Numerosas iglesias superan la capacidad del Congreso para su alojamiento

Cuestiones relacionadas con la guerra cultural alimentan poderosos grupos conservadores que ya mantienen enfrentamientos incluso con el PP y Vox, mientras motivan a Alvise.

Pedro Sánchez saluda al papa León XIV a su llegada a España.

Hace veinte años, un sábado de junio de 2005, miles de españoles salieron a manifestarse contra la ley del matrimonio homosexual, que estaba próxima a ser aprobada. La convocatoria fue realizada por el Foro Español de la Familia, contando con el apoyo de la Conferencia Episcopal y el PP. Cerca de quince obispos también se sumaron a la marcha. En esa ocasión, la Iglesia y los populares coincidieron en la calle, una de las múltiples veces en que política y religión se han entrelazado en España. Quizá fue la manifestación más visual, aunque no la única. El catolicismo, y en particular la Iglesia como entidad, ha influido en la política nacional, principalmente en cuestiones relacionadas con la denominada «batalla cultural»: homosexualidad, eutanasia, aborto, inmigración…

Estos temas estarán presentes hoy en el histórico discurso de León XIV ante las Cortes, un acontecimiento sin precedentes en la historia democrática. Sus palabras tendrán una repercusión política inmediata. Actualmente, la postura respecto a la inmigración sitúa a la Iglesia, y en especial al Papa, más cercana a la izquierda, que recibe al Pontífice con coincidencias en su visita a España. El Gobierno ha sido el que mayor entusiasmo ha mostrado ante su llegada, por dos razones: considera que transmitirá un mensaje afín al suyo y ve que, en el contexto actual, ayudará a desviar la atención de los casos de corrupción que afectan al PSOE.

Por otro lado, el PP y Vox han adoptado un perfil bajo en las últimas semanas respecto a la visita del Pontífice, una postura motivada por sus discrepancias con el Vaticano en temas migratorios, aunque contrasta con los posicionamientos demoscópicos. De acuerdo con la última encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, el 68% de los católicos practicantes vota a PP (44%) o Vox (24%), y entre los no practicantes, las derechas también acumulan el 60% del apoyo. En cambio, los no creyentes tienen al PSOE (39,6%) superando incluso la suma de PP y Vox (24,6%). Esto significa que durante la visita de León XIV, los socialistas serán más visibles que los dirigentes de la derecha, aunque probablemente en la calle predominé una mayoría conservadora.

Esta dinámica se ha reflejado incluso en Moncloa. También ocurrió durante los gobiernos populares de José María Aznar y Mariano Rajoy. Ambos incorporaron en el Consejo de Ministros a dirigentes con vínculos religiosos e incluso ligados al Opus Dei. Además, estos ejecutivos diseñaron una hoja de ruta que, en gran parte, coincidía con las posiciones defendidas por la Iglesia, aunque que Rajoy suspendiera la reforma de la ley del aborto provocó tensiones con los obispos y dentro de su propio espacio político.

Esa fue una de las razones que motivaron la salida de Santiago Abascal del PP, proceso que culminó en la creación del partido que hoy representa la oposición desde la derecha. Durante esta década, Vox ha ocupado el espacio que el PP dejó respecto a las posturas conservadoras de la Iglesia, especialmente en temas como el aborto y la eutanasia. Abascal, quien ha otorgado mayor protagonismo al sector católico dentro de su formación –Ignacio Garriga, Jorge Buxadé…-, fundó y lidera un partido que en su último programa electoral defendía el «derecho a la vida desde su concepción hasta la muerte natural», alineado con el Vaticano. Sin embargo, este debate le ha provocado a Vox un conflicto a su derecha, compuesto por organizaciones y lobbies ultracatólicos, lo que evidencia cómo las posturas conservadoras tienen presencia en la política extraparlamentaria.

Del Foro de la Familia que convocó aquella manifestación que unió en la calle al PP y a los obispos, en 2009 se desvinculó Hazte Oír, actualmente entidad principal en esa red contra el aborto y la eutanasia. Y también relevante por su capacidad para influir. ¿De qué modo? Desde 2011, publica antes de cada cita electoral una «guía de voto» donde evalúa a las formaciones según sus valores católicos. En su día su preferido fue Vox; actualmente es Alvise Pérez.

Desde el PP a Vox y Hazte Oír, el espectro de la derecha ha sido históricamente el que más ha destacado los valores del catolicismo. No obstante, en el último año, ese ámbito conservador ha abierto una importante fisura con la Iglesia debido a la gestión de la inmigración. Los obispos respaldan la regularización de extranjeros que apuesta el Gobierno, contraria a la postura de PP y Vox. Abascal no ha evitado enfrentamientos directos con la jerarquía eclesiástica y los populares, quienes, aunque han mantenido un perfil más discreto, han dejado atrás la influencia que la Iglesia pudo tener en su posición. En contraste, la izquierda está más alineada con el mensaje católico sobre inmigración, y es la que recibe con mayores expectativas la visita de León XIV.

En el seno de los socialistas, ha existido siempre un ala cristiana a pesar de las diferencias con la Iglesia en temas como el aborto o la homosexualidad. De hecho, en la estructura del PSOE se encuentra el Grupo Federal de Cristianos Socialistas. Desde Bono a Illa, destacados líderes del partido han mostrado públicamente su fe. Esto no impide, sin embargo, que los socialistas hayan tenido enfrentamientos abiertos con posturas de la Conferencia Episcopal, y viceversa. El año pasado, los obispos llegaron a solicitar un adelanto electoral ante los casos de corrupción.

El catolicismo tiene hoy menor presencia en la izquierda alternativa, donde los desencuentros con la Iglesia española han sido frecuentes, desde Izquierda Unida a Podemos —que no asistirá al Congreso durante la visita del Papa—, y también Sumar. La figura de León XIV es, sin embargo, valorada positivamente por algunos líderes de ese espectro, como Antonio Maíllo, coordinador federal de IU, siempre y cuando concuerde con su postura, desde la paz en Gaza hasta Trump. Una aprobación matizada. En vísperas del viaje, varias organizaciones laicas protestaron en Madrid por el carácter estatal que tendrá la visita papal, especialmente reflejado en el discurso de León XIV ante las Cortes, que según los laicos, sería impensable en Francia.

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