatore tuvo una etapa decisiva en el Grupo Benetton, que le proporcionó la base financiera para su carrera como inversor.
En una entrevista audiovisual de 2024, recordaba que el negocio de tiendas Benetton que él gestionaba producía tanto flujo de efectivo que pudieron crecer sin necesidad de financiación externa: «El cash flow era tan intenso que no necesitábamos capital para abrir tiendas… En un momento dado decidimos venderlo todo al grupo porque Benetton quería comprar y nosotros, en teoría, queríamos vender; encontramos el precio justo para ambas partes».
Tras esa venta, se tomó un respiro dorado: adquirió una casa en las Islas Vírgenes y descansó un año en St. Thomas antes de iniciar su siguiente etapa de proyectos. Desde entonces, su nombre se vincula a inversiones en hostelería, ocio nocturno, inmobiliario y marcas de lujo, siempre con la misma idea fundamental: aprovechar la notoriedad alcanzada en la F1 como palanca para atraer clientes e inversores.
«No existen atajos hacia el éxito», resumía en Entrepreneur Middle East sobre su recorrido. «Pero algo es seguro: sin arriesgar capital, sin invertir, no se construye nada».

