El mercado laboral presenta un desequilibrio estructural de 18 horas semanales entre las horas efectivamente trabajadas y las deseadas, siendo los sectores con alta estacionalidad, como la hostelería, el comercio y los servicios, los más afectados

Más de 1,6 millones de españoles trabajan menos horas de las que quisieran, con una media semanal de 21,7 horas frente a las 40,1 que desearían. Esta diferencia representa una brecha de 18,4 horas semanales. Este subempleo afecta mayoritariamente a mujeres y jóvenes, restringiendo sus posibilidades de desarrollo tanto profesional como personal, concentrándose principalmente en sectores muy estacionales, como la hostelería, el comercio y los servicios.
Aunque el subempleo ha disminuido desde su pico histórico en 2013, continúa siendo “un indicador de ineficiencia laboral que limita la productividad y acentúa las desigualdades”, según un informe elaborado por Asempleo a partir de datos de la Encuesta de Población Activa.
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El estudio define como subempleados por insuficiencia de horas a aquellos trabajadores que cumplen simultáneamente tres condiciones: trabajan menos horas de las que quisieran, están dispuestos a aumentar su jornada en las dos semanas siguientes y han buscado activamente más empleo o están disponibles para ampliar su carga laboral.
Desajuste entre formación y empleo
En este marco, el nivel educativo también influye en la incidencia del subempleo. Los trabajadores con educación superior suponen 576.000 subempleados, un 35,3% del total, mientras que aquellos con educación secundaria representan 498.100, equivalente al 30,6%.
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Estos datos indican que el subempleo no está limitado a la baja cualificación, sino que refleja “un desajuste estructural entre la oferta formativa y las oportunidades laborales”, precisa el informe.
“Medir el subempleo implica medir la demanda laboral insatisfecha de quienes ya forman parte del mercado de trabajo. Su persistencia señala una asignación ineficiente entre la oferta y la demanda laboral, además de una insuficiente intermediación. Por ello, reducirlo requiere actuar simultáneamente en ambos frentes”, señala Andreu Cruañas, presidente de Asempleo.
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Desde su perspectiva, el subempleo funciona también como factor que amplifica las desigualdades existentes: “Al concentrarse mayoritariamente en mujeres, jóvenes y quienes tienen menos estabilidad laboral, refuerza trayectorias laborales segmentadas, con menores posibilidades de avance y un mayor riesgo de desempleo”, apunta Cruañas.
Desigualdades por género, edad y sectores
El informe destaca disparidades en función del género, la edad y el sector económico. De los 1,6 millones de subempleados en el primer trimestre de 2026, un 58,4% eran mujeres frente al 41,6% que representan los hombres, reflejando tanto la parcialidad involuntaria como el impacto de las responsabilidades de cuidado y la concentración en sectores de alta rotación.
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Por grupos etarios, se observan diferencias notables. Los jóvenes de 20 a 24 años mantienen niveles de subempleo semejantes a los de 2014, afectando a cerca de 177.000 personas, evidenciando las dificultades para acceder a empleos con pocas horas y limitada experiencia.
En cambio, el grupo de 25 a 34 años ha reducido el subempleo en un 41,4% comparado con 2014, situándose en 409.300 personas, lo que indica ciertos avances hacia empleos más estables.
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Servicios, el sector más afectado
En términos sectoriales, el sector de servicios concentra el 86,6% del subempleo, sobresaliendo la hostelería, el comercio y los servicios administrativos. A continuación, la industria disminuye su subempleo de forma constante, mientras que la construcción registra un leve aumento relacionado con la reactivación de su actividad.

En este sentido, “la subutilización persistente del potencial de la fuerza laboral representa una pérdida económica significativa para el país, en un contexto donde incrementar la productividad es vital para asegurar la sostenibilidad del estado del bienestar y la competitividad global”, advierte Cruañas.
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Cuando se desea trabajar más y no es posible
Respecto a las horas trabajadas y las deseadas, el informe indica que en el primer trimestre del año los subempleados laboraban en promedio 21,7 horas semanales, mientras que aspiraban a alcanzar las 40,1 horas. Esta diferencia de 18,4 horas semanales evidencia, según el estudio, que el subempleo constituye un fenómeno estructural y no temporal. Esto impacta directamente en la estabilidad económica y social de los trabajadores y representa un desaprovechamiento del capital humano disponible.
La situación podría agravarse con la implementación de la inteligencia artificial y la automatización en procesos del sector servicios, ya que podría disminuir la demanda de ciertos perfiles laborales, reduciendo aún más sus jornadas.
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El informe también señala que el crecimiento sostenido del turismo y la hostelería en España —ámbitos principales de subempleo— “podría absorber parte del subempleo actual si se adoptan modelos de gestión de jornada más flexibles”. Además, la digitalización de los servicios de intermediación laboral mejora el ajuste entre trabajadores y empleadores, acortando el tiempo en que un trabajador permanece en situación de subempleo involuntario.
Para afrontar este reto, Cruañas sostiene que la colaboración público-privada en materia de intermediación “es una de las vías más efectivas para reducir la brecha entre la oferta y la demanda de horas laborales”.
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