Lecciones del Crash de 1929 sobre los riesgos económicos que afrontamos hoy

Los mensajeros de las casas de bolsa se agolpan en torno a un periódico tras el primer desplome de la bolsa de Wall Street el 24 de octubre de 1929.

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    • Autor, Tim Harford
    • Título del autor, More or Less, BBC World Service*

    • Autor, Nathan Gower
    • Título del autor, More or Less, BBC World Service*
  • Fecha de publicación 42 minutos
  • Tiempo de lectura: 8 min

Actualmente, para numerosos economistas, los datos que registra la bolsa de Nueva York —y que lo ha estado haciendo desde hace un tiempo—resultan desconcertantes.

A pesar de años de conflicto en Ucrania y Medio Oriente, y un cierre abrupto en el estrecho de Ormuz que ha desestabilizado el mercado energético global, la bolsa continúa su ascenso.

En febrero, el índice Dow Jones —que promedia el valor de las 30 compañías estadounidenses más importantes— superó su récord histórico de 50.000 puntos, y en junio ya sobrepasó los 52.000.

A finales de mayo, el índice S&P 500 mantuvo un aumento constante en el precio de sus acciones durante nueve días seguidos —una situación poco frecuente en Wall Street— y, gracias al auge de la inteligencia artificial, el Nasdaq sigue alcanzando niveles inéditos.

Aunque teóricamente esta alza podría interpretarse como una señal positiva para la economía estadounidense, algunos comienzan a establecer comparaciones con los años que precedieron a la mayor crisis financiera registrada: el desplome bursátil de 1929.

El podcast de la BBC More or Less conversó con Andrew Ross Sorkin, autor del libro «1929: desde adentro del crash» y Too Big to Fail (Demasiado grandes para caer), para examinar semejanzas y diferencias entre la situación actual y la previa a la crisis de 1929.

Andrew Ross Sorkin.

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Para los expertos en historia financiera, ningún año es más significativo que 1929. Sin embargo, para quienes —afortunadamente— no lo recuerdan, ¿qué implicó el gran desplome de Wall Street?

El desplome bursátil de Wall Street en 1929 es considerado la primera y más severa caída en el mercado de valores estadounidense.

Aquella década de 1920 se caracterizó por una notable prosperidad y dinamismo.

Surgen automóviles, la radio y una creciente fascinación por tecnologías emergentes que prometían transformar el mundo.

Además, fue la primera ocasión en la que inversores comunes accedieron al mercado bursátil, observando un mercado que solo ascendía hasta que, en octubre de 1929, colapsó con extrema fuerza.

Quisiera comprender la magnitud de dicho desplome. Apodado el «Gran Crash», ¿es correcto considerarlo la mayor crisis financiera registrada? ¿Se puede medir con algún dato concreto?

Si observamos no solo 1929, sino todo el periodo hasta 1933, la pérdida alcanzó aproximadamente el 90% del valor total del mercado.

Sin embargo, es curioso que en el mismo 1929 —a pesar de que todos lo recuerdan como un gran desplome—, el mercado cerrara el año con una caída de solamente un 17%.

Pero…

Entre octubre y noviembre de 1929, el mercado se desplomó cerca de un 50%.

Por lo tanto, alguien que solo comparara el inicio con el final del año podría pensar que no ocurrió gran cosa, dejando de lado un desplome extraordinario del 50% en un periodo en el que inversores comunes, por primera vez, entraban en bolsa, muchas veces con altos niveles de deuda, incluso en proporciones de 10 a 1.

Es importante destacar ese punto. Si se cuenta con US$100 y se piden US$1.000 prestados para comprar acciones, y luego esas acciones bajan a US$500, la pérdida real sería cinco veces mayor que el capital propio.

Esto genera un problema considerable, que fue el primer eslabón en una cadena de caídas —como se mencionó—, llevando a una disminución del 90% para 1932 o 1933.

Además, en 1932 la tasa de desempleo alcanzó el 25%.

Miles de personas se aglomeran a la entrada de la bolsa de Nueva York pidiendo información sobre sus inversiones en octubre de 1929.

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Andrew, tu función implica aparecer en televisión explicando finanzas, mientras despliegan cifras en la pantalla: movimientos en la bolsa, cotizaciones específicas, valor del dólar, precio del petróleo crudo… La disponibilidad de datos hoy es absoluta.

En 1929 existía el teletipo que imprimía los precios bursátiles, pero la situación era muy distinta.

¿Qué lo diferenciaba, y acaso la escasez de datos en aquel entonces agravó o mitigó la crisis?

Considero que la ausencia de datos —en particular, la falta de información inmediata— no solo fue un problema, sino también lo que en varios casos desencadenó la crisis.

A menudo, la información llegaba con retrasos de cuatro, cinco o hasta seis horas.

Al observar esas famosas imágenes en blanco y negro de miles de personas durante el gran desplome, reunidas afuera de la Bolsa de Nueva York —probablemente reconocidas por muchos—, uno podría preguntarse: «¿Qué están haciendo? ¿Por qué tanta gente en la calle?».

Todas esas personas acudieron a Wall Street para averiguar en persona qué había pasado con su dinero.

No tenían acceso a los precios actuales de las acciones. En una casa de bolsa en la Quinta Avenida, por ejemplo, podían estar hasta tres horas desfasados; y ni hablar si se encontraba en Europa o a bordo de un barco en alta mar.

De hecho, muchos operaban incluso desde barcos, con retrasos de hasta dos días.

Por eso, cuando la gente notó que el teletipo estaba tan atrasado, pensaron: «Vendo todo, ni siquiera puedo participar eficazmente en esto».

Varias decenas de comisionistas de bolsa están parados con expresión de preocupación.

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¿Existe alguna manera de medir qué tan vulnerable es alguien frente a un desplome? Desde la perspectiva de un historiador, se trazan índices y gráficos, pero ¿hay alguna forma de detectar una crisis inminente en el momento?

Siempre presto atención a la deuda.

Para mí, el apalancamiento en el sistema es la chispa que inicia el fuego. Por ello, lo que analizo —ya sea en vivo o retrospectivamente— es el nivel de deuda acumulada en un momento, dado que suele ocasionar el colapso y contribuir a inflar el múltiplo.

Así, otra herramienta clave para comprender el contexto es identificar cuál es el múltiplo vigente. Se puede utilizar la relación precio-beneficio (PER) u otra métrica para evaluar cómo se valoran las acciones en comparación unas con otras.

Respecto al «múltiplo», un ejemplo clásico es preguntarse: ¿qué tan costosa resulta esta acción frente a las ganancias que genera la empresa? Si una compañía gana US$1 anual y su acción cotiza a US$10, el múltiplo es 10. Si la acción cuesta US$100, el múltiplo asciende a 100. Existen esfuerzos para representar estos múltiplos de precio-beneficio (o ratios PER) a lo largo de periodos extensos.

Al observar los gráficos de esa época, se asemejan a una montaña con un pico visible. Visto en retrospectiva, el punto máximo es claro, aunque en el momento quizás no se reconociera.

Sabes que ha aumentado, pero desconoces si continuará subiendo.

Exacto. No sabes si estás en la cima o si la montaña seguirá elevándose más allá de la línea de vegetación, por así decirlo. De hecho, también se pudieron observar «montañas» en los años 70 y a finales de los 90.

Muchas personas paradas frente a la bolsa de Nueva York, esperando noticias sobre su dinero.

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Me interesaría tratar ese punto porque, sin duda, uno de los motivos por los que 1929 sigue siendo tan relevante —y que narras fascinantemente— es que aporta luz sobre tiempos actuales y otras crisis. Si analizamos esa «montaña» —la relación precio-beneficio, que indica el costo de comprar una porción de beneficios—, ¿cómo se compara el pico de 1929 con los de los años 70, la burbuja de las puntocom o la actualidad?

Aunque parece alto, en comparación con otros máximos, fue un pico más moderado, por decirlo de alguna manera.

Sin embargo, al analizar la evolución de aquel momento, se aprecia un aumento constante, seguido de una caída pronunciada, como una montaña rusa… aunque ahora mezclo metáforas.

En 1929, el índice alcanzó un pico marcado, poco más de 30, es decir, el precio de la acción era 30 veces el promedio de ganancias de los diez años anteriores. Luego bajó y no volvió a acercarse a ese nivel. Más tarde, a fines de los 90 e inicios de los 2000 —durante la fiebre de las puntocom—, subió aún más, superando los 40. Después descendió. Actualmente, ha vuelto a superar ese nivel de 40. Es apenas la segunda ocasión en la historia que alcanza valores superiores al pico previo a la crisis de 1929. ¿Se puede extraer alguna conclusión?

Sin duda, se puede inferir que, en algún momento —aunque sin saber cuándo—, podríamos experimentar otro desplome.

Esa es la gran incógnita para todos nosotros.

Personas hacen fila en el departamento de servicios sociales, esperando poder trabajar, en la Nueva York de 1974.

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