Trump y Netanyahu buscaban transformar Medio Oriente, pero la región enfrenta un peligro creciente de crisis prolongada

Una imagen compuesta muestra al presidente Donald Trump a la izquierda, levantando un dedo y vistiendo traje, camisa y corbata mientras habla con los periodistas. A la derecha, el primer ministro Benjamin Netanyahu también lleva traje, camisa y corbata y entrelaza los dedos mientras habla durante una conferencia de prensa.

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    • Autor, Jeremy Bowen
    • Título del autor, Editor Internacional de BBC News
  • Fecha de publicación 10 junio 2026, 03:05 GMT
  • Tiempo de lectura: 7 min

Donald Trump y Benjamin Netanyahu confiaban en que una derrota de Irán reconfiguraría el panorama en Medio Oriente.

La transformación de la región está en marcha, pero no conforme a sus expectativas: la República Islámica de Irán no ha sido sometida; hoy el peligro es un conflicto prolongado y desgastante, que alternará entre la tensión y enfrentamientos abiertos.

El régimen iraní ha demostrado ser mucho más resistente de lo que Trump y Netanyahu anticipaban. Su valoración fue errónea y han perdido el control sobre los desenlaces.

El último evento en esta cadena fue el abatimiento por parte de Irán de un helicóptero Apache estadounidense.

Esto representa una nueva señal de que los líderes iraníes mantienen la capacidad de causar daños a Estados Unidos y no renunciarán a su voluntad de imponerse en esta contienda.

Para ellos, ganar significa asegurar la supervivencia y fortalecer su capacidad disuasoria, plasmada en el reconocimiento de su dominio sobre el estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más críticas a nivel mundial.

El presidente y sus generales buscarán medir cómo responder a la pérdida del helicóptero: pretenden mostrar con firmeza que no se dejarán amedrentar, pero al mismo tiempo intentan mantener en pie un proceso diplomático que avanza lentamente y sin resultados concretos hasta ahora.

La tripulación del Apache sobrevivió; si hubieran perdido la vida, la reacción probablemente habría sido mucho más severa.

Trump ha apostado por lograr un acuerdo con Irán para reabrir el estrecho de Ormuz y establecer las bases para las negociaciones a largo plazo sobre temas cruciales, como las reservas de uranio enriquecido y el programa nuclear iraní.

La guerra carece de apoyo ciudadano en Estados Unidos y el presidente busca una salida que pueda presentar como una victoria, algo que está resultando complicado.

Seis barcos navegan el lunes por el estrecho de Ormuz, cerca de Bandar Abbas (Irán).

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El plan que salió mal

Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu están aprendiendo una lección antigua.

Desde que la humanidad descubrió el arte y la maldición de la guerra, los líderes han comprobado que iniciar un conflicto es mucho más sencillo que concluirlo con una victoria clara.

Cuando lanzaron a sus países a la guerra contra Irán a finales de febrero, ambos emitieron declaraciones grabadas y eligieron un lenguaje que mostraba la confianza en un cambio histórico inminente.

Confiaban en que el régimen que gobierna Irán desde la caída del sha en 1979 estaba al borde del colapso.

En la madrugada, desde su complejo en Mar-a-Lago, Florida, Trump reiteró la promesa hecha en enero a los opositores iraníes: “La ayuda está en camino”.

“Al gran y orgulloso pueblo de Irán, les digo esta noche que la hora de su libertad está cerca. Refúgiense. No salgan de sus hogares. Afuera es muy peligroso. Caerán bombas por todas partes. Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será de ustedes. Esta será, probablemente, su única oportunidad en generaciones”, afirmó.

Al día siguiente, Netanyahu apareció bajo la luz solar en la azotea de la Kyria, el edificio del Ministerio de Defensa israelí en Tel Aviv, para grabar su mensaje. Como Trump, habló con la seguridad de que la victoria era inminente.

“Esta alianza nos permite lograr lo que he deseado durante 40 años: destruir completamente al régimen terrorista. Esto es lo que prometí y lo que haremos”, declaró.

Teherán atacado

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A lo largo de su carrera política, Netanyahu ha sostenido que la verdadera amenaza para Israel no proviene de los palestinos ni de los países árabes vecinos, sino directamente de Irán.

Intentó en distintas ocasiones convencer a varios presidentes estadounidenses para que se sumaran a un ataque contra Irán, pero sin éxito; en este sentido, Trump representó una diferencia.

Desde que Hamas atacó Israel el 7 de octubre de 2023, Netanyahu aseguró durante más de dos años que las fuerzas israelíes, respaldadas por Estados Unidos, vencerían a sus enemigos y abrirían paso a una etapa de mayor prosperidad y seguridad. La estrategia era la fuerza, no la negociación.

Netanyahu mostró la imagen de un líder listo para actuar en su momento decisivo.

Sin embargo, después de que Trump le ordenara cancelar los planes de atacar Beirut el lunes, el conocido columnista israelí Ben Caspit observó que Netanyahu parecía desinflado.

Caspit, quien es uno de sus críticos más fuertes, dejó claro que la táctica de Netanyahu basada en la fuerza para someter a la región no ha prosperado.

Por qué Irán resistió

Trump esperaba un triunfo rápido. Había observado con satisfacción cómo el ejército estadounidense capturaba al presidente venezolano y a su esposa, los enviaba a prisión en Nueva York e instalaba en Caracas a una sucesora dócil.

Pensaba en un cambio de régimen clásico; mucho mejor que las guerras sin fin que protagonizaron sus predecesores en Irak y Afganistán.

Irán estaba llamado a ser el próximo objetivo.

Ambos líderes deben cuestionarse qué falló. Estados Unidos tiene el ejército más poderoso del mundo y Israel es la potencia militar dominante en Medio Oriente.

Trump y Netanyahu consideraban que el régimen en Teherán estaba debilitado por una crisis económica causada por sanciones, mala gestión y corrupción.

Israel había infligido golpes severos a sus aliados: Hamas en Gaza y Hezbolá en Líbano. Otro aliado clave, Bashar al Asad, había sido removido de la presidencia siria y se había refugiado en Moscú.

En enero, el régimen iraní reprimió violentamente masivas protestas internas, dejando miles de muertos.

Subestimaron la fortaleza, brutalidad y astucia del régimen islámico. Pensaban que eliminar a su líder supremo y principales colaboradores llevaría al colapso interno.

También sobrevaloraron el impacto de la acción militar contra un régimen que ha resistido amenazas durante casi 50 años, que se ha preparado para ataques y que ha desarrollado una doctrina de seguridad nacional sustentada en convicciones religiosas e ideológicas.

Mujer camina en Irán frente a cartel con los ayatolás

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Los estados petroleros del Golfo, aliados de Estados Unidos y, en el caso de Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, también de Israel, han sufrido daños importantes.

No se trata únicamente de la reducción de ingresos por petróleo y productos derivados, como fertilizantes.

Han fundamentado su futuro en crear un entorno estable y generar negocios millonarios en la región del Golfo.

Potenciales inversores y turistas ahora observan cómo la guerra convierte esa perspectiva en un espejismo.

El régimen iraní considera que su persistencia, y la facilidad con la que logró asfixiar la economía mundial al bloquear el estrecho de Ormuz y atacar a sus vecinos árabes del Golfo, se traduce en una fuerza disuasoria a largo plazo frente a Estados Unidos e Israel.

Los reemplazos de la vieja guardia iraní eliminada por Israel y Estados Unidos son tan ideológicos como sus predecesores, pero están mucho más dispuestos a asumir riesgos en esta pelea que perciben como existencial.

Consideran que solo las palabras no serán suficientes para disuadir futuros ataques de Estados Unidos o Israel y quieren probar que cualquier ataque adicional contra Irán tendrá consecuencias severas.

La divergencia entre Trump y Netanyahu

Una parte esencial de la táctica iraní es ligar la guerra en Líbano con la del Golfo.

El mensaje iraní para Trump es que no puede esperar ningún tipo de acuerdo si Israel sigue bombardeando Líbano e intentando aniquilar a Hezbolá, el grupo armado y partido político que respalda desde los años 80 como su primera línea de defensa contra Israel.

Al frenar los planes de Israel de atacar Beirut aduciendo que un acuerdo estaba cerca, una afirmación que ya hizo erróneamente antes, Trump dejó implícito que acepta la conexión entre lo que sucede en Líbano y lo que ocurre en el Golfo.

El lunes, Netanyahu afirmó que no aceptaría tal conexión y la calificó como “intolerable y completamente inaceptable”.

Ataque en Beirut

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El problema es que Trump priorizará sus propios intereses y su deseo de poner fin a la guerra, mientras que Netanyahu se mantiene firme en prolongarla hasta declarar que el régimen islámico en Teherán ha quedado inválido.

Netanyahu anuló un ataque previsto contra Beirut, pero desde entonces las Fuerzas de Defensa de Israel han continuado con fuertes ataques al sur del Líbano.

Cuando el estrecho de Ormuz se cerró en marzo, se emitieron fuertes advertencias sobre el impacto económico global si el bloqueo se mantenía hasta junio.

No solo sigue bloqueada esta ruta marítima clave —que permaneció abierta hasta que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán— sino que, ante la ausencia de avances diplomáticos significativos, parece poco probable que se reabra en el corto plazo.

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