Felipe VI regresa a su internado en Canadá después de 40 años: «Fue donde crecí y adquirí mis valores»

El Rey, nombrado patrón honorario de la institución, destaca la educación como un elemento inseparable del avance

Felipe VI, durante su visita al Lakefield College

El Jefe del Estado, Felipe VI, concluyó su viaje oficial a Canadá con una visita de carácter muy personal. Este jueves, el Rey cerró sus actividades en el país con un recorrido por el Lakefield College, el internado donde cursó su último año escolar. En ese lugar, cuando era heredero al Trono, vivió su primera experiencia fuera del hogar, conoció su primer amor y pasó un curso interiorizando valores que aún forman parte de su carácter.

Así lo reveló durante su intervención en el colegio, donde inauguraron un próximo centro de estudios que llevará su nombre. El Rey llegó a la residencia principal y fue recibido por la directora, Anne-Marie Kee. También estaban presentes exalumnos con quienes compartió tiempo en el internado, del que ahora es patrón honorario.

Con evidente satisfacción y «profunda emoción», afirmó que en los meses que residió en Canadá encontró «no solo conocimientos académicos, sino también una forma de entender el mundo… y de vivir en él; con mayor armonía, respeto hacia los demás y tolerancia hacia nuestras diferencias», enumeró. Fue la primera vez que el Príncipe dejó el Palacio de la Zarzuela para vivir lejos de casa. Esta experiencia le sirvió: «Crecí y maduré en valores como el esfuerzo, la amistad y el compromiso. Aquí comprendí de verdad que la educación no es solo una etapa de la vida, sino la base sobre la cual se configura una existencia».

El Rey, durante su estancia en Canadá en 1985

Han transcurrido cuatro décadas desde entonces, pero el Rey conserva ciertas anécdotas que permanecen imborrables en su memoria. Recordó un simulacro de incendio «en un crudo invierno canadiense», una situación que obligó a los estudiantes a permanecer «al aire libre, bajo el cielo abierto, soportando temperaturas que rondaban los veinte grados bajo cero». También evocó las «excursiones en canoa, rodeados de osos y moscas negras». Momentos que, reflexionó, ahora percibe como un trayecto que le ayudó a prepararse para sus siguientes etapas formativas: los tres años en las academias militares españolas. Sin embargo, destacó que lo más valioso que obtuvo del internado fueron los amigos.

«La educación es uno de los grandes pilares sobre los cuales se sostienen nuestras sociedades», concluyó el Monarca, enfatizando que «es inseparable del progreso y también crucial para la vitalidad de nuestras democracias». Además, subrayó que «la educación no impone ideas; más bien, nos permite pensar, cuestionar y comprender. Al hacerlo, aprendemos no solo a conocer, sino también a discernir; no solo a expresarnos, sino también a escuchar; y no solo a buscar lo mejor para nosotros mismos, sino también a aportar a los demás. El pensamiento crítico, junto con la preocupación por el bien común, nos convierte en ciudadanos mejores: más generosos, solidarios y comprensivos».

En ese sentido, el Rey quiso resaltar la labor de los profesores como «el corazón de la misión«. Su trabajo, reivindicó, «trasciende ampliamente la simple transmisión de conocimientos».

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