Las claves
El general Antonio Budiño señala la desviación de Vox, acusando al partido de poner en duda la Transición, la Constitución y la figura del Rey.
Budiño fue suspendido como militante después de adherirse al manifiesto de Barajas, que demandaba democracia interna y mayor transparencia en Vox.
Acusa a Santiago Abascal de rodearse únicamente de líderes que no supongan competencia para él y de haber transformado a Vox en un partido carente de principios definidos.
Budiño critica la ambigüedad de Vox en temas como política exterior, aborto y fidelidad a la Corona, señalando una pérdida clara de dirección ideológica.
Antonio Budiño, general en la reserva del Ejército de Tierra (Pontevedra, 1955), fue candidato al Congreso por la provincia de Pontevedra en las dos elecciones generales de 2019.
No obstante, la dirección de Vox le abrió un expediente disciplinario y le suspendió como militante en agosto de 2025, tras sumarse al manifiesto de Barajas, donde un centenar de cargos y afiliados exigían democracia interna, transparencia en las cuentas y un regreso a los principios fundacionales.
Actualmente, expresa sentirse «decepcionado» con Abascal, a quien acusa de eliminar a todos los líderes dentro del partido que podrían eclipsarlo: «Es similar a un artista que no admite en su coro a bailarines que sean más altos o atractivos que él».
El general Budiño considera que Vox se ha «podemizado» hasta el extremo de cuestionar la Transición, la Constitución y la figura del Rey.
Antes de su corta incursión en Vox, el PP de Pablo Casado le ofreció ser candidato a la Alcaldía de Ávila, donde reside desde hace dos décadas, pero rechazó la propuesta. Su hijo, José Ramón Budiño, fue uno de los fundadores de Por Ávila, partido que actualmente gobierna en la capital.
Como militar, Antonio Budiño participó en misiones internacionales en Croacia, Albania e Irak. En 2013 alcanzó el rango de general de División del cuerpo de Intendencia y fue nombrado jefe de la Dirección de Asuntos Económicos del Ejército de Tierra. Pasó a la reserva en 2018, un año antes de comenzar su etapa política.
¿Cómo logró Abascal convencerle para presentarse al Congreso por Pontevedra?
Me propuso ir a, como él decía, tierra comanche, porque no era una tarea sencilla. Fue otra forma de servir a España, como lo hice durante los 45 años que permanecí en activo.
No logré el escaño, pero al menos obtuve más de 38.000 votos, dejando una buena impresión. Sentí ese cosquilleo que genera cuando miles de compatriotas te apoyan. Fue una responsabilidad que luego noté que otros no compartían.
¿Por qué decidió abandonar Vox en 2025 tras una experiencia política agridulce?
Sabía que entraba en un mundo distinto al militar, donde los valores no se expresan verbalmente porque se ejercen diariamente. Me integré en un partido que pensé que se basaba en principios de lealtad, honestidad, sacrificio y servicio, por lo que creía que podíamos lograr algo para España.
Mis desencuentros con Vox comenzaron tras las segundas elecciones de 2019. Concluida la misión que me encomendó Santiago, observé situaciones que no me agradaron. Ahí iniciaron los nombramientos arbitrarios y el nepotismo.
Abascal no fue receptivo; le pedí hablar cinco minutos y aún espero esa respuesta. No fui yo quien rompió primero. Cuando intentamos abrir un espacio de reflexión en Vox, su reacción fue castigarme con cuatro años de suspensión. Entonces pensé: ¿por qué esperar cuatro años? Prefiero irme.
Macarena Olona describe en su libro una experiencia parecida, tras las elecciones andaluzas, cuando Abascal dejó de responderle. ¿Es tan distante en lo personal?
No mantuve una relación cercana con él. En mis dos campañas no forjamos amistad, pero siempre fue cortés conmigo. Cuando me veía en actos, incluso si yo estaba en la penúltima fila, se acercaba, me abrazaba y saludaba con afecto. Fue así durante los cinco o seis meses que dure mi etapa activa en Vox.
Nunca le pedí favores. Sólo una vez sugerí que hiciera un mitin en Vigo durante la campaña de noviembre de 2019, que no estaba previsto. Me dijo: ‘Te lo concedo, mi general, porque nunca me has pedido nada’. Finalmente, el evento tuvo 3.000 asistentes, con mucha gente que no pudo entrar.
La lealtad no equivale a servilismo ni sumisión. En el ejército se practica así, pero no veo lo mismo en política. Esa ha sido mi desilusión. No guardo rencor, pero creo que Vox se ha convertido en un negocio para unos pocos, más que en un partido.
¿Percibía que la voluntad de Abascal estaba controlada por un grupo compuesto por la familia Ariza y su asesor Kiko Méndez-Monasterio?
En aquella época era diferente. Todo eso lo he leído después: que es un negocio de unos pocos, que ha cedido a intereses económicos… Al final, con Vox ha aflorado lo peor de la política, opuesto a lo que defendíamos.
Si se revisa el manifiesto fundacional de los creadores de Vox, reivindica la libertad de expresión, democracia interna y transparencia. ¿Qué ha pasado con eso? Hoy ni siquiera se considera un partido político. Los que votábamos al PP y nos decepcionamos con Rajoy, buscamos en Vox una alternativa.
Pero resultó ser una cáscara vacía, una fachada sin contenido. Ha caído en los mismos errores que criticaba en otros partidos. Siempre justifican acciones en beneficio del partido… ¿Pero cuándo hablarán de España? ¿No vinimos para trabajar por el bien, progreso y bienestar de España y sus ciudadanos?
En resumen, lo importante es que el partido esté conforme, que se le obedezca y que siga creciendo en poder.
¿Transmitió a Abascal su descontento por esta situación?
Le envié dos cartas y ni siquiera obtuve respuesta, sólo el acuse de recibo de su secretaria. Fue tras una reunión de los desencantados de Vox; algunos aún tenían cargos. Nos juntamos en un hotel de Barajas, llegaron cien personas de diversos lugares como Ferrol, Oviedo, Baleares y Canarias.
Allí expresamos que no queríamos causar daño, sino plantear qué estaba ocurriendo en el partido. Lo reiteramos en una segunda carta, sin recibir contestación, firmada en nombre de todos por mí.
Posteriormente, publiqué una carta abierta en redes acusándole de cobardía y mentira. Cobarde, porque nunca tuvo el valor de mirarme a la cara o recibirme. Mentiroso, porque lo que decía acerca del partido no era cierto. Para mí, sigue siendo un cobarde y mentiroso.
Vox ha expulsado últimamente a dirigentes destacados como Ortega Smith, Iván Espinosa, Rocío Monasterio, García-Gallardo y Antelo en Murcia. ¿Cree que Abascal elimina a quienes podrían opacarlo o no tolera disidencias?
No me considero un experto en la situación actual de Vox. Algunos nos fuimos voluntariamente, otros fueron forzados y algunos expulsados directamente.
Un líder mediocre e inseguro nunca va a estar rodeado de personas que destaquen más que él.
Si uno tiene inseguridad y debe aislarse para evitar amenazas, o colocarse en un pedestal como intocable… No quiere ser primero entre iguales si dentro de esos iguales hay quien puede superarlo.
Se dice que designa candidatos en autonomías que son anodinos, desconocidos. Le pasó lo mismo con Macarena: para evitar que alguien destaque más que él, mejor cortarle las alas.
Es como artistas que no aceptan bailarines en coros que puedan ser más altos o atractivos que ellos.
Usted también ha sido crítico con el giro en la política internacional de Vox. En redes calificó a Abascal como un «limpiabotas de Trump».
Ahora me gustaría preguntar a Vox cuál es su política internacional. ¿Está a favor de la Unión Europea? ¿Quiere salir de la OTAN? ¿Es aliado de Putin?
El interés de España debe prevalecer por encima de todo. Si se forman alianzas basadas en simpatías o beneficios personales, ¿qué sentido tiene? Si estamos en Europa, ¿con quién estamos: patriotas, no patriotas o los más patriotas?
¿Considera un error que Vox rompiera en Europa con el grupo de Meloni para unirse a los Patriots de Viktor Orbán?
Hasta donde sé, sí lo fue. Si se comparan los ideales y acciones de unos y otros en Europa, esa decisión no parece acertada. Me gustaría que explicaran las razones, eso es transparencia.
Si integrabas un equipo y cambias, al menos explica tus motivos a afiliados, simpatizantes y al público, porque no hay nada que ocultar.
¿La alineación con Orbán ha provocado una postura ambigua en Vox respecto a Putin y la guerra en Ucrania?
Supongo que sí, aunque esa pregunta deberían responderla ellos. Los demás aguardamos expectantes.
Ahora resultan antisistema. Hay banderas con perforaciones porque no reconocen un escudo que no está en la Constitución, sino definido por real decreto.
¿Qué intención tiene eso? Pretenden negar la Transición. El bipartidismo… existe porque la gente vota por él. ¿Acusamos a los votantes o a la Constitución? Es una locura mental.
Y, sobre todo, ¿qué pasó con el lema: por España, todo por España, siempre por España? No lo he oído últimamente en campaña, lo han olvidado. Ahora todo es por Vox.
¿Hacia dónde van? ¿Aspiran a ser un partido bisagra, cuando Vox nació con vocación de gobierno? Muchos que veníamos desilusionados porque el PP perdió rumbo, ahora vemos que Vox repite ese camino. No entiendo esa mentalidad confusa.
¿Esta confusión alcanza también al programa económico? Vox apoya las políticas liberales de Milei en Argentina, pero su nuevo portavoz de vivienda, Carlos H. Quero, tiene un discurso que se acerca más a Podemos.
Seguimos en la ambigüedad. Vox surgió de una derecha liberal conservadora que no encajaba en el PP, que se desplazó hacia un centroizquierda difuso.
Cuando nació, defendía una política liberal con reducción de impuestos y apoyo al libre mercado. Pero ahora, Vox se ha podemizado. No solo en vivienda, sino en querer imponer y no dialogar.
Vox parece haber adoptado la agresividad en redes sociales de Podemos. Exdirigentes han sufrido ataques desde la propaganda del partido. ¿Le ha ocurrido a usted?
No sé si era el aparato del partido. He presentado una denuncia por delito de odio, que sigue en trámite. Por expresar mi opinión, alguien cercano a Vox me amenazó con un juicio sumarísimo y fusilamiento al amanecer.
Mi amigo, el general Agustín Rosety, tuvo que abandonar las redes por no soportar esos ataques. Quizá yo, como gallego, resistí más. Me puse la gabardina, abrí el paraguas y aguanté la tormenta.
Luego se cansaron. Bloqueé a cientos de fanáticos y sectarios porque no valía la pena. Sigo en redes porque me entretengo y me divierte.
Me han atacado, agredido y amenazado representando a Vox. Ninguno de esos individuos me conocía, no había vínculo personal ni enemistad, solo representaba algo.
Y cuando das la cara y nadie te apoya, es otra señal que sumó a mi decepción: esto no es lo que parecía.
¿Se ha podemizado Vox en este aspecto? Sí, han adoptado todo lo negativo que Vox iba a limpiar algún día.
Hazte Oír critica a Vox por aceptar regular el aborto mediante una ley de supuestos en lugar de la ley de plazos vigente. ¿Ha traicionado Vox sus principios o adopta una postura pragmática?
Ha retomado la ambigüedad, queriendo «soplar y sorber al mismo tiempo». Si se declaró radicalmente contraria al aborto para defender la vida, fue por algo.
Quizá adoptó una posición intransigente al principio y se debe explicar mejor lo de los supuestos: violación, peligro para la vida o estabilidad mental de la madre, etc.
Pero hablamos de vida. Si eres provida y ahora cambias, debes justificarlo. Volvemos a la ambigüedad o a esa locura mental.
Me duele, porque España necesita un partido fuerte a la derecha, sólido y valiente, que enfrente a la izquierda radical que padecemos.
En manifestaciones convocadas por Revuelta en Ferraz, se atacó al Rey por ser demasiado tibio. ¿La dirección de Vox también ha faltado a la lealtad al Rey, a quien debería dejarse fuera de la política?
Están cuestionando la Constitución. Señores, la mejor forma de respetar la Constitución es cumplirla, porque desde 1978 se ha incumplido sistemáticamente. ¿Por qué no intentamos ser estrictos con ella?
El Rey es una figura constitucional y debe estar por encima del discurso político. Reina, pero no gobierna, por tanto no se le puede exigir gobernar ni criticar por no hacerlo.
Abascal cometió un error al dejar de acompañar al Rey en actos oficiales con la excusa de no querer estar donde esté Pedro Sánchez. No se deben mezclar temas. En Congreso, puede criticar a Sánchez todo lo que quiera y controlar al Gobierno.
Pero al Rey no se le toca. Se pueden hacer críticas, pero no faltas de respeto. Insultar llamándolo «felón», «Borbón», y otros términos, es cruzar un límite.
El manifiesto fundacional tenía muy claro el respeto a símbolos del Estado: Rey, bandera e Himno. Solo falta ver el himno con burlas, bandera sin escudo y al Rey increpado. Esa fue otra gran discrepancia que tuve.
¿Cuál fue la verdadera causa de la ruptura entre Vox y su organización juvenil Revuelta?
Nunca me gustó esa organización. En Ávila me enfrenté a ellos una vez, serían 15 o 20 personas.
Iban encapuchados y embozados, sin mostrar el rostro. Empezaron a insultar a las fuerzas del orden llamándoles «ratas», «traidores» y «vendidos». Me acerqué y pregunté: «¿Quiénes sois vosotros?». Ahí escuché por primera vez lo de Revuelta.
Había jóvenes y menos jóvenes, con mucha testosterona. Luego surgió el asunto de la dana, que no sé cómo terminó o si quedaron limpios. Es el miedo a dar explicaciones y mostrar la cara.
Han sido tantos problemas acumulados que, monedita a monedita, el partido ha perdido su esencia.

