Lecciones sobre el final de la vida a través de las doulas de la muerte

Dos mujeres se abrazan en la playa.

Fuente de la imagen, Getty Images

    • Autor, Smitha Mundasad
    • Título del autor, Rerpotera de Salud
  • Fecha de publicación 13 mayo 2026
  • Tiempo de lectura: 6 min

Sostener la mano de alguien en sus últimos instantes es lo más importante para Rita Ball.

Ball comenta que "es una experiencia profundamente pura" observar "la vida que poco a poco se aleja del mundo".

Ha estado al lado de personas en sus momentos finales en numerosas ocasiones.

Desde hace tres años, Ball ejerce en Londres como "doula de la muerte" especializada y apoya a familias, además de colaborar como voluntaria en residencias del NHS, el sistema público de salud británico, desempeñando el papel de "acompañante no médica al final de la vida".

Ball comenta que muchos la consultan sobre qué gestos están "permitidos" durante el proceso de pérdida de un ser querido.

Ella percibe un alivio genuino al explicar que es válido sujetar sus manos, besarlos, reproducir música o hablarles.

Es posible que se conozca la labor de las doulas dedicadas a asistir a madres durante el embarazo, el parto y la crianza temprana. En cambio, las doulas de la muerte —también denominadas a veces como parteras del alma— han ganado reconocimiento en la última década.

Emma Clare, directora ejecutiva de End of Life Doula UK, apunta que 114 doulas se unieron a su entidad en 2025, mostrando un crecimiento significativo frente a años anteriores.

Recientemente, figuras públicas como Nicole Kidman y Ruby Wax han revelado que están formándose para ser doulas de final de vida, mientras que la destacada presentadora británica Davina McCall ha manifestado su intención de hacerlo tras su jubilación.

Una mujer sonríe ampliamente a la cámara. Lleva el pelo negro recogido. Viste un cárdigan morado y un top teñido al estilo tie-dye en tonos rojos y blancos. Detrás de ella hay una cortina con rayas en tonos pastel apagados.

Fuente de la imagen, Rita Ball

Ball señala que a veces "el silencio tras la muerte puede sentirse abrumador", sin embargo, las doulas acompañan a quienes sufren la pérdida, recordando con ellos las últimas jornadas del fallecido.

Según Emma Clare, el costo por hora de una doula varía entre 25 y 45 libras (US $30–$60), dependiendo del nivel de formación. Aun así, algunas brindan su apoyo sin cobrar.

Fanny Behrens, residente en Devon, contactó por primera vez con Sarah Parker, doula de la muerte, diez meses antes de la pérdida de su esposo debido a un cáncer.

"Sarah fue un apoyo increíble cuando yo no paraba de llorar en su cocina", relata Behrens.

"Fue muy valioso poder expresar mis emociones con alguien fuera de la familia, que simplemente permanecía a mi lado mientras me derrumbaba por el dolor".

La doula impulsó a Behrens a plantear interrogantes difíciles con su esposo en sus últimos días, como el lugar donde deseaba ser enterrado y sus preferencias sobre el funeral.

También le asistió en los "procedimientos relacionados con la muerte", tales como contactar funerarias y registrar el fallecimiento.

"Además, me recordaba la importancia de cuidar de mí misma sin olvidarme completamente de mis propias necesidades frente a las del otro".

Aunque Parker se convirtió principalmente en un pilar para Behrens, también estuvo presente para su esposo, explicándole de manera cuidadosa el proceso por el cual el cuerpo comienza a apagarse en los días finales.

"Estar con alguien conocedor del proceso, que sea directo, que lo maneje con comodidad y compasión… eso aporta mucho alivio", comenta Behrens.

"Si bien no elimina el sufrimiento, de algún modo lo normaliza".

Foto de una mujer y su marido sonriendo. El marido tiene la mano sobre el hombro de su mujer. Los dos van vestidos de azul. Ambos tienen el pelo canoso. Detrás de ellos se ven árboles y hojas.

Al igual que otras doulas entrevistadas, Emma Clare considera que hoy día muchas personas han "perdido gran parte del conocimiento sobre la muerte natural". Añade que la percepción común suele construirse a partir de escenas intensas en el cine o muertes inesperadas.

Al detallar el proceso físico de morir con el nivel de detalle que cada persona requiera, las doulas contribuyen a disipar el miedo, liberando tiempo que puede dedicarse a momentos más valiosos.

Por ejemplo, explica Parker, durante el proceso de muerte cambian la temperatura corporal y la respiración.

Puede aparecer un estertor —un ruido de respiración dificultosa que puede resultar alarmante para los presentes—, pero si se prevé y se explica, resulta más sencillo de afrontar.

Krista Hughes, "partera del alma" que trabaja también en la organización Mulberry Centre, especializada en cáncer, enfatiza que formar un lazo cercano con la persona que se encuentra en sus últimos días es esencial para permitir una despedida acorde a sus deseos.

Ella comenta: "El nacimiento ocurre rodeado de amor; esperamos que la despedida también lo sea".

Hughes recuerda el caso de una persona que quería morir en un jardín, aunque la atención médica necesaria impidió hacerlo. Para brindar consuelo, ella recreó mentalmente ese jardín con imágenes, aceite de lavanda, sonidos de aves y descripciones de un paseo por campos de lavanda.

Las doulas de final de vida proporcionan apoyo incluso tras el fallecimiento. Ball relata que ha acudido a funerarias en representación de familias para transmitir mensajes y colaborar en la organización de servicios conmemorativos.

Otras dedicadas a esta labor se involucran en la comunidad, llevando a cabo actividades como "cafés de la muerte" para fomentar el diálogo en torno a la muerte, con una taza de té y pastel como acompañantes.

Una mujer de cabello gris y negro contempla el mar. Lleva un llamativo pañuelo con motivos azules y negros. La orilla aparece desenfocada a sus espaldas mientras brilla el sol.

Fuente de la imagen, Parker

Marian Krawczyk, investigadora en cuidados paliativos de la Universidad de Glasgow y fundadora de End-of-Life Doula International Research, afirma que el cuidado al final de la vida debe adaptarse, ya que el modo en que mueren las personas ha cambiado: hay menos casos de enfermedades infecciosas agudas o muertes accidentales, y un aumento de quienes conviven durante años con enfermedades crónicas.

Añade que "en la actualidad, las personas esperan poder decidir cómo vivir en todos los ámbitos, incluida la forma en que quieren morir".

Aunque para algunos las doulas de la muerte son un soporte clave, este es un campo complejo, sin regulación ni formación obligatoria.

Desde distintas perspectivas, algunos proponen incluirlas dentro del sistema sanitario, mientras que otros consideran que debe permanecer como un servicio independiente.

Existen preocupaciones acerca de los costos asociados a este rol y el posible riesgo de "explotación de personas vulnerables".

No obstante, según Krawczyk: "La calidad de la atención al final de la vida varía mucho según la zona geográfica, y las doulas pueden ayudar a compensar esas diferencias".

Por su parte, el doctor Paul Perkins, director médico de la organización benéfica Sue Ryder, centrada en cuidados paliativos y duelo, señala que el sistema sanitario suele ser "complejo para los pacientes, sobre todo cuando enfrentan emociones intensas tras un diagnóstico".

Opina que quienes se encuentran en fases terminales deberían recibir apoyo para asegurar "la mayor calidad de vida posible", resaltando: "Así podrán disfrutar de más tiempo con quienes les brindan felicidad".

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