El extremo del Barça vuelve a estar en el foco de las críticas, aunque en su club frecuentemente ha mostrado también la enseña española en su calzado.
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Lamine Yamal hizo su debut en un Mundial con España exhibiendo un detalle llamativo: en sus botas aparecían las banderas de Marruecos y Guinea Ecuatorial, los países de procedencia de sus padres, pero no la bandera española.
Este gesto identitario, concebido como un tributo a su familia, ha provocado un debate que supera el ámbito deportivo y vuelve a situar al joven delantero en el centro de una discusión sobre identidad y símbolos.
En su primer encuentro mundialista, Lamine ingresó al campo con unas botas personalizadas en las que destacaban su nombre junto a las banderas marroquí y ecuatoguineana.
Esa es la forma que el futbolista ha elegido para llevar literalmente consigo las raíces de su padre, nacido en Marruecos, y de su madre, originaria de Guinea Ecuatorial.
No es la primera vez que utiliza este símbolo visual: en el Barça ya había usado modelos similares, donde con frecuencia se incluyen la bandera de España junto a las de Marruecos y Guinea en la parte trasera de las zapatillas.
De hecho, en encuentros con su club, se le ha visto con las tres banderas en un mismo par de botas, diseño que se interpreta como un reflejo de su biografía: nacido en Cataluña, con raíces en el Magreb y África central, y formado en La Masía.
Desde la perspectiva de la Selección, una posible interpretación es que el símbolo español está presente en el escudo de la camiseta y que, al seleccionar los detalles para sus botas, prioriza rendir homenaje específico a sus padres.
Las botas de Lamine Yamal con la bandera de España que, a menudo, ha lucido con el Barça. Redes sociales
Esta combinación de símbolos distribuidos entre la camiseta y el calzado ayuda a comprender que, más que un gesto de exclusión, su elección responde a una forma personal de organizar identidades y afectos.
Controversia en España y críticas desde Marruecos
La imagen de las botas circuló rápidamente en redes sociales, generando numerosas críticas de parte de aficionados españoles, quienes interpretaron la ausencia de la bandera española como una demostración de insensibilidad.
Algunos comentarios hablaron de «olvido» o «menosprecio» simbólico hacia el país al que representa, mientras que otros defendían que un jugador pueda manifestar sus raíces sin cuestionar su compromiso deportivo.
En Marruecos, el nombre de Lamine Yamal también ha estado en boca de muchos. Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación marroquí, retó al futbolista del Barcelona antes del inicio del Mundial:
«Quiero una final con Lamine Yamal para ver si tomó la decisión correcta», afirmó el dirigente en declaraciones al medio Aljazeera360. «Hicimos todo lo posible para convencerlo, pero él eligió España y lo respetamos», añadió Lekjaa.
Este episodio con las botas refleja la típica tensión que enfrentan los futbolistas con doble o triple nacionalidad: cada gesto simbólico se magnifica y se interpreta en función de la pertenencia, frecuentemente alejándose de la intención original.
En el plano estrictamente deportivo, la situación no modifica el rol de Lamine en el equipo, pero sí genera ruido alrededor de una Selección que es observada con detalle en cada gesto durante un Mundial.

