Mundial 2026: La influencia del torneo de fútbol en la dinámica entre los tres países vecinos de Norteamérica

 Mark Carney, Claudia Sheinbaum y Donald Trump.

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    • Autor, Anthony Zurcher, Jessica Murphy y Will Grant
    • Título del autor, BBC News
    • Informa desde, Washington DC, Toronto y Ciudad de México
  • Fecha de publicación 4 junio 2026
  • Tiempo de lectura: 7 min

Se puede comparar con llegar a una cena justo mientras los anfitriones están enfrascados en una discusión acalorada.

Los seguidores del fútbol que viajen a Norteamérica para presenciar la primera Copa del Mundo organizada conjuntamente en el continente se toparán con tres países anfitriones que están atravesando un periodo de notable tensión.

Este torneo —que se disputará en una vasta geografía que incluye 16 ciudades anfitrionas repartidas en tres países— llega después de un tiempo marcado por relaciones conflictivas entre sus organizadores: Estados Unidos, Canadá y México.

Las tensiones subyacentes parecían distantes cuando los líderes de estas naciones se reunieron en Washington DC el pasado diciembre para el sorteo y posaron para una selfie con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

No obstante, colaborar para organizar un evento completo de 39 días probablemente representará una experiencia muy diferente.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha expresado abiertamente que su país es la potencia dominante en el continente.

Esto significa que las tensiones reales entre los tres países en áreas como comercio, migración y narcotráfico —temas que han estado presentes desde que Trump asumió el cargo— podrían resurgir.

Por otro lado, si se maneja adecuadamente, la Copa del Mundo podría fortalecer los vínculos entre estas tres naciones.

Gianni Infantino se toma una selfie con Donald Trump, Claudia Sheinbaum y Mark Carney.

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Conflictos comerciales, turísticos… y Trump

México y Canadá, socios comerciales clave de EE.UU., probablemente no han olvidado que fueron de los primeros países sobre los que Trump impuso aranceles.

Canadá —nación también molestada por los reiterados comentarios de Trump sobre convertirlo en el «estado 51» de Estados Unidos— implementó sus propias medidas de represalia.

Las provincias retiraron de la venta las bebidas alcohólicas estadounidenses y los canadienses pusieron en pausa sus viajes al sur, lo que a su vez irritó a EE.UU.

Según Carlo Dade, director de política internacional en la Universidad de Calgary, estas tensiones entre Canadá, México y EE.UU. han afectado la relación bilateral entre Canadá y México.

Se acusó a Canadá de abandonar a México —o de «dejarlo en la estacada»— justo antes del segundo mandato de Trump, debido a que funcionarios canadienses y estadounidenses afirmaban que México servía como una «puerta trasera» para la inversión china en América del Norte.

«Fue una postura francamente irrespetuosa», comenta Dade.

El premier canadiense, Mark Carney; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; y el presidente estadounidense, Donald Trump.

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Esto ha obligado al primer ministro canadiense, Mark Carney, a trabajar en la reconstrucción de los lazos con México, al tiempo que intenta diversificar los mercados para reducir la dependencia con EE.UU.

Tres países, demasiadas complicaciones

Jamás antes una Copa del Mundo se había llevado a cabo simultáneamente en tres países.

Dado que el torneo 2026 se extiende por un continente entero, se necesitará la coordinación de múltiples autoridades.

Con los espectadores desplazándose entre estas tres naciones para asistir a los encuentros, un endurecimiento de los controles migratorios por parte de EE.UU. podría complicar la logística y agravar los ya tensos ánimos.

A su vez, las preocupaciones de seguridad en EE.UU. —intensificadas por el conflicto armado con Irán— podrían añadir nuevas razones para frustraciones y aumentar la posibilidad de que incidentes menores escalen inesperadamente.

Carney, Trump y Sheinbaum están detrás del escenario durante el evento de la FIFA que se ofició en diciembre. Carney está hablando mientras Trump y Sheinbaum lo miran con atención.

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«Coorganizar eventos deportivos de esta escala no garantiza necesariamente una relación armónica entre los países anfitriones», señala Lindsay Sarah Krasnoff, autora y profesora clínica adjunta de deporte global en la Universidad de Nueva York.

Krasnoff destaca que, aunque la Copa Mundial Femenina 2023 —organizada por Nueva Zelanda y Australia— fue un éxito neto, el torneo masculino conjunto de 2002 entre Japón y Corea del Sur tuvo un efecto «agridulce» en dos naciones con una historia compleja y larga.

«No afectó negativamente la relación bilateral, pero históricamente se ha visto, en cierto sentido, como un empate», agrega.

Por su parte, la FIFA ha expresado grandes expectativas acerca de este modelo, afirmando: «Es un momento en el que tres países y todo un continente proclaman al unísono: ‘Estamos unidos como uno solo para recibir al mundo y organizar la Copa Mundial de la FIFA más grande, mejor e inclusiva en la historia'».

Una calle en Houston, Texas en la que se está instalando una zona para que fanáticos del fútbol puedan disfrutar los partidos. Hay ds trabajadores instalando unas mesas y detrás de ellos se ve una inmensa bota texana de adorno que está instalada en la mitad de la calle

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¿Intentando reparar?

Es probable que los líderes de cada nación quieran aprovechar el torneo no solo para demostrar que mantienen una buena relación con sus vecinos, sino también para responder a las críticas internas.

Esto es especialmente cierto en México, donde ha existido un cierto pesimismo respecto a la coorganización del evento.

Persisten dudas sobre la capacidad del principal aeropuerto de la capital, el saturado sistema de transporte público y el renovado Estadio Azteca.

Además, hace unos meses hubo membresías de cárteles en las calles durante una breve pero intensa oleada de violencia.

Actualmente, el sindicato mayoritario de maestros lleva adelante una huelga nacional en protesta por los sistemas de pensiones y las condiciones laborales, acompañada de manifestaciones masivas que amenazan con bloquear las principales vías de acceso a los partidos.

Su consigna es: «Sin solución (a sus demandas), no habrá saque inicial».

La presidenta de México Claudia Sheinbaum sostiene la Copa Mundial de fútbol

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A pesar de estos retos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, mantiene una postura optimista.

«Es tiempo de ver el mejor fútbol del planeta y de mostrar a todos quiénes somos: no solo una nación con un vasto legado cultural, sino un pueblo con empoderamiento», declaró el año pasado.

No ocultar las dificultades ni disfrazar los problemas que México ha enfrentado en la antesala del campeonato es fundamental, según el periodista deportivo mexicano Rafael Puente.

«Espero sinceramente que los seguidores muestren paciencia y conducta adecuada frente a estos obstáculos evidentes», añade Puente.

«Lo único seguro es la emoción, la ilusión y la expectativa que el pueblo mexicano ha mostrado históricamente, especialmente cuando juega la selección nacional».

Tres países establecen metas más allá del evento

Los expertos indican que si estos tres países vecinos logran gestionar correctamente la coyuntura durante el próximo mes, podrían alcanzar avances importantes.

Actualmente, están en medio de una compleja revisión del histórico acuerdo de libre comercio de América del Norte, conocido como T-MEC.

Este proceso ha generado incertidumbre respecto a una alianza comercial vigente, en diversas formas, desde 1994.

Mientras México ha entablado conversaciones formales con EE.UU., Canadá aún no lo ha hecho.

Canadá —que intenta fortalecer su comercio con China— y México —que ha aumentado aranceles a ese país— siguen caminos distintos frente a la «priorización creciente de Pekín» señalada por la administración Trump, explica Dade, de la Universidad de Calgary.

Trump, Sheinbaum y Carney en el escenario del evento de la Fifa de diciembre

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Sin embargo, la Copa del Mundo representa una ventana para la diplomacia, como se evidenció cuando Trump, Carney y Sheinbaum mostraron sonrisas y unidad durante el sorteo efectuado en diciembre.

«Cada vez que los líderes se reúnen, suele ser positivo», afirma Dade.

Por su parte, Trump —quien frecuentemente proclama que su país es la más «candente» del planeta— ve la Copa del Mundo como una oportunidad para que EE.UU. destaque en el escenario internacional.

Su deseo de atraer la atención —ya sea asistiendo a eventos o publicando en Truth Social— podría generar celos entre sus vecinos y, a largo plazo, perjudicar las relaciones norteamericanas.

No obstante, tiene un interés personal considerable en el éxito del campeonato, por lo que probablemente buscará evitar situaciones diplomáticas que empañen el evento.

El fútbol es un deporte impredecible, como reza el dicho.

Y al igual que el juego mismo, no es posible predecir qué camino tomará este novedoso modelo de coorganización entre tres países.

«Desde el inicio, se sabía que sería algo sumamente complicado y complejo», comenta Krasnoff, «incluso desde que se otorgó la candidatura».

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