Impacto histórico de la Revolución Cultural impulsada por Mao Zedong en China hace seis décadas

Mao Zedong de perfil, en un gesto de aplauso

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    • Autor, Redacción
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación 23 minutos
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La Revolución Cultural, cuyo comienzo se cumple sesenta años atrás, representó uno de los episodios más oscuros en la historia de China.

En 1966, el líder comunista Mao Zedong lanzó una campaña nacional para eliminar elementos considerados contrarrevolucionarios, influencias capitalistas y pensamiento burgués dentro del gobierno, la educación y las artes.

Mao declaraba una guerra abierta al pasado, a las «antiguas ideas» y a las «antiguas costumbres».

No era la policía ni los organismos de seguridad quienes librarían esta batalla en primera línea, sino ciudadanos comunes, sobre todo jóvenes, enfrentándose a sus propios compatriotas.

«El mensaje de Mao era: ‘Rebélense contra su profesor, su maestro, sus dirigentes del partido, sus superiores y jefes de fábrica. La rebelión está justificada'», detalla el historiador Yafeng Xia, profesor de la Universidad de Long Island en EE.UU.

Esta campaña, que oficialmente se extendió hasta 1976, alteró profundamente la sociedad china, dejando huellas políticas y culturales que permanecen hasta hoy.

El ascenso de Mao y el fracaso del Gran Salto Adelante

Trabajadores en una presa en la década de 1950

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Mao tomó el poder en 1949 después de vencer a las fuerzas nacionalistas del Kuomintang e instaurar la República Popular China basada en el marxismo.

Tras siglos bajo dinastías imperiales, China llegó al siglo XX con un atraso económico notable y afectada por invasiones de potencias extranjeras.

Las diferencias sociales entre ricos y pobres, campo y ciudad, y entre géneros eran abismales.

En 1958, Mao implementó el Gran Salto Adelante, un plan ambicioso para industrializar rápidamente la economía agrícola china y alcanzar a los países occidentales en pocos años.

Se colectivizó la agricultura y se establecieron metas consideradas inalcanzables junto con políticas económicas erráticas que resultaron contraproducentes.

A inicios de los años 60, la economía y la agricultura chinas se encontraban en declive.

La combinación de esta crisis con varios desastres naturales condujo a una de las mayores hambrunas registradas, con un número estimado de muertos entre 20 y 40 millones.

campesinos exhaustos y hambrientos

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«Mao reconocía que existieron graves errores políticos», señala Yafeng Xia.

Según el historiador, en 1961 el líder dio un paso atrás y otros dirigentes, entre ellos Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, asumieron la recuperación económica.

Para 1964, la economía china mostraba signos de mejora.

Sin embargo, Mao nunca admitió completamente sus errores.

Además, temía que sus sucesores lo culparan por el fracaso del Gran Salto Adelante y la gran hambruna.

En 1965, comenzó a preparar su regreso político señalando a líderes como Liu Shaoqi y Deng Xiaoping (destituido y enviado a trabajar en una fábrica de tractores) como «seguidores del capitalismo», una acusación grave dentro de la ideología comunista china.

El inicio de la Revolución Cultural

El 16 de mayo de 1966, Mao emitió una directiva con el propósito de eliminar a sus rivales políticos y, paralelamente, reanimar la vida ideológica de la sociedad.

Según el historiador, Mao creía que numerosos funcionarios de los niveles central, provincial y local estaban corruptos y ya no representaban al pueblo, o los veía alineados con líderes que él había purgado antes.

«Mao realmente consideraba que estaba generando una nueva revolución comunista, que debía existir una revolución política permanente», afirma el historiador.

Campesinos chinos recitan pasajes del Libro Rojo de Mao antes de comenzar su jornada.

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La movilización fue masiva: campesinos, obreros y, sobre todo, estudiantes fueron convocados a rebelarse contra sus superiores y contra cualquiera que ostentara autoridad.

Todo esto sucedió además en medio de una extensiva campaña de culto a la personalidad de Mao.

Las imágenes de miles de jóvenes congregados en la plaza de Tiananmén en Pekín levantando el «Libro Rojo» de Mao permanecen como uno de los símbolos de esa época.

La Guardia Roja y la eliminación de los «Cuatro Viejos»

El movimiento juvenil más representativo de la Revolución Cultural fue la Guardia Roja, compuesta por millones de estudiantes de secundaria y universidad que surgieron en todo el país para aplicar las enseñanzas de Mao.

«Para esos jóvenes, el presidente Mao era una figura divina. Todo lo que pronunciaba era correcto», comenta Xia.

Jóvenes levantando el puño

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La campaña apuntó contra lo que el régimen calificó como los «Cuatro Viejos»: las ideas antiguas, la cultura antigua, las costumbres antiguas y los hábitos antiguos.

Los guardias rojos recorrieron el país con la misión de erradicar las tradiciones que se consideraban incompatibles con la revolución.

Maestros, intelectuales y personas acusadas de ser enemigas del Estado fueron expulsadas de sus hogares, encadenadas, interrogadas, humilladas en público y golpeadas, a veces hasta la muerte.

Durante casi una década, las universidades permanecieron paralizadas y muchas instituciones médicas operaron solo parcialmente.

También se destruyeron templos, tiendas, casas, libros y gran parte del patrimonio cultural chino.

La violencia alcanzó incluso a familias comunes: Xia recuerda que sus padres trabajaban para una empresa estatal en un pueblo pequeño de la provincia de Jiangsu.

Relata que personas opuestas a su madre la denunciaron, lo que derivó en dos años de cárcel para ella.

Su padre, que inicialmente apoyó la llamada revolucionaria de Mao, acabó siendo perseguido después de 1968.

Desfile de miembros de la Guardia Roja en 1967.

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El caos y la remisión masiva al campo

En 1968, el movimiento había perdido control y China estaba sumida en una situación de violencia y desorden que algunos comparaban con una guerra civil.

Se calcula que cientos de miles de personas fallecieron en purgas y enfrentamientos por el poder.

Finalmente, Mao entendió que la situación era insostenible y tomó la decisión de detener a la Guardia Roja.

Muchos de esos jóvenes eran estudiantes urbanos que viajaban por el país sin realizar trabajos productivos, explica Xia.

La solución propuesta por Mao fue enviarlos al campo para que trabajaran como agricultores y «aprendieran de los campesinos».

Campesinos chinos en 1970.

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Unos 16 millones de jóvenes fueron enviados al campo, lo que permitió que las ciudades recuperaran cierta tranquilidad.

Aunque la versión oficial de China sostiene que la Revolución Cultural duró desde 1966 hasta 1976, los primeros tres años fueron los más intensos y violentos.

Desde 1969, Mao continuó purgando a miembros del gobierno y del ejército, fortaleciendo su poder con el apoyo de figuras radicales como su esposa, Jiang Qing.

Junto con Zhang Chunqiao, Wang Hongwen y Yao Wenyuan, Jiang formó el grupo que luego sería conocido como la «Banda de los Cuatro».

La muerte de Mao y el legado de la Revolución Cultural

Mao Zedong falleció en septiembre de 1976.

Después de su muerte, el Partido Comunista chino lo presentó como un «gran héroe» y trató de separar su imagen de los excesos y horrores de la Revolución Cultural, considerada un desastre en el país.

Los líderes posteriores enjuiciaron a quienes consideraron responsables intelectuales de las atrocidades, en especial a la Banda de los Cuatro, cuyos integrantes fueron sentenciados a cadena perpetua.

Xia indica que el Partido Comunista no podía hacer una condena total a Mao porque eso habría cuestionado la legitimidad misma del régimen.

Por eso, los sucesores de Mao sostuvieron que él estaba envejecido y enfermo, y que durante sus últimos años fue manipulado.

Mujeres haciéndose un selfie frente al retrato de Mao

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Con el tiempo, no obstante, se reconocieron formalmente algunos errores del líder.

Deng Xiaoping (rehabilitado) resumió esa postura con una frase célebre: Mao «acertó en un 70% y erró en un 30%».

Deng, que se convirtió en la máxima autoridad en 1978, impulsó un cambio que ayudó a forjar la China moderna.

Aunque el aparato represivo estatal permaneció, el país inició la combinación de ideas que dividieron al mundo durante buena parte del siglo XX: comunismo político y apertura económica capitalista.

En un país gobernado por un partido comunista, el capitalismo dejó de percibirse como una contradicción.

Décadas después, la figura de Mao sigue causando divisiones en China.

Según Xia, muchos ciudadanos siguen idealizando aquella época y creen que esa etapa maoísta «generalmente no tenía funcionarios corruptos».

«Más del 50% de los chinos todavía consideran que Mao fue un gran líder», afirma el historiador.

Sin embargo, puntualiza, «las personas más educadas conocen bien lo que sucedió durante la Revolución Cultural».

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