
Fuente de la imagen, Getty Images
Información del artículo
-
- Autor,
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 13 junio 2026
- Tiempo de lectura: 11 min
A los 19 meses, Helen Keller quedó sorda y ciega debido a una enfermedad breve, antes de poder aprender a hablar o siquiera entender qué es una palabra.
En 1887, ya con 6 años, sus padres contrataron a una instructora llamada Anne Sullivan, quien comenzó a enseñarle palabras al dibujar letras en la palma de sus manos.
Aunque adquirió varios signos de esta manera, Helen relató más tarde: "No comprendía que estaba deletreando una palabra ni siquiera que existieran las palabras".
En una ocasión, Helen y Anne enfrentaron dificultades con las palabras ‘taza’ y ‘agua’. Helen no lograba asociar los trazos con sus objetos correspondientes hasta que Anne decidió llevarla al pozo, indicándole que sostuviera su taza bajo el grifo mientras bombeaba agua.
Mientras el agua caía sobre la taza y la mano de Helen, Anne escribió en la otra mano de Helen las letras w-a-t-e-r (a-g-u-a).
Helen luego contó: "Permanecí inmóvil, concentrando toda mi atención en los movimientos de sus dedos".
"De repente sentí una conciencia tenue, como si recordara algo olvidado, una emoción ligada a un pensamiento que regresaba; y de alguna forma el misterio del lenguaje se reveló ante mí. Comprendí que ‘w-a-t-e-r’ significaba esa hermosa y fresca sensación que fluía sobre mi mano. ¡Esa alegría vivificante despertó mi alma, la iluminó, le dio esperanza y gozo, la liberó!".
John Kounios y Mark Beeman escriben en The Eureka Factor (El factor Eureka) que en ese instante impresionante Helen entendió que esos símbolos en su mano representaban elementos del mundo y que podría usarlos para pensar y comunicarse.
Fue un auténtico momento ¡ajá!, también conocido como efecto o instante Eureka.

Fuente de la imagen, Getty Images
Kounios y Beeman, neurocientíficos y psicólogos cognitivos, describen este fenómeno como "una idea o perspectiva nueva que irrumpe de manera abrupta, a menudo interrumpiendo el flujo constante del pensamiento, ya sea durante la resolución de un problema o espontáneamente".
Estos momentos pueden manifestarse inesperadamente, como cuando Arquímedes estaba en el baño y descubrió su célebre principio, o sentado tranquilamente en un jardín, como ocurrió con Newton, quien al observar una manzana caer se preguntó por qué los objetos siempre caen hacia la Tierra.
Aunque estas anécdotas puedan contener algo de mito, ejemplifican cómo los momentos ajá pueden ofrecer una solución rápida a un problema concreto, como en el caso de Arquímedes; o revelar una idea que aún debe desarrollarse, como con Newton y la ley de gravitación universal.
En otras ocasiones, estos instantes cambian radicalmente la forma de percibir el mundo, tal como Albert Einstein llamó su "pensamiento más feliz" al imaginar que una persona en caída libre no sentiría su propio peso, lo que dio paso a la teoría de la relatividad general.
Lo asombroso es que esos destellos no son exclusivos de los genios.
Probablemente, muchas personas han experimentado alguno.
Un estornudo
Según John Kounios en una entrevista con BBC Mundo, "un momento ajá no tiene por qué transformar el mundo. Puede ser algo cotidiano o pequeño que ayude a resolver un problema diario, como encontrar un truco para que un niño consuma verduras".
"Sin embargo, muchas veces la gente no reconoce esos instantes ajá, incluso cuando son particularmente brillantes".
A pesar de ello, tenemos numerosas expresiones que describen esos momentos.
¿Quién no recuerda cuando "de repente todo encajó", o cuando "cayó la ficha"; quizás cuando "se encendió el foco", "tuvo una epifanía" o vio algo "desde otra perspectiva"?
Para Kounios, todas estas expresiones reflejan la misma experiencia: entender de forma súbita algo antes desconocido, observar algo familiar con ojos distintos o combinar elementos ya conocidos para crear algo nuevo.
Son, en sus palabras, "saltos cualitativos en el pensamiento".
No obstante, no todas las buenas ideas son momentos ajá: lo decisivo es cómo surgen.
Aunque en el lenguaje popular suelen usarse para cualquier idea impactante, en psicología el término tiene un sentido más específico, explica Kounios: se refiere a una solución o idea que emerge repentinamente en la conciencia, usualmente de forma inesperada y producto de procesos inconscientes.
No basta con tener una idea; debe aparecer súbitamente.
Por ello, a veces parecen surgir de la nada.
El legendario músico Paul McCartney contó en un episodio de su podcast: "Una noche me dormí y soñé con una melodía. Al despertar pensé: ‘Me encanta, es genial’".
Durante un tiempo sospechó que la había escuchado antes, pero no. La melodía de Yesterday, una de las canciones más icónicas de The Beatles, fue literalmente un sueño.

Fuente de la imagen, Getty Images
Sin embargo, los conocimientos —o en este caso, las notas— estaban allí, esperando esa chispa que mencionó hace 2.400 años el filósofo Aristóteles.
En De Anima afirmó que la mente humana posee un intelecto agente capaz de dar sentido a los datos sin procesar, permitiendo descubrir verdades universales, resolver dificultades y captar la esencia de las cosas.
Así como la luz permite ver colores que ya estaban presentes pero ocultos, explicó, ese intelecto vuelve comprensibles ideas latentes.
Ello puede manifestarse mediante un pensamiento analítico consciente y deliberado, o a través de una "iluminación inesperada", en palabras del matemático francés Henri Poincaré, quien señalaron que algunas de sus ideas más destacadas aparecían de repente tras un trabajo inconsciente prolongado.
En ocasiones, los momentos ajá se anticipan con un fenómeno que, según Kounios y Beeman, "se siente como si una idea estuviera a punto de estallar en la conciencia, parecido a la sensación antes de estornudar".
Los psicólogos cognitivos denominan a esta experiencia ‘intuición’, definida como la percepción de que hay información alojada en la mente inconsciente —una idea, solución o perspectiva nueva— sin acceso consciente hasta que emerge a la conciencia.
Así, el momento ajá sería ese estornudo.
Jugando
Los psicólogos de la Gestalt, una corriente que surgió en Alemania a principios del siglo XX, fueron pioneros en el estudio sistemático de lo que hoy se conoce en inglés como insight o comprensión repentina.
Pero si los momentos ajá son impredecibles y espontáneos, ¿cómo podrían observarse en un laboratorio?
La respuesta fue lúdica: empleaban figuras ambiguas e ilusiones perceptivas, como el cubo de Necker, que pueden provocar una reestructuración súbita de lo que creemos percibir.

"Es una ilusión óptica porque parece un cubo, aunque en realidad es una figura plana", especifica Kounios.
Lo relevante es que esa imagen puede interpretarse de dos maneras distintas, y el instante en que una interpretación sustituye súbitamente a la otra produce un momento ajá.
El cubo aparenta ‘invertirse’ rápidamente, cambiando de orientación hacia abajo a hacia arriba:
Al interesarse por cómo la mente organiza e interpreta patrones, los gestaltistas utilizaron estas técnicas para demostrar que a veces un problema parece imposible de resolver porque se interpreta erróneamente. La solución llega cuando se logra reorganizar el problema y verlo desde una perspectiva diferente.
Estos experimentos fueron los primeros en indicar que estos momentos de comprensión instantánea dependen de procesos inconscientes.
En las siguientes décadas, los psicólogos cognitivos continuaron su estudio, pero a principios de los 90, el campo se estancó y algunos científicos dudaron de que el insight fuera un proceso mental separado.
Sostenían que la única diferencia estaba en la forma en que las personas experimentaban el proceso.
Argumentaban que los momentos Eureka eran solo relatos de fantasía.
Luego apareció la herramienta definitiva: las técnicas de neuroimagen permitieron, por primera vez, observar el cerebro en el instante preciso en que una idea surge en la conciencia.
Para investigarlos, Kounios y Beeman registraron la actividad cerebral con electroencefalogramas e imágenes por resonancia magnética funcional en voluntarios que resolvían acertijos verbales.
Las pruebas eran simples, ya que cada participante debía resolver numerosos acertijos para que los resultados tuvieran validez estadística.
Se les daban tres palabras y debían encontrar una cuarta que sirviera para formar una palabra compuesta o frase familiar con cada una de ellas.
Por ejemplo: si se dan las palabras "razón", "sabor" y "sentido", ¿qué palabra encaja como cuarta?
Pero lo más relevante era ¿cómo llegaron a esa respuesta? ¿De repente o tras probar varias hipótesis hasta identificar que era "sin"?
Los voluntarios indicaban si la solución se logró mediante análisis consciente o mediante un insight.
"Al comparar la actividad cerebral asociada a soluciones calificadas como momentos ajá contra las analíticas, vimos diferencias consistentes y sistemáticas, lo que implica que existen distintos mecanismos cerebrales para ambos tipos de solución".
No solo confirmaron que los momentos ajá no eran mitos, sino que también lograron capturarlos en tiempo real, ubicando dónde y cuándo se generan en el cerebro.

Fuente de la imagen, Cortesía de John Kounios
"Existen otras diferencias también", comentó Kounios.
"Si antes de presentar un acertijo pido recordar tres palabras, esto interfiere con el razonamiento analítico, que requiere atención y memoria activa", explicó. "En cambio, el insight emerge de procesos inconscientes y no se ve afectado por lo que ocurre en la conciencia en ese momento".
Estudios posteriores indican que los momentos ajá generan alegría, permanecen en la memoria, surgen cuando la mente se relaja y producen satisfacción sin necesidad de recompensa externa.
"Una ráfaga de alegría"
Un instante ajá suele durar un segundo, pero sus consecuencias pueden extenderse mucho más.
Kounios dice: "Es como recibir una ráfaga de alegría. Hay momentos ajá pequeños y grandes. Los grandes pueden generar bienestar prolongado; los pequeños, tal vez una sensación pasajera".
Además, dejan una marca. Quizás porque surgen súbitamente, pero también porque combinan sorpresa, claridad y emoción de forma poderosa. Algo hace clic, y ese entendimiento suele quedar grabado en la memoria.
Por eso, Kounios considera que estos destellos tienen un valor práctico en la educación.
"Si simplemente se presenta una idea a un alumno, puede que la recuerde o no. Pero si logra comprenderla a través de su propio momento ajá, es más probable que la retenga".
Si esta experiencia se potenciara sistemáticamente en el ámbito educativo, piensa Kounios, los resultados podrían ser evidentes: no solo incrementaría la memoria, sino también el disfrute del proceso.
"Disfrutar un momento ajá es divertido". Y eso es importante: cuando la comprensión genera placer, aumenta la motivación para seguir reflexionando.
Kounios lo ha observado personalmente: en algunos experimentos, al finalizar los ensayos, varios participantes "los disfrutaban tanto que querían continuar, sin recompensa alguna. A la gente le gustan los rompecabezas. Le agrada leer novelas de misterio. Disfrutan los momentos ajá".
Curiosamente, con frecuencia estos momentos llegan cuando cesamos la búsqueda activa.

Probablemente ha ocurrido: tras estar mucho tiempo atascado con una idea, palabra o solución, revolviéndola sin avanzar, te alejas para bañarte, salir a caminar o distraerte con otra actividad. Justo en ese momento, sin aviso, aparece la respuesta. Como si la mente hubiera seguido procesando el problema en segundo plano mientras se estaba en otra actividad.
Por eso, cuando alguien se bloquea, un consejo recurrente es precisamente alejarse un poco del problema. En psicología, esto se llama "incubación": un intervalo en que la atención consciente se relaja, pero el cerebro conserva parcialmente el hilo del problema.
Kounios considera que "existen múltiples razones para continuar investigando los momentos ajá", porque pueden originar un avance científico, una idea comercial, una canción o una novela, o aportar una nueva perspectiva para resolver un dilema personal.
Él mismo experimentó un momento ajá.
"Lo recuerdo claramente: fue en 1999. Hasta entonces, trabajaba principalmente en mecanismos cerebrales relacionados con la memoria, pero quería explorar un área poco estudiada.
"Tras semanas meditándolo, un día, sentado frente a una computadora en el campus, se me ocurrió de repente que debía estudiar la neurociencia de la creatividad. Esa idea cambió el rumbo de mi carrera".
Eso le llevó a investigar los momentos ajá.
En el caso de Helen Keller, aquel instante fascinante con el agua deslizándose por sus manos no solo fue la comprensión instantánea de una palabra, sino la apertura a un mundo entero.
Se convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario, escribió libros, fue amiga de Mark Twain, Alexander Graham Bell y Charlie Chaplin, y recibió la Medalla Presidencial de la Libertad.
Y todo comenzó en un pozo, con Anne Sullivan, y un momento ajá.
Gráficos: Daniel Arce-Lopez, del equipo de Periodismo visual de BBC News Mundo.


