León XIV exhorta a los migrantes a integrarse respetando las leyes y aprendiendo el idioma, y pide el cese de las actividades mafiosas: «¡Deténganse! ¡Conviértanse!»

El Papa visita el complejo de Las Raíces, un testimonio palpable de las personas que arriban a las islas por la peligrosa ‘ruta canaria’, y después se encuentra con voluntarios en la Plaza de la Laguna

El Papa recorre el mayor centro de acogida para inmigrantes en CanariasAlberto di Lolli

«Todos, de alguna manera, somos migrantes, todos somos peregrinos que avanzan hacia la patria celestial. Colaboremos para que este trayecto sea un espacio más humano para todos, aportando lo que cada uno pueda». El papa León XIV reafirmó su cercanía con los migrantes en el Centro de Acogida de Emergencia y Derivación de Las Raíces, primer lugar de su visita en Tenerife, con la que culmina su estancia de siete días en el país. Luego, en la plaza del Cristo de la Laguna, el Santo Padre denunció a las mafias que trafican con migrantes: «¡Deténganse! ¡conviértanse!», exclamó.

«Al contemplar sus rostros y escuchar sus relatos, también pienso en sus corazones, marcados por numerosas dificultades y reconfortados gracias al amor recibido de otros corazones generosos, abiertos y misericordiosos», subrayó el Sumo Pontífice.

Desde Las Raíces, el Santo Padre se dirigió a San Cristóbal de la Laguna para liderar un encuentro con grupos eclesiales y otras organizaciones que apoyan a migrantes, logrando así una visión más amplia del fenómeno migratorio. Esta fue la tercera y última parada junto a personas migrantes, tras visitar el punto de llegada en el puerto de Arguineguín, el centro de acogida en Las Raíces y, finalmente, reuniéndose con los voluntarios que brindan apoyo.

El Santo Padre destacó La Laguna, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997, como «una ciudad sin murallas» donde «el corazón debe abrirse para acoger». Por ello, instó a los isleños a «aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se entiende más con hechos que con palabras».

«Integrar no implica borrar la historia de quien llega ni exigir que deje atrás su memoria», recordó León XIV, añadiendo que «tampoco significa crear mundos paralelos y cerrados donde las personas convivan sin realmente encontrarse», enfatizando la integración como «un camino mutuo». En este sentido, exhortó a los migrantes a asumir su rol, que consideró «noble y necesario» al llegar: «abrirse con confianza a la comunidad que les acoge, aprender la lengua, respetar las leyes, conocer las costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones».

Aunque enfocó su mensaje en los migrantes, el Santo Padre también recordó que «cada sociedad que recibe tiene obligaciones con quienes llegan»; asimismo, transmitió un mensaje de esperanza al acogido, señalando que «quien arribó como forastero puede reconstruir vínculos, recuperar confianza y formar parte activa de una comunidad».

El Santo Padre, como lo hizo el día anterior en Las Palmas, hizo un llamado a la conciencia humana para no permanecer indiferente ante las víctimas de naufragios y la falta de asistencia, esos «cementerios del mar», y sentenció: «Cada vida perdida en estas rutas representa un fracaso para la familia humana».

Luego, el Santo Padre dirigió un llamado a las mafias: «¡Deténganse! ¡conviértanse!», con la intención de enviar «un mensaje claro» a quienes explotan la desesperación; a los que organizan rutas mortales, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan a mujeres, engañan familias y lucran con el sufrimiento ajeno», clamando esas dos órdenes bajo aplausos: «Deténganse. Conviértanse».

Robert Francis Prevost mostró su emoción ante el discurso de Bousso Diouf, una mujer senegalesa que huyó de su país «por la guerra, la violencia y la persecución». «Gracias por estar aquí, en esta tierra que para nosotros fue el primer lugar de esperanza tras un camino de sufrimiento», expresó Bousso, quien relató el temor que vivió en su viaje en cayuco «rodeada de frío y muerte». «Recen por quienes perdieron la vida en el mar», pidió antes de saludarlo junto a su hija Adama. En la misma línea se expresó Theodor Faye, procedente de Nigeria, quien superó los nervios para darle las gracias al Pontífice: «¡Que Dios te bendiga siempre!».

El Papa resaltó el nombre del complejo, y lo hizo citando a su antecesor, cuyo legado asumió al priorizar su visita a España y, en especial, a Canarias. «Me llamó la atención el nombre de este Centro de acogida, llamado ‘Las Raíces’. A mi Predecesor, el querido papa Francisco, quien tanto deseaba estar con ustedes, le gustaba usar la imagen de las raíces para expresar la importancia de no olvidar los orígenes, mantenerse unidos y confiar en el Señor. «Pues quien confía en el Señor ‘es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que extiende sus raíces hacia la corriente. No temerá el calor ni dejará de estar frondoso'».

León XIV abraza a la pequeña Amina.

En 2023, el archipiélago cerró el año con la llegada a sus puertos de 39.910 inmigrantes distribuidos en 610 embarcaciones. La reactivación de la ruta canaria, considerada la más peligrosa del mundo, causó un aumento del 154% en llegadas por vía marítima respecto a 2022, superando las cifras de la crisis de los cayucos de 2006. En 2024, la cifra creció aún más, alcanzando un récord histórico de 46.843 personas llegadas por mar de forma irregular. En lo que va de 2026 han arribado 233 embarcaciones con cerca de 3.000 migrantes a bordo.

El Centro de Acogida de Emergencia y Derivación de Las Raíces se inauguró en 2011 como respuesta urgente ante la llegada de cayucos. Fue construido en un antiguo campamento militar al lado del Aeropuerto de Los Rodeos y se convirtió en símbolo de la ‘ruta canaria’ de inmigración, la más letal a nivel mundial. Actualmente alberga a 753 personas, en su mayoría musulmanas, aunque por sus instalaciones han pasado más de 70.000 migrantes. Está situado a 1.000 metros de altura y rodeado de eucaliptos, siendo conocido durante años en el Ejército por el frío húmedo que se siente dentro.

Su apertura generó controversia. En abril de 2021, un enfrentamiento entre marroquíes y subsaharianos dejó una escena sangrienta en las escaleras que conducen a la enfermería, con diez heridos, tres hospitalizados. La Policía Nacional intervino en el centro y el altercado finalizó con ocho detenidos entre los residentes. Muchos marroquíes abandonaron el centro y acamparon durante semanas alrededor de la base militar. Hace dos años, el centro fue sometido a una remodelación completa. Los migrantes dejaron de dormir en frágiles carpas que sufrían el contraste entre el calor interior y la humedad externa. El techo de las tiendas dejó de filtrar agua. A pesar de ello, el complejo mantiene 10.000 mantas para las noches más gélidas.

En la pista del Aeropuerto de Los Rodeos, durante su segundo día en Canarias, el Papa fue recibido por el presidente regional, Fernando Clavijo, la ministra de Inclusión Social y Migraciones, Elma Saiz; la embajadora de España ante la Santa Sede, Isabel Celaá, y la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez. También acudieron la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, y el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez.

Un centenar de migrantes aguardó aproximadamente hora y media la llegada del Papa en la explanada destinada para el acto. Aliou y Seikou, de 18 y 19 años, ocuparon asientos en primera fila. Llegaron hace un mes procedentes de Gambia y estaban atentos ante la llegada de León XIV, aunque admitían que «hace algunos días no sabíamos quién era». Se abrigaban del frío con dos gorros; Aliou metía las manos en los bolsillos y Seikou usaba guantes verdes de poda. Muchos de los migrantes llevaban cholas (sandalias), parte del kit que la ONG Accem les proporciona al llegar a Las Raíces. Tras un tiempo, algunos consiguen zapatillas deportivas. «Se puede determinar el tiempo que llevan en la isla por el calzado que usan», explicaba un ex trabajador del complejo.

Para algunos la espera se alargó. Mamadou se situó en la última fila y aprovechó para escuchar música con su móvil. Ousmane usó el dispositivo como espejo para arreglarse. También tomó numerosas fotos del escenario y a los periodistas. Ambos llegaron de Senegal y mostraron asombro ante la gran cantidad de medios presentes. «No esperábamos algo tan grande».

Calzado de uno de los jóvenes migrantes que recibió al Papa.

Samba practicó en varias ocasiones el cántico de «¡Papa, Papa!». Llegó a El Hierro hace un mes desde Gambia. No tiene familiares ni conocidos en Europa, pero aspira a quedarse «como futbolista». «Juego muy bien, de centrocampista, posición que le falta a mi equipo, el Real Madrid», afirmaba.

El Papa cerró su mensaje mencionando a los dos santos canarios, también migrantes: Santo Hermano Pedro, originario de su santuario en Vilaflor, misionero y apóstol de la caridad en Guatemala, y San José de Anchieta, lagunero, misionero, apóstol de Brasil y primer santo canonizado por el papa Francisco.

Finalmente, saludó a las personas migrantes presentes, dedicando especial atención a la pequeña Amina, de cuatro años, que antes de su llegada ya había robado la atención saliendo de la zona delimitada por vallas. Llegó a Tenerife siendo bebé, desde Mali. «Gracias, Papa, corazón» fue la frase que su madre, Fatma, de 32 años, le había enseñado a decir. Y eso fue lo que le expresó a un sonriente León XIV.

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