Experiencias secretas de catas de vino para aficionados en un pueblo de Cuenca

Bajo las calles de un municipio conquense se oculta una vivencia que fusiona vino, historia y patrimonio en lugares poco convencionales. Una opción distinta para quienes desean explorar la tradición vitivinícola desde su interior

Foto: Las catas clandestinas que son el mejor plan para los amantes del vino. (Instagram/@danielpenaalonso)
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Unas catas clandestinas bajo tierra se han transformado en una de las opciones más originales para los amantes del vino en la provincia de Cuenca. La iniciativa une degustación, patrimonio oculto y memoria local en espacios subterráneos que durante mucho tiempo quedaron fuera del circuito turístico, pero que hoy recobran interés entre quienes buscan propuestas singulares.

El proyecto se lleva a cabo en Tarancón, donde el cocinero e investigador Daniel Peña impulsa la recuperación de antiguas cuevas-bodega ligadas a la tradición vitivinícola del pueblo. Su labor parte de una investigación previa sobre la historia local del vino, en la que documentó numerosas bodegas y cuevas excavadas bajo las calles. A partir de este punto, los vecinos y dueños comenzaron a aportar nuevas informaciones acerca de espacios conservados en propiedades privadas, lo que permitió ampliar la catalogación de este patrimonio. Algunos de estos refugios se encuentran en buen estado, mientras otros han sufrido abandono, filtraciones y el desgaste típico del paso del tiempo.

Una experiencia cultural bajo las calles de Tarancón

Estas catas clandestinas en Tarancón no son una degustación habitual. Antes de catar los vinos, los asistentes recorren varios puntos del municipio, donde Peña detalla cómo se desarrolló la localidad y cuál fue el rol de la industria del vino en su crecimiento. El paseo concluye en una de las cuevas o bodegas seleccionadas, siempre con grupos reducidos y en lugares que se revelan poco antes del evento. El vino forma parte del plan, aunque la divulgación histórica es el eje central de la iniciativa. En algunas sesiones se añaden música, literatura u otras actividades culturales, siempre según el espacio disponible.

El carácter discreto de los sitios añade un plus a una propuesta que ha superado las expectativas iniciales. Los grupos son pequeños ya que muchas cuevas son propiedad de particulares y, a veces, el acceso se realiza a través de casas privadas. Lo que comenzó como una oferta reducida se ha consolidado con varias jornadas completas y nuevas convocatorias. Además, el proyecto va más allá de lo turístico: Peña busca reunir a los dueños, avanzar en la catalogación y explorar formas de conservación con apoyo institucional. Su meta final es que estas cuevas-bodega de Tarancón dejen de ser un patrimonio olvidado y puedan vincularse con otras iniciativas semejantes de Castilla-La Mancha, como ya existen rutas del vino.

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