Marc Casadó encuentra refugio en un pueblo español de 6.500 habitantes con una iglesia del siglo XII consagrada

Montaje del pueblo Sant Antoni de Vilamajor y Marc Casadó. El futbolista del Barça pasó su infancia en Sant Antoni de Vilamajor, una localidad cercana a Sant Pere de Vilamajor, lugar donde nació.

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Desde la cima de Samont hasta la riera de Vallserena, Sant Pere de Vilamajor avanza hacia el macizo del Montseny, ofreciendo múltiples caminos para los aficionados al senderismo.

Con aproximadamente 5.000 habitantes, constituye uno de esos pueblos donde las caras se vuelven familiares y cada vivencia se integra en la memoria colectiva.

Por ello resulta llamativo que en Can Noguera, el bar-restaurante que es punto de reunión esencial en cualquier población pequeña, aseguren que Marc Casadó se le veía muy poco. La razón es sencilla.

El jugador del Barça, salvo durante su etapa en el instituto, ha residido principalmente en Sant Antoni de Vilamajor, localidad vecina ubicada a tan solo un kilómetro y medio y con algo más de 6.500 habitantes, un municipio que siempre ha pretendido tener el aspecto de una pequeña ciudad.

Sant Antoni de Vilamajor, situado en el Vallès Oriental, cuenta con orígenes datados en el siglo X, época en la que su territorio formaba parte del señorío del castillo de Vilamajor, núcleo de la baronía del Montseny.

El pueblo fue creciendo alrededor de la iglesia parroquial de Sant Antoni Abat, consagrada durante el siglo XII. En la Edad Media, la economía local dependía principalmente de la vid y los cultivos de secano. Actualmente conserva su diseño original y masías medievales, como la casa de los Montagut, que rememoran su pasado noble.

El joven centrocampista se ha erigido en el orgullo del pueblo y en la evidencia de que el talento puede surgir lejos de los grandes focos. Para los habitantes, Casadó no representa solo una promesa del fútbol español.

Marc Casadó, durante la celebración del trofeo Joan Gamper.

Marc Casadó, durante la celebración del trofeo Joan Gamper. Europa Press

Sigue siendo «Marc», el joven que jugaba en las plazas del pueblo y que soñaba llegar a la élite algún día.

Quienes le vieron crecer destacan su perseverancia y la pasión con que enfrentaba cada partido. Ahora, observar su debut en uno de los clubes más prestigiosos del mundo genera una mezcla de orgullo y emoción difícil de poner en palabras.

La huella del futbolista en Sant Pere de Vilamajor es palpable. Su nombre resuena en conversaciones diarias, en cafeterías y comercios, mientras los vecinos siguen cada partido sintiendo que una pequeña porción del pueblo juega junto a él en el césped.

Más allá de sus resultados deportivos, lo más valorado es que no ha perdido el vínculo con su lugar de origen.

La llegada de Hansi Flick al banquillo azulgrana también ha aumentado la relevancia del centrocampista. El entrenador alemán ha elogiado reiteradamente la disciplina y compromiso de los jóvenes formados en La Masia, y Casadó encaja perfectamente en ese perfil debido a su inteligencia táctica y entrega en el campo.

Para los niños locales, Marc Casadó se ha hecho un modelo accesible. Ya no solo admiran a estrellas internacionales; ahora sueñan con seguir los pasos de alguien que recorrió las mismas calles que ellos transitan a diario.

Su historia confirma que el talento puede surgir desde cualquier lugar si se combina con esfuerzo y constancia.

Casadó cursó estudios en la escuela Joan Casas, donde aún conservan una foto suya junto a sus compañeros. «Era muy despierto, ágil y corría muchísimo. Siempre participaba en todo: la bicicletada, actividades deportivas o incluso el baile de fin de curso», rememoraba hace poco en 3Cat Lia Fernández, su antigua profesora de Educación Física.

Su primer equipo fue el Camp de Futbol Joan Nicolau, donde ya sobresalía. «Corría más que nadie, nadie le podía arrebatar el balón y jugaba contra niños mayores», explicaba Martí Perera, su primer entrenador, que también señalaba áreas a mejorar: «Tiene muchas cualidades, aunque quizás debería ser más vertical y buscar más la portería, porque tiene buen disparo».

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