La iniciativa enfrenta un fuerte rechazo generalizado en el gobierno, el parlamento y el sector empresarial, pero las encuestas indican que la votación podría ser reñida.
Líderes empresariales y sindicatos en Suiza están movilizándose antes del referéndum del domingo sobre el límite a la inmigración, que ha suscitado temores sobre graves consecuencias para el empleo y las relaciones comerciales con la Unión Europea.
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La votación girará en torno a una propuesta del partido derechista Swiss People’s Party (SVP) que busca mantener la población de esta próspera nación alpina, actualmente de 9,1 millones, por debajo de los 10 millones hasta 2050.
El SVP, el partido más grande del país, sostiene que la iniciativa, llamada «¡No a una Suiza con 10 millones!», es necesaria para combatir la inmigración «fuera de control», que atribuyen a problemas como trenes saturados, alquileres en aumento y expansión urbana desordenada.
La propuesta enfrenta un amplio rechazo dentro del gobierno, el parlamento y el sector empresarial, aunque las encuestas sugieren que la decisión podría ser muy ajustada.
Organizaciones empresariales importantes y sindicatos la han calificado como una «iniciativa caótica».
Alertan que podría perjudicar la prosperidad en Suiza, donde sectores clave de la economía, desde la investigación médica hasta la construcción y la sanidad, dependen en gran medida de mano de obra extranjera, principalmente procedente de la UE vecina.
En la industria hotelera, «más del 50% de los empleados son extranjeros», señaló Martin von Moos, líder de la asociación sectorial HotellerieSuisse, manifestando preocupación de que la iniciativa agrave la escasez crónica de trabajadores en dicho sector.
Acceso al mercado de la UE en riesgo
Existen también temores de que la iniciativa ponga en peligro importantes acuerdos que vinculan a Suiza con la UE, su principal socio comercial, entre ellos el pacto de 1999 sobre la libre circulación de personas.
El año pasado, más del 50% de las exportaciones suizas totales se dirigieron a la UE, alcanzando un valor superior a los 147 mil millones de francos suizos (€160 mil millones).
«Para nosotros, el acceso al mercado europeo es esencial», destacó Pierre-Yves Bonvin, director de la empresa fabricante de maquinaria textil Steiger, que destina toda su producción a la UE.
Esta compañía, ubicada en Vionnaz, al suroeste, ha trasladado parte de su fabricación a China, pero mantiene en Suiza los equipos de alto valor añadido.
Más de un tercio de los 40 empleados que Steiger tiene en Suiza son extranjeros.
«En Suiza contamos con ingenieros para diseñar, fabricar y ensamblar las máquinas, pero carecemos de especialistas para testear y calibrarlas», explicó Bonvin a la agencia AFP.
«Ya no existe formación en este campo dentro del país, por lo que debemos reclutar a estos expertos en Francia y Alemania», añadió, subrayando que sin estas habilidades sería imposible continuar fabricando estas máquinas en Suiza.
‘La industria quedará relegada’
El SVP ha minimizado estas inquietudes, resaltando que su propuesta contempla cuotas que permitirían la inmigración de cerca de 40,000 personas anuales.
Sin embargo, tales cuotas serían insuficientes y podrían resultar desbalanceadas, advirtió Simon Michel, líder de la empresa de tecnología médica Ypsomed, dedicada a fabricar sistemas de inyección para diabetes.
«La prioridad será para hospitales y cuidados de ancianos, y la industria quedará relegada», anticipó Michel, quien también es legislador por el partido derechista Liberals.
Ante la creciente demanda de tratamientos para la obesidad, su empresa planea contratar alrededor de 100 mecanicos de precisión en los próximos tres años para su planta en Solothurn, cerca de la capital Berna.
No obstante, señaló que la competencia por estos perfiles altamente demandados es intensa.
Aunque dispongan de «un programa amplio de formación profesional», él afirmó que la empresa no podrá capacitar a todos los empleados necesarios y requerirá buscar personal especializado en Francia, Alemania o Polonia.
Los sindicatos también han expresado preocupaciones sobre que la presión a las exportadoras podría forzar su traslado al extranjero, lo que implicaría pérdidas de empleo en Suiza.
La principal organización sindical del país, Unia, advirtió que la iniciativa reduciría las protecciones laborales, eliminaría las reglas que impiden la discriminación entre empleados nacionales y extranjeros y «abriría la puerta al dumping salarial».
Insistió en que la «campaña xenófoba» del SVP «afectará negativamente los salarios de todos los trabajadores en el país».
Fuentes adicionales • AFP

