El Santo Padre celebró una misa multitudinaria con el propósito de renovar la fe en Europa y Latinoamérica, afrontando el desafío de la modernización: «¿Realmente se puede pensar que Europa sería igual sin la influencia de la fe?»

Desde una vista aérea, no se divisaba ni un solo espacio vacío en kilómetros a la redonda. Los rostros de cientos de miles de personas cubrían el suelo, casi imposible de distinguir en la imagen captada ayer por los helicópteros que sobrevolaban la multitud durante la Santa Misa presidida por León XIV en Cibeles. La Delegación de Gobierno estimó en 1,1 millones la cantidad de fieles congregados a lo largo del Paseo de la Castellana; mientras que la Conferencia Episcopal informó antes de la Eucaristía que se había superado toda previsión, alcanzando 1,2 millones. Tras finalizar el sacramento, esta cifra aumentó hasta 1,5 millones de asistentes.
Con independencia de las cifras exactas, es indiscutible que Madrid albergó la misa con mayor asistencia organizada por Prevost fuera del Vaticano desde su proclamación como Papa. Este éxito refleja que el Catolicismo continúa siendo relevante y que cumple uno de los propósitos centrales de la visita.
La estancia en España no es fortuita ni un mero capricho. Además de retomar el deseo del Papa Francisco de encontrarse en Canarias con personas migrantes, el Vaticano planificó este viaje como un punto de inflexión. En este escenario, Madrid se ha posicionado como un altavoz del catolicismo y una voz que se dirige tanto a la vieja Europa como a Iberoamérica, territorio estrechamente vinculado a España, donde el crecimiento del evangelismo atrae continuamente nuevos fieles. De hecho, una semana antes de la visita del Santo Padre, 35.000 personas alabaron a Jesús en el estadio Metropolitano.
León XIV, complacido por la impresionante cantidad de fieles que desde las seis de la mañana ocuparon las calles de Madrid para asegurar un buen lugar, asignó tareas a los católicos españoles. España, con una tradición católica centenaria que se consolidó con la bula papal que reconoció a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón como reyes católicos en el siglo XV, debe modernizar su Iglesia.
Durante el sermón, tras la lectura del Evangelio según San Juan, anunció que deseaba encomendar «una misión para la España de hoy y del futuro: que la religiosidad que ha animado este país durante siglos no permanezca como un museo del pasado, sino que sea una escuela de fe de la que se pueda beber también en la actualidad», invitando a los presentes. En torno a esta idea, enfatizó que esa escuela de fe «nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse delante del Señor y, al mismo tiempo, despreciar al hermano; una escuela que nos instruye en la gratuidad del amor hecho don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela que nos muestra que Dios está presente y que nosotros también estamos llamados a estar presentes en las circunstancias y retos sociales, a no huir, sino a comprometernos personalmente en la construcción del bien común».

Sus palabras fueron recibidas con una ovación que rompió la solemnidad de la Eucaristía, observada en persona por más de 2.100 ministros ordinarios y extraordinarios. También parroquias de toda España sintonizaron esta misa en sus pantallas, ya que se celebraba el Corpus Christi, la transformación del cuerpo de Cristo en carne. En el momento de la comunión, se utilizaron más de 2.300 cálices, cada uno con 200 hostias, sumando casi medio millón de sagradas formas que recibieron en comunión aproximadamente un tercio de los asistentes. Probablemente, otro récord para este Papa, cuyos actos durante los dos días de visita lo confirman como un Santo Padre de multitudes.
Medio millón de personas lo acompañaron en la vigilia del sábado; el triple el domingo en Cibeles y, por la tarde, alrededor de 20.000 ocuparon las sillas del Movistar Arena. Si en la mañana instó a modernizar la Iglesia, en este recinto deportivo, el Santo Padre se cuestionó: «¿De verdad puede pensarse que Europa —a la que tanto amamos— sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne lo cotidiano? Sigue vigente el llamado de mis Predecesores: ¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada, y nos lo da todo».
Este llamado, a no abandonar la fe y a encontrar a Cristo, constituye el propósito principal de la visita. Por ello, el Papa, fuera del guion previsto, gritó a los jóvenes en la plaza de Lima: «No teman a las vocaciones, al sacerdocio, pero también al matrimonio y la familia, ¡no teman!».
Los mensajes continuarán a lo largo de la semana, ya que Prevost busca despertar conciencias en todos los sectores sociales. Este lunes iniciará con un encuentro en la Nunciatura con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Posteriormente, se dirigirá al Congreso de los Diputados. En una sesión plenaria con ambas cámaras reunidas, por primera vez un Santo Padre hablará ante los parlamentarios. Este momento es uno de los más relevantes del viaje según la Conferencia Episcopal, pues León XIV se consolidará como faro moral frente a quienes representan la soberanía popular. El Papa encarará a los diputados, en un contexto donde el debate político aborda la defensa del derecho al aborto y Vox intenta imponer el concepto de «prioridad nacional». Cabe destacar que el grupo liderado por Santiago Abascal tiene previsto asistir al acto, a pesar de las críticas manifestadas por su dirigente hacia la Conferencia Episcopal.
Por la tarde, otro acto multitudinario tendrá lugar en el estadio Santiago Bernabéu, donde el Santo Padre se dirigirá a la comunidad diocesana española para ofrecer un mensaje de esperanza y motivar a continuar proclamando el Evangelio en sus entornos.
Será el cierre de su estancia en Madrid, ya que el martes, después de despedirse de los voluntarios en IFEMA, partirá hacia Barcelona. Allí seguirán las multitudes, los discursos cargados de significado y el encargo de revitalizar la fe, desde España hacia el mundo, poniendo en valor el título de su encíclica: Magnifica Humanitas.

