La imputación del expresidente revela sus conflictos con el exministro: «Siempre me consideró una amenaza para sus negocios y su poder»

Para los amigos cercanos de José Luis Rodríguez Zapatero, lo que más desconcierta del auto del juez Calama es que, además de los pagos a Análisis Relevante, se mencione su «intervención directa» en una red de compra y venta de petróleo, divisas, acciones y oro. «¡Si no dispone de dinero!», comenta sorprendido uno de los políticos más próximos al expresidente. Un exministro de su gabinete lo describe así: «Conociéndolo como creo que lo conozco, dudo que cometiera conscientemente un acto delictivo. ‘Julito’ [Martínez, propietario de Análisis Relevante] pudo haberlo utilizado, no lo sé. No tiene dinero, ni empresas ni las propiedades que se mencionan, vendió su casa en Aravaca debido a una hipoteca elevada, y tanto Sonsoles [Espinosa, su esposa] como él se trasladaron a una vivienda más pequeña. No logro comprenderlo; espero que se esclarezca todo judicialmente».
Por otra parte, la imputación de Zapatero no ha sorprendido en absoluto a José Luis Ábalos, quien desde hace dos años sostiene —sotto voce y sin aportar pruebas, pero con convicción— que Zapatero participaba en el lucrativo negocio de los «cupos de petróleo» de Venezuela.
Actualmente, el exministro, encarcelado provisionalmente, atribuye en gran parte su caída al expresidente leonés por dos motivos: su influencia en Pedro Sánchez y la creencia de que se orquestó una maniobra para apartarlo. «La mano negra de Zapatero siempre ha estado detrás», confesó Ábalos a su entorno en las últimas 48 horas. «Y ahora le ocurre esto por creer que era intocable».
Desde la cabina telefónica de la prisión de Soto del Real, Ábalos lanza sus advertencias y pronósticos: «Si Zapatero cae, todo se desploma; tras Sánchez no queda nada». Para quien fue la mano derecha de Sánchez, Zapatero representa aún más para el proyecto que cualquier sanchista convencido. Considera que es el eje fundamental del proyecto del actual líder. El pal de paller. De hecho, el expresidente leonés ha sido uno de los pocos asesores clave del jefe del Ejecutivo hasta ahora.
La enemistad latente entre ambos líderes nunca se tradujo en un enfrentamiento directo, pero la desconfianza se intensificó tras el Delcygate, en enero de 2020. Ya se seguían de cerca desde un poco antes, cuando en 2019 Ábalos comenzó a incursionar en la influencia española en Venezuela. Primero con los representantes de Juan Guaidó y luego con Jorge Rodríguez, hermano de Delcy, para establecer «un canal de comunicación» con el chavismo.
En ese momento, el Gobierno reconocía a Guaidó como presidente encargado del país. Dos meses después, Ábalos tuvo que afrontar el duro golpe del Delcygate. Y dos semanas tras eso, Nicolás Maduro y la propia Rodríguez recibieron a Zapatero en el Palacio de Miraflores de Caracas.
Ábalos y Zapatero se evaluaban y temían mutuamente, aunque conservaban vínculos comunes, como Óscar Puente o algunos colaboradores de Cerdán en el equipo de Organización de Ferraz. «Siempre me consideró una amenaza para sus negocios en América Latina y por su espacio de influencia» con el presidente del Gobierno, expresó el exministro a su hijo Víctor Ábalos desde la prisión. Tenían intereses compartidos en Colombia, Perú y Venezuela.
Por ello, conviene analizar el Delcygate. Cuando la entonces vicepresidenta —y actual delegada de Trump— de Venezuela aterrizó en Barajas en enero de 2020, le dijo a Ábalos que «tenía consulta en una clínica y comería con su amigo Zapatero». Su «amigo» también reconoció la cercanía de la relación: los mensajes entre Ábalos y Zapatero que reveló EL MUNDO lo demuestran. Cuando Ignacio Garriga (Vox) los atacó desde la tribuna del Congreso, Zapatero le escribió al ministro: «Saluda a este fascista de Vox de mi parte… Y dile que Delcy es mi amiga… Y recuérdale lo que dijeron de Bolivia… Abrazo, compañero».
En aquel momento, ambos mantenían las formas en proporción a sus recelos mutuos. Zapatero «se distanció rotundamente» del Delcygate y sugirió que Ábalos era el responsable. «Ahora, este último le atribuye a Zapatero gran parte de la culpa por su caída en desgracia. Tanto de manera directa como indirecta. «Fueron a por Koldo y a por mí para intentar derribar a Sánchez o Zapatero. Esta era la mayor caza: el objetivo es Pedro y Zapatero es el sueño húmedo de la derecha». Esto se lo transmitió a su hijo Víctor Ábalos.
A pesar de que siempre existieron diferentes «clases» y «cazas» mayores y menores, para el exministro, el respaldo sólido del PSOE a Zapatero evidencia «una doble vara de medir enorme» frente a su caso.
No intervino en el rescate, pero sí recibió presiones
Los ‘whatsapps’ publicados por este diario muestran que, dentro del Gobierno, los ministerios de Hacienda –del que depende la SEPI– y Economía asumieron el protagonismo en el rescate de Plus Ultra. En el caso de Transportes, el entonces ministro se mantuvo al margen. Y su número dos, Pedro Saura, afirmó que los otros dos ministerios «intentaron apartarse de Plus Ultra, pero son ellos los imputados». Ahora Ábalos declara que recibió «presiones» de Zapatero. Antes aseguró a este diario: «Con Zapatero no he hecho nada». ¿Y Koldo García, que aparece en el auto? «Lo contactaron».
Un canciller en la sombra que incluso fue considerado ‘ministrable’
En octubre de 2024 corrió en Madrid un rumor —totalmente improbable— de que Zapatero podía ser ministro. De Exteriores, se presume. «Como David Cameron con Boris Johnson», bromeaban algunos socialistas. ¿Para qué, si ya ejercía un papel de canciller de facto, en términos de influencia? Al menos, en dos áreas esenciales de la política exterior: hacia el este, en China; y hacia el oeste, en América, inspirando la política frente a Trump y actuando como puente con el chavismo. En este terreno chocó con Ábalos. No hay tema más hispano-español que Venezuela.

