Un sacerdote camerunés llegó a España enviado por su obispo con el propósito de formarse en la gestión de proyectos arquitectónicos. La familia española que lo acoge celebra sus logros en compañía del Papa.

Desde su lugar en el Paseo del Prado, la familia Pradas Nicolás apenas lograba distinguir a su «hijo sacerdote». Don Achilles, el sacerdote camerunés invitado a sus comidas familiares cada fin de semana, estaba situado justo delante del altar colocado frente al Ayuntamiento de Madrid para que León XIV celebrara la misa del Corpus.
«Como cristiano, su visita representa algo muy valioso porque llega para fortalecer la fe; y como sacerdote, aporta un sentido a la Iglesia en España. Que su presencia se manifieste por la ciudad ayuda a percibir que aún hay algo vivo dentro de la gente, que mantienen esperanza», comparte desde el porche de la casa de su familia adoptiva.
Recientemente celebraron todos juntos su graduación en Arquitectura, la razón por la que llegó a vivir en España en 2021. «En Camerún, la Iglesia a veces promete proyectos que nunca se concretan. Allí, el arquitecto sólo diseña; en España, además, supervisa el proyecto. Yo había sido responsable financiero de una obra, así que mi obispo, que pensaba enviar a alguien, optó por mí», relata.
Gracias a acuerdos entre ambos países, se instaló en Salamanca, donde aprendió español en tres meses. «Allí me enfoqué en estudiar hasta alcanzar el nivel B2. Luego, al mudarme con un compañero, ¡lo olvidé todo!», rememora entre risas.
Alberto, María e Íñigo, algunos de sus hermanos, recuerdan que al inicio les resultaba difícil comprender sus misas porque «no se le entendía nada». Sus padres, Cristina y Manuel, solían invitar a otro sacerdote, el brasileño Don Manuel, quien propuso integrar al sacerdote camerunés en sus reuniones familiares. «Me dormía porque no entendía las conversaciones», admite el sacerdote, que poco a poco se fue encariñando con la familia que le abrió las puertas de su hogar.
Achilles llegó a la parroquia de Nuestra Señora del Carmen (Pozuelo de Alarcón) en septiembre de 2021, combinando entonces su colaboración en el templo con sus estudios universitarios. «Al principio fue un tormento: misa por la tarde y clases por la mañana, sin entender mucho a los profesores y fatigado tras las jornadas. Un día me recosté para descansar antes de la misa y, por suerte, el párroco pudo celebrarla porque me quedé dormido», recuerda riendo.
Sin embargo, su camino hacia el sacerdocio pudo ser más arduo. Los aproximadamente 4.200 kilómetros que separan Camerún y España le parecieron más cortos que el trayecto que tuvo que cubrir desde su pueblo natal, Obala, hasta una parroquia remota en la que sirvió durante once meses previo al seminario.
«Me levantaba a las cinco de la mañana para tomar un autobús que podían cancelar o no tener espacio. El viaje era muy duro, con constantes paradas para que la gente bebiera o comiera. Fueron 200 kilómetros, llegando a las seis de la tarde», recuerda. Con mucha incertidumbre, un Achilles de 28 años llegó a un pueblo sin cobertura donde debió liderar un grupo de jóvenes en la fe y, además, ir cada día a buscar el agua con la que se aseaban tanto él como el párroco que lo alojaba. «¡Lo llevaba cargado al hombro, eh!», dice alegre mientras imita cómo transportaba los cántaros.
Sentado en la mesa familiar, Achilles rememora cómo aquella experiencia sirvió como antesala a su camino sacerdotal. Asegura haber sentido la vocación desde los cinco años, principalmente porque su madre era profesora en una escuela católica, aunque la perdió entre los 12 y los 15 porque quería ser futbolista. ¿Sus ídolos en España? «Raúl González e Iker Casillas. Eso era lo único que conocía de este país», confiesa. Sin embargo, la vocación de seguir a Cristo resurgió durante su etapa universitaria.
Tras tres años estudiando Filosofía al iniciar el seminario y otros tres de Teología en el seminario Mayor de la Universidad Católica de Yaoundé, la capital de Camerún, Achilles fue ordenado diácono el 5 de agosto de 2017 y sacerdote el 6 de abril de 2018. Después de dos años sirviendo al obispo de su ciudad natal, finalmente viajó a España con 35 años, durante la pandemia de Covid.
«Estamos muy agradecidos porque siempre mantiene una sonrisa y reza mucho por nosotros», añade Cristina. La familia ha acompañado a Don Achilles en toda su etapa universitaria y, por cómo escuchan (y conocen) las anécdotas del sacerdote, se evidencia la unión que han cultivado con el tiempo. Esta conexión se fortaleció aún más cuando el obispo de Achilles, Don Sosthène Léopold Bayemi, visitó Madrid. «Organizamos una comida con todos mis compañeros y el obispo y todos estaban muy contentos», recuerda el camerunés mientras muestra las fotos del encuentro.
Seguramente, la próxima reunión familiar estará llena de anécdotas papales tras haber vivido la visita del Papa León XIV desde diferentes perspectivas: Achilles con sus compañeros en la Vocación, Alberto —el tercer hijo— como voluntario, y Cristina y Manuel con la parroquia. «Es un momento muy especial y, aunque no hayamos visto al Papa de cerca, el ambiente nos contagiará de alguna gracia», anticipa Cristina.

