La doctora Marta González-Corró sugiere pequeños ajustes en la rutina que pueden mejorar la salud del hígado

El hígado representa uno de los órganos más discretos y, a la vez, vitales para el cuerpo humano, ya que cumple cientos de funciones esenciales: filtra toxinas, regula el metabolismo, almacena energía, produce bilis y contribuye a mantener el equilibrio hormonal. No obstante, el estilo de vida actual, caracterizado por el estrés, la mala alimentación, el sedentarismo y la falta de descanso, compromete su correcto funcionamiento.
El cuidado del hígado no radica en soluciones milagrosas, sino en mantener hábitos diarios consistentes a lo largo del tiempo. La doctora Marta González-Corró se ha dedicado a explorar la interacción entre el eje hígado-intestino-microbiota en su libro Un hígado feliz (Alienta Editorial, 2026), obra en la que explica los mecanismos que sustentan la relación entre el hígado y el metabolismo.
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En lugar de recurrir a dietas extremas o las populares “detox”, la especialista enfatiza un cuidado auténtico del hígado que comienza en los hábitos cotidianos, desde la alimentación hasta el descanso.
Respetar el ritmo circadiano
Uno de los elementos esenciales para conservar la salud hepática consiste en respetar el ritmo circadiano. El organismo opera siguiendo ciclos biológicos naturales que controlan el sueño, las hormonas y los procesos de reparación celular. Dormir de siete a ocho horas diarias, mantener horarios estables y recibir luz natural al despertar contribuye a sincronizar estos ritmos internos. Además, evitar el uso de pantallas una o dos horas antes de acostarse favorece la producción adecuada de melatonina, hormona clave para un descanso profundo y la regeneración orgánica.
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La doctora González-Corró también sugiere no realizar cenas tardías, dado que el hígado requiere períodos de reposo nocturno para llevar a cabo sus procesos de desintoxicación y reparación. Practicar actividad física por la mañana puede fortalecer este equilibrio biológico, mejorando la sensibilidad a la insulina y promoviendo un metabolismo más eficiente.
Una dieta antiinflamatoria
La alimentación juega un papel determinante. Seguir una dieta antiinflamatoria ayuda a disminuir considerablemente la carga sobre el hígado y previene enfermedades metabólicas. Una estrategia simple consiste en hacer tres comidas diarias dentro de una ventana de alimentación de entre diez y doce horas, permitiendo que el sistema digestivo descanse.
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En este sentido, reducir el consumo de ultraprocesados, alcohol y grasas trans es fundamental. Estos productos inflaman y propician la acumulación de grasa en el hígado, condición cada vez más común incluso en personas jóvenes. En cambio, incluir alimentos ricos en polifenoles (como frutos rojos, cacao puro, aceite de oliva virgen extra, té verde o uvas) aporta antioxidantes que protegen las células hepáticas.
Hígado Graso – Romi Pereiro
Cuidar la microbiota intestinal
El tercer hábito fundamental está relacionado con proteger la microbiota intestinal, un ecosistema de millones de microorganismos que afecta directamente a la salud del hígado. La conexión entre ambos órganos es tan estrecha que cualquier alteración intestinal puede incidir en el desempeño hepático.
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Para conservar una microbiota balanceada, los expertos recomiendan incluir fermentados naturales como kéfir, yogur natural, chucrut o kimchi. También resulta importante evitar el uso innecesario de antibióticos, ya que estos medicamentos pueden desequilibrar gravemente la flora bacteriana intestinal.
Hidratación adecuada
La hidratación diaria constituye otro aspecto fundamental. Consumir suficiente agua facilita la eliminación de desechos y optimiza la función digestiva. Asimismo, es conveniente atender señales como gases, hinchazón, digestiones pesadas o cambios en el tránsito intestinal, ya que podrían indicar un desequilibrio que requiere atención.
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Algunas infusiones tradicionales también pueden apoyar la digestión y la función hepática. Plantas como el diente de león, la alcachofa, la manzanilla, el jengibre, el boldo o el cardo mariano se emplean desde hace siglos por sus propiedades digestivas y depurativas. Además, varias personas incluyen agua tibia con limón en ayunas junto con un poco de aceite de oliva virgen extra para estimular la motilidad intestinal y favorecer el flujo biliar.

