Mientras los conflictos se expanden y la confianza en Washington disminuye, Europa se está rearmando y preparándose para un escenario en el que quizá deba defender sus intereses sin depender de Estados Unidos.
Europa enfrenta una cuestión que hace tiempo parecía impensable: si todavía puede confiar en otros para garantizar su seguridad.
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Desde la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia y el conflicto en Oriente Medio, hasta el creciente enfrentamiento entre Estados Unidos y China, la Unión Europea se encuentra expuesta en un mundo cada vez más definido por la fuerza y no por la cooperación basada en reglas.
“Por primera vez en la memoria reciente, estamos verdaderamente solos juntos”, afirmó la semana pasada el ex primer ministro italiano Mario Draghi, reflejando la creciente inquietud en las capitales europeas.
Este sentimiento representa un cambio más amplio en el pensamiento estratégico, ya que los gobiernos del continente están reconsiderando supuestos largamente establecidos sobre seguridad, alianzas y estabilidad económica.
Esta revisión es visible ya en el aumento de la inversión en defensa. Los Estados miembros de la UE han incrementado progresivamente sus presupuestos militares desde la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, alcanzando un gasto combinado de alrededor de 739 mil millones de euros este año.
Alemania prevé destinar 117,2 mil millones de euros en 2026, mientras que Francia asignará 68,5 mil millones. Por otro lado, los países del flanco oriental de la OTAN avanzan aún más rápido, con Polonia destinando actualmente el 4,48% de su PIB a defensa ante el temor de nuevas agresiones rusas.
Este cambio representa una ruptura definitiva con décadas de moderación militar desde la Guerra Fría, pero también está impulsado por una segunda transformación, más estructural: la creciente incertidumbre respecto a Estados Unidos.
El factor Trump
Durante la mayor parte de la era posterior a la guerra, la seguridad europea se sostenía en la OTAN y la garantía militar estadounidense, basada en el principio de defensa colectiva del artículo 5. Sin embargo, ahora esa suposición enfrenta tensiones.
Con la llegada del segundo mandato de Donald Trump, los líderes europeos se han enfrentado a un enfoque más unilateral y transaccional en la política exterior, donde Washington toma decisiones militares y diplomáticas importantes con una consulta limitada a sus aliados.
Las tensiones también se han extendido al ámbito comercial, con aranceles estadounidenses a productos europeos y amenazas reiteradas de sanciones, lo que alimenta una percepción en Bruselas de que la relación transatlántica se vuelve menos previsible.
Según funcionarios, el resultado no es una ruptura formal, sino un desgaste gradual de la confianza en la fiabilidad estadounidense, una incertidumbre que está impulsando cambios en las políticas.
La UE ha lanzado su plan Readiness 2030, antes conocido como ReArm Europe, con el objetivo de desbloquear más de 800 mil millones de euros en inversiones de defensa mediante la relajación de normas fiscales, compras conjuntas y una mayor capacidad industrial. Paralelamente, el instrumento Security Action for Europe (SAFE) permite a los países miembros acceder hasta 150 mil millones de euros en préstamos para adquisiciones militares conjuntas, con 18 naciones y Canadá ya mostrando interés.
Más allá del gasto, Bruselas explora una integración más profunda. Entre las propuestas en discusión se encuentran una Unión Europea de Defensa, un “Schengen Militar” para facilitar el movimiento rápido de tropas transfronterizas y proyectos a largo plazo como un Escudo Aéreo y un Escudo Espacial europeo.
Aunque están en distintas fases de desarrollo, estos proyectos reflejan la aspiración de concebir la seguridad como una responsabilidad europea compartida y no solo nacional.
Europa también amplía su red de alianzas en defensa más allá de Estados Unidos. La nueva Alianza de Seguridad y Defensa UE-Canadá, firmada en junio de 2025, refleja una colaboración creciente con Canadá y Reino Unido en adquisiciones, resiliencia y capacidad industrial. El objetivo es construir una coalición más amplia de socios afines para disminuir la dependencia estratégica de cualquier potencia aislada.
Reduciendo riesgos para Europa
Simultáneamente, la UE enfrenta crecientes presiones económicas tanto de Washington como de Pekín.
Los aranceles y disputas comerciales bajo Trump han reactivado el temor a la coerción económica por parte de aliados tradicionales, mientras que la sobrecapacidad industrial de China y su dominio en cadenas clave de suministro continúan presionando a las industrias europeas. La UE mantiene un déficit comercial considerable con China, lo que intensifica los debates sobre dependencia a largo plazo y competencia desleal.
En respuesta, Bruselas ha adoptado una estrategia que se define cada vez más como “de-risking” —disminuir la exposición tanto a Estados Unidos como a China sin desvincularse completamente de ninguno de los dos. Esto incluye la retirada gradual de firmas tecnológicas chinas como Huawei y ZTE de infraestructuras críticas, así como esfuerzos para fortalecer alternativas europeas en finanzas, pagos digitales y producción industrial.
A pesar de estos cambios, Europa sigue profundamente integrada en un sistema global moldeado por negociaciones entre grandes potencias. La diplomacia de alto nivel entre Estados Unidos y China, el reajuste de prioridades estadounidenses en Asia y el estrechamiento de vínculos entre China y Rusia aumentan la preocupación en Bruselas de que Europa es cada vez más una receptora de reglas en lugar de una creadora en los asuntos globales.
Incluso en Ucrania, donde la UE ha proporcionado más de 200 mil millones de euros en ayuda desde febrero de 2022, los líderes europeos suelen reaccionar a iniciativas lideradas por Estados Unidos en lugar de definir la estrategia. Ahora, tras levantarse el veto de Hungría, está en discusión un paquete adicional de 90 mil millones, evidenciando tanto el peso financiero de Europa como su fragmentación política.
En el trasfondo de la aceleración en la planificación defensiva, subyace una pregunta esencial: si una unión centrada en la integración económica puede consolidarse como una potencia geopolítica creíble.
Por ahora, Europa avanza en esa dirección a través del aumento del gasto en defensa, nuevos mecanismos de adquisición y alianzas crecientes. Sin embargo, capacidades clave siguen dependiendo de Estados Unidos, y la plena credibilidad militar está aún a años de distancia.
El resultado es un continente en transición, incapaz de confiar en garantías antiguas pero aún sin pleno reemplazo de ellas. En una era marcada por la competencia renovada entre grandes potencias, esa incertidumbre se ha convertido en la condición estratégica definitoria de Europa.
¿Puede la Unión Europea defender sus propios intereses? Siga el último episodio de The Ring, el programa semanal de debate de Euronews con los eurodiputados Lukas Mandl y Marc Botenga, hoy a las 20:30 CET en Euronews.

