Rivalidad entre Puma y Adidas: la división profunda en una ciudad alemana causada por dos hermanos durante años

El balón, blanco y azul, con el mapa de Herzogenaurach y los sellos de Adidas y Puma, descanzando sobre una corona de laurel, y la frase Paz, un día. Sobre él, un pie con zapatillas de Adidas y otro con zapatillas de Puma, ambas blanco y negro pero con franjas distintas, todo sobre césped. Al fondo, árboles y cielo azul con nubes.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación 14 junio 2026
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En el verano de 2009 en Alemania se celebró un partido de fútbol que habría sido impensable durante los seis decenios anteriores.

Ese día era el Día Mundial de la Paz, y precisamente lo que faltaba en Herzogenaurach, un pequeño municipio medieval del sur alemán con calles adoquinadas, edificios históricos y una escultura moderna que reflejaba la raíz de un conflicto que duró tanto tiempo.

La escultura mostraba a niños jugando a la cuerda, pero para captar su significado había que fijarse en el suelo, algo que los habitantes habían estado haciendo desde 1948: un equipo usaba zapatillas Adidas y el otro, Puma.

Además, ambas marcas dominaban la vestimenta de los jugadores en ese Partido por la Paz, pero esta vez se mezclaban, ya que el objetivo era sanar las heridas de una amarga rencilla familiar que, aunque impulsó la grandeza de estas firmas deportivas, también fracturó la ciudad.

¡Y de qué manera!

«Conocemos a un amigo que solía repartir flores para la tienda local, y siempre llevaba dos pares de zapatos en su coche: unos Puma y otros Adidas, porque no podía entregar flores a gente de Adidas con zapatos Puma ni al revés», contó a la BBC Michael Dassler, nieto del fundador de Puma.

«Resultaba muy curioso porque había dos carniceros: uno pertenecía a Puma y el otro a Adidas, y los empleados de Adidas acudían al primero y los de Puma al otro. Lo mismo ocurría con las panaderías, supermercados y demás», recordó Sigi Dassler, hija del creador de Adidas.

Restaurantes, bares, talleres de talla de lápidas… todo pertenecía a un bando o al otro, incluso las relaciones amorosas estaban condicionadas.

Por esta razón Herzogenaurach se ganó el apelativo de «la ciudad de los cuellos caídos», pues lo primero que la gente hacía era mirar los zapatos que llevabas puestos.

Para Michael, el conflicto iba mucho más allá; nadie en su casa se atrevía a pronunciar la palabra prohibida.

«Ni siquiera nombrábamos Adidas. Solíamos decir NG en alemán, nie gehört, que significa ‘nunca lo he escuchado mencionar'», comentó en la serie Sneakernomics de la BBC.

¿De qué manera se llegó a esta situación?

Zapateros para deportistas

Panorámica de Herzogenaurach al atardecer

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El origen se encuentra en la República de Weimar, durante los años veinte, y de la mejor manera posible.

Al volver de la Primera Guerra Mundial, Rudolf y Adolf Dassler crearon la empresa Gebrüder Dassler Schuhfabrik (Fábrica de Calzado de los Hermanos Dassler), cuya base estaba situada en el cuarto de lavado de su madre.

Herzogenaurach cuenta con una tradición manufacturera que se remonta a la Edad Media, inicialmente en la producción textil y luego en zapatos y pantuflas, y su padre era uno de los zapateros del pueblo.

Lo que los hizo destacar fue su inicio en la fabricación de calzado para deportistas.

«Mi papá sentía pasión por el deporte», comentó Sigi sobre Adolf. «Practica muchas disciplinas, como boxeo, salto de esquí, hockey hielo… lo que fuera. Identificaba las necesidades y oportunidades de diseñar zapatillas especializadas para ayudar a los atletas a rendir mejor en su deporte».

«Mi abuelo era más un emprendedor, siempre buscando cómo aprovechar el negocio», añadió Michael, refiriéndose a Rudolf.

Tanto ellos como quienes colaboraron con los hermanos concordaban en que formaban un equipo eficaz: el reservado Adolf prefería trabajar en el taller, mientras que el extrovertido Rudolf se ocupaba de que los zapatos que hacía su hermano llegaran a los clientes.

En aquella etapa existía ya un mercado emergente de calzado deportivo, pero para lograr un gran éxito, nada mejor que los Juegos Olímpicos, tal como había demostrado la británica J.W. Foster and Sons, pionera en las zapatillas con clavos para atletismo modernas.

Los afiches de las Olimpiadas de París y las de Berlín. En la primera se ven jóvenes con un brazo levantado, y sólamente vistiendo pantalones, con la bandera de Francia atrás y en la parte inferior, laureles y un escudo rojo, azul y dorado. En la de Berlín se ve un hombre dorado con una corona de laurel verde, y los aros olímpicos detras de su cabeza. Se alcanza a ver sólo parte de su brazo derecho levantado y sobre su imagen está la escultura que está en la cima de la Puerta de Brandeburgo, un carro tirado por cuatro caballos dirigido por Victoria, la diosa romana de la victoria.

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En los Juegos Olímpicos de París en 1924, como mostró la película premiada con un Oscar Chariots of Fire («Carrozas de Fuego»), los corredores británicos Harold Abrahams y Eric Liddell ganaron usando zapatillas Foster.

Para los hermanos Dassler, la gran oportunidad llegaría en 1936.

La gran oportunidad

Pocos meses después de que Adolf Hitler asumiera el poder en 1933, los hermanos Dassler se incorporaron al Partido Nazi.

La propaganda nazi potenció en extremo el deporte y el fitness como símbolos de patriotismo y como métodos para demostrar la supuesta superioridad aria, provocando un auge en los mercados de productos deportivos.

La fábrica de los hermanos creció y Adolf llegó a ser entrenador de un equipo de fútbol de las Juventudes Hitlerianas.

Con el negocio en expansión, los Dassler centraron su atención en una oportunidad inmejorable: los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

Gracias a su relación cercana con el entrenador nacional de atletismo, muchos deportistas alemanes competían con sus zapatillas con clavos.

Sin embargo, Adolf tenía una ambición mayor: quería que el atleta más famoso de esos Juegos luciera sus zapatos, el velocista estadounidense Jesse Owens.

Un año antes Owens había dejado perplejo al mundo atlético. En menos de una hora, en una sola tarde, igualó un récord mundial y batió otros tres, un logro que sería conocido como «los mejores 45 minutos del deporte».

Aunque la multitud lo recibió con entusiasmo en Berlín, algunos medios publicaron su imagen junto a un simio o atribuyeron su velocidad a supuestas «cualidades animales», reflejo del racismo nazi.

Por eso, la victoria de Owens fue especialmente trascendental: en el país que proclamaba la superioridad aria, la estrella fue un atleta negro.

Owens ganó cuatro medallas de oro… usando zapatillas Dassler.

Fotografía en blanco y negro coloreada muestra a Owens con un píe en la pista y otro doblado, inclinado hacia adelante, vestido con camiseta sin mangas y short blancos con rayas delgadas azules y rojas, y zapatillas negras. En el fondo, una multitud en la gradería

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Los hermanos buscaban emular la estrategia de marketing de los británicos Foster: si los mejores atletas escogían sus productos, las marcas crecerían de forma exponencial.

Después de los Juegos, la demanda de calzado deportivo siguió alta. La empresa abrió una nueva fábrica y pronto llegó a producir mil pares diarios.

Sin embargo, la guerra estalló y todos los recursos alemanes, incluida la fábrica Dassler, se destinaron al esfuerzo militar.

La compañía fabricó armamento y, según investigaciones, empleó trabajadores forzados, práctica común en la industria alemana de entonces.

Orillas opuestas

No existe consenso sobre el momento exacto de la ruptura entre los hermanos, pero la Segunda Guerra Mundial y las recriminaciones afectaron profundamente su vínculo. Compartir casa exacerbó la tensión familiar hasta volverla tóxica.

Un episodio de 1943, durante bombardeos aliados en Herzogenaurach, evidencia lo fracturada que estaba la relación: cuando Rudolf y su esposa se refugiaron en un búnker, escucharon a Adolf exclamar: «¡Estos Schweinhunde (perros cerdos) están aquí de nuevo!». Aunque Adolf afirmó referirse a los bombarderos británicos, Rudolf no le creyó.

Más tarde, Rudolf se quejó de ir a la guerra mientras Adolf permanecía en casa, y sospechó que su hermano intentaba apoderarse del negocio. También pensó que Adolf pudo haberlo denunciado a las autoridades estadounidenses cuando fue arrestado tras la guerra como posible criminal de guerra nazi.

Adolf también fue investigado, y las declaraciones de Rudolf no le favorecieron.

Finalmente, ambos fueron clasificados como Mitläufer: colaboradores que, aunque sin cargos criminales específicos, tuvieron una participación considerable en el régimen, demasiada para ignorarse.

Una vez aclarado eso, llegó el momento de resolver otro asunto.

Imagen compuesta de la fábrica de Puma arriba, con uno de los edificios de color rojo vivo y el puma saltando de su marca en el frente, así como en otro edificio gris en el fondo. Abajo, una escultura que representa al fundador de Adidas, Adolf Dassler, frente a la sede de la empresa que se ve al fondo.

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En 1948 disolvieron la sociedad Gebrüder Dassler Schuhfabrik, con 25 años de historia, y fundaron dos fábricas rivales situadas en orillas opuestas del río Aurach, que cruza el centro de Herzogenaurach.

Rudolf inicialmente llamó a su empresa Ruda, combinando las primeras sílabas de su nombre y apellido, pero pronto le cambió el nombre por Puma.

Adolf permaneció en la fábrica original, a la que denominó Adidas uniendo su apodo -Adi- con la primera sílaba de su apellido.

Como las zapatillas que producía con su hermano tenían dos franjas de cuero para refuerzo, añadió una tercera para distinguir su marca, creando así su icónica firma.

Desde entonces, ambos negocios quedaron ubicados a cada lado de una frontera simbólica, convertidos en bastiones de una peculiar guerra empresarial.

«Los trabajadores tuvieron que elegir a quién seguir. La mayoría, sobre todo los de producción, prefirieron a mi padre, pues sabía que él era el inventor y el técnico», contó Sigi a BBC Witness History.

«Los administrativos se quedaron con Rudolf, por lo cual la rivalidad se intensificó aún más».

Toda la pequeña ciudad bávara tuvo que tomar partido.

En la cancha de fútbol

Fotografía en blanco y negro de Adolf Dassler, fundador de la empresa alemana de ropa deportiva Adidas, con ropa oscura y la insignia de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) a un lado en el pecho, sosteniendo zapatillas de fútbol con dos tacos y huecos para fijar más.

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Para entonces Rudolf tenía 50 años y Adolf dos menos, y ambos llevaban una década alejados de la fabricación de zapatillas.

Además, uno tenía fuerza laboral pero poco personal de venta, mientras que el otro contaba con vendedores pero pocos empleados para fabricar.

Sumado a eso, la Alemania de posguerra estaba aislada y excluida de grandes eventos deportivos, enfrentándose a fuerte competencia foránea.

Sin embargo, ambas marcas, Adidas y Puma, prosperaron hasta convertirse en multinacionales de alcance global.

Adolf fue el primero en internacionalizar Adidas. En la final de la Copa Mundial de la FIFA 1954 en Suiza, Alemania Occidental enfrentó a Hungría, el mejor equipo mundial que los había derrotado por 8-3 en la primera ronda.

Contra todo pronóstico, Alemania ganó bajo lluvia intensa. Los alemanes contaron con una innovación de Adolf Dassler: tacos atornillables más largos, que mejoraron el agarre en el césped mojado.

Botín de fútbol con tacos, de color negro desteñido, las tres franjas de Adidas en blanco con algo escrito en ellas.

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Ese encuentro, que le dio a Alemania su primer Mundial, pasó a ser conocido como el Milagro de Berna.

«De pronto, Alemania dejó de ser la mala de la película y pasó a ser un país que logró algo positivo tras la guerra. Fue extraordinario», recordó luego Sigi.

Los herederos continuaron la tradición de expandir sus empresas sin renunciar a la rivalidad.

Contratar a atletas destacados y crear zapatillas exclusivas era un modo efectivo de aumentar su influencia, pero competir por una superestrella podía llevar al colapso a ambas marcas. Por eso, Adidas y Puma firmaron el llamado «Pacto Pelé», un acuerdo informal para no fichar al astro brasileño.

Sin embargo, cuando Pelé, con travesura, se arrodilló para atarse las zapatillas Puma frente a las cámaras en el Mundial de 1970, Adidas se dio cuenta de que había caído en una trampa.

Botín de fútbol negro con sello que dice King en dorado, franja blanca, y la firma de Pelé en el costado.

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Expertos atribuyen en parte el éxito de Adidas y Puma a la naturaleza de su competencia interna.

Durante décadas, cada compañía intentó superar a la otra, una rivalidad intensa que fomentó la innovación, reforzó la dedicación de los empleados y generó una cultura empresarial altamente competitiva.

Comercialmente, Adolf ganó, ya que Adidas es con claridad la más grande, pero el resultado global de esa disputa familiar sigue siendo impresionante.

Ambas firmas, nacidas de la separación de los hermanos Dassler, emplean hoy casi a 78.000 personas y generan una facturación conjunta cercana a los US$35.000 millones anuales.

Ninguna está actualmente bajo control directo de los descendientes de sus fundadores —un poder que ambas familias fueron cediendo gradualmente durante las décadas de 1980 y 1990— pero mantienen sus sedes en Herzogenaurach.

Y en el cementerio, Adolf y Rudolf Dassler descansan en paz… cada uno en extremos opuestos.

* Fuentes principales: serie de la BBC «Sneakernomics», escrita y presentada por Nicholas Smith, autor de «Kicks: The Great American Story of Sneakers». Y el episodio «Dassler brothers’ rift» de la serie BBC Witness History.

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