La expansión de la luz en una de las áreas más oscuras del planeta

La luna anaranjada se deja ver en uno de los centros astronómicos del desierto de Atacama

Fuente de la imagen, Yuri Beletsky (LCO )

    • Autor, Richard Fisher
    • Título del autor, BBC Future
  • Fecha de publicación 6 junio 2026
  • Tiempo de lectura: 10 min

Son las dos de la madrugada en el desierto de Atacama, Chile, y despierto en medio de la oscuridad total.

Dentro de mi habitación, la oscuridad es tan intensa que no se distingue si los ojos están abiertos o cerrados. Intento encontrar mi teléfono con la intención de usar su luz para orientarme, pero entonces recuerdo el lugar donde me encuentro.

Decido moverme con sigilo hacia la puerta trasera, que abre directamente al desierto. Mi pisada va cambiando de la frialdad de las baldosas lisas al crujir de la tierra seca y la arena bajo mis pies. Afuera, reina un silencio absoluto, mientras las estrellas brillan intensamente; el cielo revela una perfección excepcional.

En este entorno natural, apagar las luces ofrece recompensas impresionantes.

"Existen muy pocos lugares en la Tierra con condiciones tan favorables", comenta Itziar de Gregorio-Monsalvo, astrofísica senior en el Observatorio Europeo Austral en Chile. Astrónomos de todo el mundo llegan a esta remota zona del desierto de Atacama precisamente atraídos por la calidad de esta vista.

Sin embargo, cada año, las luces artificiales de las ciudades, las industrias y las explotaciones mineras cercanas van oscureciendo el cielo. Los científicos luchan por conservar esta visibilidad, pero salvo un cambio, uno de los últimos parajes libres de contaminación lumínica humana podría quedar demasiado iluminado para realizar nuevos descubrimientos.

Está en juego la comprensión misma del Universo.

En mi ciudad natal, Londres, el resplandor artificial generado por millones de luces cubre el cielo, ocultando todas las estrellas excepto las más brillantes. En contraste, en el desierto de Atacama el cielo nocturno es más denso y vibrante que cualquier otra experiencia previa.

Me encuentro en Paranal, una sede astronómica gestionada por el Observatorio Europeo Austral (ESO), donde se ubican algunos de los telescopios terrestres más sofisticados del mundo. Gracias a sus cielos despejados y a la escasa iluminación artificial, la región del desierto de Atacama ofrece un entorno ideal para la astronomía profesional.

Contaminación lumínica en el desierto de Atacama.

Fuente de la imagen, ESO/ P. Horálek

Al contemplar el cielo, puedo observar la delgada banda blanca de la Vía Láctea extendiéndose sobre un fondo repleto de puntos luminosos. Con sorpresa, diviso dos manchas verdes que pensaba imposibles de ver sin ayuda: las Nubes de Magallanes, un par de galaxias pequeñas. Su luz viajó por el cosmos durante casi 200.000 años antes de llegar a la Tierra.

Hace más de 200 años, Lord Byron escribió el poema "Oscuridad", un retrato sombrío y apocalíptico de un mundo sin luz. "El brillante Sol se apagó", plasmó, "y las estrellas vagaban oscuras en el espacio infinito". Su temor era un universo completamente oscuro; hoy, nos enfrentamos a su opuesto.

Cada año, la luz artificial proveniente de los alrededores de Paranal se acerca y crece. Aquí, preservar la oscuridad es crucial, pero está en riesgo.

La batalla contra la expansión de la contaminación lumínica en el desierto de Atacama refleja un problema global. La expansión de la iluminación eléctrica ha llevado a que cerca del 80% de las personas en el mundo vivan bajo cielos marcados por este tipo de contaminación.

Una investigación reciente en visibilidad estelar indicó que, a nivel mundial, el brillo del cielo se incrementó casi un 10% anual entre 2011 y 2022 debido a esta contaminación. Si inicialmente una persona podía distinguir 250 estrellas, al concluir ese período sólo podría ver unas 100.

Psicólogos sugieren que esta desaparición de las estrellas puede impactar negativamente en el bienestar mental al romper la conexión humana duradera con la naturaleza.

Por otro lado, ecólogos han comprobado que la luz artificial engaña a animales y plantas haciéndoles creer que es de día, lo que puede alterar su comportamiento y fisiología, afectando el equilibrio de los ecosistemas. Por ello, algunos expertos proponen que la contaminación lumínica sea considerada un contaminante ambiental tan grave como la contaminación química del aire o el agua.

En definitiva, un mundo más iluminado no implica un mundo más brillante.

El Observatorio de Paranal.

Fuente de la imagen, Y. Beletsky/ESO

Las primeras alarmas llegaron desde astrónomos en la década de 1970, cuando científicos en California, Estados Unidos, notaron que las luces de San Francisco afectaban negativamente sus observaciones telescópicas. En ese entonces, se pronosticó que un aumento del 10% sobre el brillo natural del cielo nocturno dañaría profundamente la astronomía terrestre.

Para 2022, dos tercios de los telescopios terrestres más importantes del planeta habían rebasado este nivel crítico.

"Los observatorios astronómicos funcionan como el canario proverbial en una mina de carbón", señalaron los investigadores responsables de este estudio.

"Si no podemos conservar al canario (que emite la alerta temprana) vivo, no habrá posibilidad de abordar la contaminación lumínica como un problema ambiental global".

El estudio identificó que uno de los pocos lugares astronómicos todavía con contaminación lumínica bajo el 10% era el desierto de Atacama.

En la oscuridad

Ubicado en el último refugio de oscuridad en un mundo cada vez más iluminado, el observatorio Paranal de ESO, respaldado por un consorcio de países europeos, aloja una serie de instrumentos avanzados para la exploración del cosmos.

Entre estos destacan el Very Large Telescope (VLT o Telescopio Muy Grande) y su hermano mayor, el Extremely Large Telescope (ELT o Telescopio Extremadamente Grande), cuya construcción se prevé culminar en 2027.

En este lugar se han logrado algunos de los hallazgos astronómicos más relevantes del siglo XXI, desde la primera imagen directa de un exoplaneta hasta el seguimiento de trayectorias estelares que confirman la existencia de un agujero negro supermasivo en el corazón de la Vía Láctea.

Al arribar, se percibe de inmediato lo valiosa que es la oscuridad aquí. Por la noche, persianas, contraventanas y toldos bloquean todas las ventanas.

El diseño del complejo está orientado a impedir la entrada de luz. Carteles con el eslogan "La oscuridad es belleza" recuerdan a las personas bajar persianas o apagar linternas al exterior. Tras el anochecer, los conductores deben usar veículos sin las luces principales encendidas.

Situado a 2.600 metros (8.500 pies) de altura, se tarda hasta dos horas en llegar a Paranal desde Antofagasta, la ciudad más cercana, a 130 kilómetros (81 millas). Más allá de las carreteras, no hay signos evidentes de presencia humana en ninguna dirección; sólo se extienden el desierto ondulado y el océano Pacífico.

La razón por la que esta y otras áreas del desierto de Atacama han permanecido oscuras es sencilla, explica Eduardo Unda-Sanzana, astrónomo de la Universidad de Antofagasta y una voz destacada en Chile que alerta sobre la contaminación lumínica.

"No se debe especialmente a medidas de protección estrictas, sino a la escasa presencia humana: las grandes distancias en el desierto de Atacama han sido más efectivas que cualquier norma. Han sido la auténtica defensa de estos espacios oscuros", señala.

No obstante, el crecimiento de Antofagasta comienza a afectar los límites de las observaciones astronómicas.

Además, el número de satélites en órbita también ha aumentado: durante mi estancia observé una formación de entre 20 y 30 satélites cruzando el cielo, uno tras otro, todos visibles sin ayuda.

Para los astrónomos, los satélites todavía son un problema controlable, pero si compañías como SpaceX materializan sus planes, podrían lanzarse miles que interfieran en la astronomía, o incluso un millón si se desarrollan satélites como nodos de datos orbitales para inteligencia artificial.

La mayor amenaza cercana para Paranal y otros observatorios es la industria: las minas y plantas energéticas se están aproximando.

"Llevamos años monitoreando el avance de la contaminación lumínica", indica de Gregorio-Monsalvo, portavoz de ESO en Chile. "Hace cuatro o cinco años detectamos un aumento significativo en la contaminación lumínica con un número creciente de industrias acercándose a Paranal".

Situado en el tercio norte de Chile, entre dos cordilleras, el Atacama es posiblemente el desierto más antiguo de la Tierra, con una aridez extrema que se remonta al menos a 3 millones de años.

Fuente de la imagen, Getty Images

Recientemente, estos temores se materializaron en una amenaza concreta: un megaproyecto industrial llamado complejo Inna, gestionado por AES Andes, cuya construcción se planteó a pocos kilómetros de Paranal.

Un análisis de ESO, realizado en 2025, señaló que Inna podría elevar la contaminación lumínica sobre varios telescopios hasta un 50%, además de incrementar la turbulencia atmosférica y las vibraciones, deteriorando todavía más las observaciones.

A comienzos de 2026, AES Andes comunicó que había decidido cancelar el proyecto, alegando prioridades comerciales distintas y no las objeciones científicas. "Aunque el proyecto Inna es compatible con otras actividades en la zona, AES Andes optó por enfocar sus esfuerzos en energías renovables y almacenamiento energético", informó la empresa a la BBC.

Para los astrónomos, sin embargo, este capítulo no cierra la problemática. Ante la ausencia de avances en la regulación de contaminación lumínica en Chile, temen que la situación se agrave.

"Los marcos legales son idénticos a los de hace un año… no existe una solución firme aún", dice Unda-Sanzana. "Si perdemos la urgencia, en 2026 podrían presentarse nuevos proyectos y enfrentaríamos la misma crisis".

Una parte del problema, según Unda-Sanzana y De Gregorio-Monsalvo, reside en que las decisiones sobre el impacto ambiental de estas industrias se basan en un límite del 10% de aumento permitido en contaminación lumínica, un parámetro establecido en los años 70.

"Si no rebasan el 10% de aumento de contaminación lumínica, cumplen los requisitos para construir", explica De Gregorio-Monsalvo.

Para un lugar como Paranal, cualquier incremento mayor al 1% representa un daño considerable. "En los años 70 no se conocían lugares como Paranal. Permitir un aumento del 10% es prácticamente destruir el sitio", expone Unda-Sanzana.

Instalaciones mineras en el desierto de Atacama.

Fuente de la imagen, Getty Images

En 2025, la Unión Astronómica Internacional actualizó sus pautas y redujo drásticamente el límite del 10%, estableciendo un tope individual para cada lugar según sus particularidades.

Como Paranal es uno de los seis únicos observatorios profesionales en el mundo con contaminación lumínica por debajo del 1%, las nuevas directrices instan a conservar cuidadosamente esta oscuridad.

Aun así, según los astrónomos, aunque la industria respetara estos límites, podría no ser suficiente, dado que la aplicación de estas normas actualmente resulta deficiente.

Además, la regulación actual permite que dos desarrollos industriales sean aprobados de forma individual, pero juntos podrían producir luz superando el límite. "La suma de estas luces podría destruir el cielo", advierte Unda-Sanzana.

Los científicos presionan para que se adopte una norma secundaria que habilite a las autoridades chilenas a intervenir si la contaminación lumínica en la región excede ciertos niveles.

"Esta norma permitiría que el gobierno actúe y diga: ‘Necesitamos descontaminar esta zona’… reducir iluminación, cambiar tecnologías o recuperar el ambiente", explica Unda-Sanzana.

Aunque puede parecer un problema local, lo que sucede en el desierto de Atacama tiene implicaciones a largo plazo para toda la comprensión científica humana sobre el cosmos.

Si bien es posible enviar telescopios al espacio para evitar la contaminación lumínica, estos cumplen funciones distintas. Por ejemplo, el Telescopio Espacial James Webb ha sido noticia por sus descubrimientos, pero los astrónomos también requieren los grandes espejos terrestres para obtener mayor resolución.

El futuro ELT, con un espejo de 39 metros de diámetro, es demasiado grande para ser lanzado en un cohete.

Si dejamos que la luz humana siga invadiendo el cielo, no solo se dañará la ciencia, sino que, advierten los astrónomos, el riesgo mayor será perder la conexión con la galaxia y el Universo en los que vivimos.

Tras despertarme a las 2 de la madrugada y contemplar el cielo deslumbrante del desierto de Atacama, reflexioné sobre el escaso tiempo que suelo dedicar a mirar las estrellas y cómo el resplandor artificial en mi ciudad es tan constante que ni siquiera advierto lo que oculta.

La oscuridad pura es cada vez más difícil de hallar. "Estamos ante un problema de escasez", comenta Unda-Sanzana.

"Hace medio siglo, el mundo estaba lleno de cielos oscuros. Lo que antes abundaba hoy es extremadamente raro. Son ambientes en peligro que estamos a punto de perder si no los protegemos. No habrá alternativa si perdemos esta batalla".

*Este artículo se actualizó el 29 de mayo para aclarar que la luz de las nubes de Magallanes tarda 200.000 años en llegar a la Tierra, y no 200 años como se indicaba anteriormente.

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