Poco menos de una semana después de la visita del presidente estadounidense a China, es Vladimir Putin quien se dirige ahora a Pekín. La cuestión es cuál de los líderes se mostrará como el socio más convincente para China: ¿Washington o Moscú?
Rusia alberga grandes expectativas respecto al viaje del presidente Vladimir Putin a China esta semana, y desde el Kremlin señalan que ambas partes aprovecharán este encuentro para avanzar en el desarrollo de su “asociación privilegiada”. Putin iniciará su visita oficial a Pekín poco después de que el presidente estadounidense Donald Trump se reuniera con su homólogo chino.
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Aunque Moscú ha declarado oficialmente que el foco estará en fortalecer la “asociación estratégica” entre Rusia y China, el momento elegido sugiere una intención más amplia en el plano geopolítico y evidencia el aumento de la influencia diplomática china.
Trump visitó Pekín hace menos de una semana, y pese a las expectativas, el viaje fue considerado en general insatisfactorio. No se registraron avances significativos en temas como comercio, Ucrania o el conflicto con Irán.
Se anticipa que estos mismos asuntos serán parte central de las conversaciones de Putin con el presidente chino Xi Jinping.
Agenda Rusia-China
El asistente de Putin, Yuri Ushakov, negó categóricamente el lunes cualquier vínculo entre la visita del líder ruso y la reciente gira de Trump.
“Cabe destacar que no existe conexión alguna entre las visitas de Trump y Putin. Normalmente coordinamos previamente la agenda con los chinos,” afirmó.
Ushakov añadió que la fecha del viaje de Putin fue consensuada a principios de febrero, mientras que Trump inicialmente tenía planeado su desplazamiento a Pekín entre finales de marzo y principios de abril.
“Luego, por razones evidentes vinculadas a la situación iraní, fue adelantado al 13-15 de mayo, lo que hizo que coincidiera justo antes de nuestra visita a Pekín,” explicó.
También confirmó que Putin llegará a Pekín la noche del martes y mantendrá un encuentro con Xi Jinping el 20 de mayo.
Mientras Trump viajó acompañado de más de una docena de líderes empresariales estadounidenses, la comitiva de Putin contará con representantes del sector privado, cinco viceprimeros ministros, ocho ministros, varios gobernadores regionales y el gobernador del banco central ruso, reflejando la creciente dependencia económica de Moscú hacia China.
Es importante destacar que Kirill Dmitriev también formará parte de esta delegación. Oficialmente presidente del Fondo Ruso de Inversión Directa, Dmitriev se ha convertido en el principal negociador del Kremlin con la administración estadounidense en los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la invasión a gran escala de Ucrania.
Las “fichas” de Pekín
Se espera que Putin concentre sus esfuerzos en asegurar el apoyo continuo de China, que se ha convertido en el principal socio internacional de Rusia desde que comenzó la guerra en Ucrania.
El fortalecimiento de los vínculos chinos con Rusia genera creciente preocupación en las capitales occidentales, incluida Bruselas.
Diplomáticos y analistas occidentales consideran que el respaldo económico y diplomático de Pekín ha sido clave para mantener el esfuerzo bélico ruso en Ucrania.
Sin embargo, la prioridad de Xi Jinping probablemente siga siendo Taiwán y no Ucrania. En este marco, el momento elegido para las visitas de Trump y Putin podría responder a una estrategia de negociación geopolítica más amplia.
Tras su estancia en China, Trump pareció poner en duda la continuidad del apoyo estadounidense a Taiwán.
Aunque el presidente de EE.UU. aprobó en diciembre un paquete de armas récord para Taiwán valorado en 11.000 millones de dólares (9.500 millones de euros), que incluía misiles, drones, sistemas de artillería y software militar, afirmó no haber dado aún su aprobación final, señalando que “depende de China”.
“Francamente, es una ficha de negociación muy valiosa para nosotros,” declaró Trump.
Cualquier suspensión en la venta de armas a Taiwán supondría un gran logro diplomático para Pekín y podría ser considerada por China como una prioridad superior al apoyo a la guerra rusa en Ucrania, que ya cumple cinco años sin que se vislumbre un desenlace claro.

