Los socialistas afrontan la cita electoral del 17 de mayo con pocas expectativas de éxito. Las previsiones indican que María Jesús Montero, la número dos del PSOE, no logrará igualar la cantidad de escaños obtenidos por Juan Espadas hace cuatro años.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, lleva tiempo preparándose para la jornada del 17 de mayo. Ha estado fortaleciendo su apoyo tanto interno como externo para resistir sin mostrar signos visibles de debilidad el probable fracaso electoral de su partido en Andalucía, un resultado que se daba por sentado, aunque la necesidad requería ocultarlo tras el entusiasmo y la energía demostrada por María Jesús Montero.
La candidata a la Junta de Andalucía, reconocida como la número dos dentro del PSOE federal, ha representado la apuesta más significativa del partido en la región hasta ahora, y parece encaminada a obtener el peor resultado registrado. Montero comenzó su campaña presentándose como la mujer más influyente en la historia reciente de España, dispuesta a dejar ese poder para dedicarse a su tierra andaluza, pero su entusiasmo fue disminuyendo conforme avanzaban los días y se sucedían errores tanto propios como ajenos, como cuando dejó vacante la presidencia del Gobierno durante el funeral de los dos guardias civiles de Huelva fallecidos en la lucha contra el narcotráfico.
En los días recientes, el PSOE ha entrado en pánico al entender que probablemente María Jesús Montero —exministra de Hacienda— no era la figura adecuada para enfrentarse a un líder tan consolidado como Juanma Moreno. La esperanza de conservar los 30 escaños que consiguió Juan Espadas en 2022 se ha ido disipando con cada sondeo y encuesta sobre intención de voto. «Mantener el nivel de representación anterior ya era una meta modesta y poco ambiciosa. La sustitución de Juan Espadas tenía precisamente el objetivo de revitalizar al PSOE andaluz», afirman los veteranos.
A pesar de ser una persona muy valorada en el Gobierno y contar con el respaldo total de los ministros durante la campaña, y también del presidente, en otras federaciones del PSOE Montero siempre fue percibida como una dirigente distante, alejada de sus preocupaciones y prioridades.
«La derrota en Andalucía será un golpe duro para nosotros; el simbolismo de esta autonomía es enorme y su peso dentro del partido considerable. Sin embargo, nadie debe pensar que una derrota, por amplia que sea, modificará la hoja de ruta de Pedro, quien planea mantenerse en su cargo hasta julio de 2027, a toda costa. Está convencido de que los votantes socialistas en Andalucía podrían rechazar a María Jesús Montero ahora, pero seguirán apoyándole a él en las elecciones generales». Diferentes fuentes socialistas consultadas coinciden en esta valoración.
Aunque Montero es su número dos en el PSOE y lo fue también en el Gobierno hasta la convocatoria electoral, nadie considera que el líder socialista asuma en persona la responsabilidad por los resultados de su candidata. Tampoco lo hizo en el caso de Pilar Alegría, quien es actualmente la jefa de la oposición al Gobierno de Azcón en Aragón.
Los dirigentes socialistas consultados afirman incluso que existe un escenario del que Pedro Sánchez podría sacar provecho, a pesar de que el PSOE quede prácticamente sin representación en el Parlamento andaluz. «Si Moreno Bonilla pierde la mayoría absoluta, se ve obligado a depender de Vox y lo integra dentro del Gobierno, Pedro verá esto como una oportunidad para reforzar su narrativa política durante el último año de mandato».
Los colaboradores del presidente confirman que, en efecto, el lunes siguiente a las elecciones la situación en Moncloa será la misma independientemente del resultado. «Encaramos estos comicios con serenidad. La clave está en movilizar al electorado. Somos conscientes de la coyuntura internacional, en la que una ultraderecha global utiliza tanto tecnología avanzada como propaganda tradicional para desmovilizar y engañar a los ciudadanos, con el fin de que voten contra sus propios intereses. Esperamos que los andaluces elijan centrarse en la sanidad y educación pública, siempre pensando en sus prioridades. Pase lo que pase, el lunes continuaremos defendiendo nuestros valores y principios».
La estrategia desde Moncloa consiste en apostar todo al papel internacional de Sánchez como líder de la izquierda mundial frente a la oleada ultraderechista liderada por Trump. En esta posición ha encontrado un aliado más potente que nunca pudo prever: el Papa León XIV.
Dado que resulta improbable que el secretario general del PSOE asuma responsabilidad alguna sobre los resultados, la cuestión que queda es si alguien dentro del partido exigirá cuentas por la decisión de designar a esta candidata. Es el interrogante principal, según comentan desde el PSOE. La dirección federal, evidentemente, no contempla en modo alguno que se cuestione al líder, y acatará lo que Sánchez considere necesario para preparar el camino hacia los comicios municipales y autonómicos programados para mayo del próximo año, previos a las elecciones generales.
Algunas voces minoritarias y dispersas vaticinan que sí se planteará un reclamo de responsabilidades, dado que Montero es la número dos del PSOE. «Existe una corriente cansada de perder elecciones, y muchas personas temen por sus cargos, por lo que podrían surgir nuevas voces, además de los habituales críticos. Si hay castigo electoral, será para Sánchez y se pedirá que rinda cuentas».
Ayuso, imperiofobia e imperiofilia
Isabel Díaz Ayuso ya contaba con amplia experiencia en las guerras culturales españolas cuando su presencia pública se limitaba a un perfil en lo que antes se conocía como Twitter. Ahora, como presidenta de la Comunidad de Madrid, tiene la oportunidad de trasladar esa confrontación a sus desplazamientos internacionales. Ayuso no ha inventado la polémica en torno a la conquista de América. Hace unos años, la historiadora Elvira Roca Barea publicó un libro titulado Imperiofobia y leyenda negra, Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español, que vendió más de 150.000 copias. En este texto, la autora destacaba el carácter inclusivo y el deseo de mestizaje del Imperio español, en contraste con otros imperios menos humanitarios. Según su autora, esta obra sirvió para elevar la autoestima nacional española, muy afectada por la leyenda negra. Sin embargo, la obra fue respondida por otro libro, Imperiofilia y el populismo nacional-católico: otra historia del Imperio español, escrito por el catedrático de Filosofía de la Complutense, José Luis Villacañas, que refutaba las tesis de Roca Barea.

