El especialista desmonta la idea del amor como un sacrificio en el que hay que aguantar y adaptarse a todo

Cuando un paciente acudió a la consulta del psicólogo Fran Sánchez y le planteó la pregunta “¿qué puedo hacer para que mi pareja no se vaya?”, el especialista decidió cuestionar una creencia muy arraigada en muchas relaciones afectivas: la idea de que amar implica soportar, ajustarse constantemente o sacrificarse hasta perder la propia identidad.
La cuestión parece sencilla, pero encierra una de las mayores preocupaciones emocionales actuales: “¿Qué debo hacer para que mi relación no termine?” Mediante un vídeo compartido en sus redes sociales (@minddtalk), el psicólogo propone una reflexión incómoda que conecta con una realidad emocional cada vez más evidente: relaciones donde el temor a perder al otro pesa más que el bienestar personal.
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Alejado del clásico discurso romántico, basado en la resistencia y la lucha constante por mantener la pareja, Fran Sánchez plantea otra pregunta. “En ocasiones nos empeñamos tanto en que una relación funcione, en que esa persona que amamos se convierta en el compañero ideal, que dejamos de cuestionarnos algo fundamental: ¿Qué estoy sacrificando para preservar esto?”. Esta reflexión constituye el núcleo de su intervención y explica gran parte del impacto generado por el vídeo. El psicólogo no se limita a hablar de rupturas, sino también de las renuncias silenciosas que muchas personas realizan dentro de vínculos aparentemente estables.
Sánchez señala un patrón común en consulta: individuos que terminan adaptándose para evitar el abandono. “Tal vez logres ajustarte al otro. Y sí, quizá consigas sostener todo y finalmente, tras mucho esfuerzo y desgaste, logres que esa persona permanezca”, afirma. Sin embargo, de inmediato cuestiona el costo emocional de esa permanencia: “¿Qué sentido tiene mantener la relación si para conseguirlo has debido sacrificar todo lo que necesitabas dentro de ella?”.
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Perder el yo en un nosotros
El discurso del psicólogo pone nombre a dinámicas que expertos en salud mental llevan años señalando: la pérdida progresiva de identidad dentro de relaciones desequilibradas. La necesidad constante de agradar, la autoexigencia para “merecer” amor o la ansiedad ante la posibilidad de ruptura pueden traducirse en vínculos donde una de las partes termina anulándose emocionalmente.
Sánchez enumera esas pequeñas renuncias cotidianas que terminan transformando la relación en un espacio de desgaste: “Querías cuidado y amor y acabaste viviendo sin atención y en constante ansiedad. Quisiste sentirte escogido, pero terminaste intentando persuadir continuamente al otro para que se quedase”. La descripción resulta especialmente familiar para quienes han vivido relaciones marcadas por inseguridad afectiva o dependencia emocional.
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El miedo a la soledad
Uno de los aspectos que más ha impactado a los usuarios es la forma en que el psicólogo redefine el concepto de permanencia, debido a que el mantenerse en pareja no siempre equivale a bienestar. “La persona sigue, claro. La relación continúa, sí. Pero no existe nada de lo que tú soñaste experimentar dentro de ese vínculo”, señala. Dicho de otro modo: permanecer juntos no garantiza por sí mismo una relación saludable, recíproca o emocionalmente satisfactoria.
“Si para preservar la relación tienes que perder tu esencia, ¿tiene sentido?”. Para Sánchez, el problema real surge cuando el foco deja de ser construir una relación equilibrada y se convierte únicamente en evitar la pérdida. “Tal vez ya no luches por el vínculo que deseabas crear, sino solamente por el miedo a perderlo”, concluye.
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