Un rincón sevillano que sorprende al viajero con sus calles inclinadas, panorámicas abiertas a la campiña y un legado que trasciende su fama repostera. Entre fragancias dulces, este destino andaluz ofrece razones suficientes para una escapada pausada
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Existe un pueblo andaluz que muchos relacionan instantáneamente con los mantecados y los polvorones, pero que alberga una ruta mucho más extensa que incluye patrimonio, miradores, conventos, dulces artesanales y aceite de oliva virgen extra. Sus calles inclinadas emanan un aroma a canela, sus fábricas conservan una tradición reconocida dentro y fuera de Andalucía y su casco histórico invita a descubrir más allá de la repostería navideña para encontrar uno de los lugares más peculiares de la provincia de Sevilla.
Ese destino es Estepa, situada en la Sierra Sur de Sevilla, una localidad declarada Conjunto Histórico-Artístico que se extiende desde el cerro de San Cristóbal, su punto más alto. Allí está uno de sus atractivos principales: el Mirador Balcón de Andalucía, desde donde en días despejados es posible observar vastas panorámicas de la campiña e incluso Sierra Nevada. La antigua alcazaba, la Torre del Homenaje, la muralla y la iglesia de Santa María permiten comprender la importancia histórica de este enclave, cuyos orígenes datan del Neolítico y fue conocido como Ostippo en época romana e Istabba durante el periodo musulmán.
Qué ver en Estepa más allá de sus mantecados
El recorrido por Estepa permite combinar turismo monumental, gastronomía y tradición. La Torre de la Victoria, declarada Monumento Nacional por su valor barroco, es uno de los símbolos más fotografiados de la ciudad. A este se suman la plaza conocida como El Salón, la iglesia del Carmen, la parroquia de San Sebastián, la ermita de la Asunción, la Casa Palacio del Marqués de los Cerverales y el barrio de Los Remedios, donde la arquitectura religiosa muestra la impronta del barroco rural andaluz. Además, los conventos de clausura preservan la elaboración artesanal de dulces tradicionales como los tocinillos de cielo, los ochíos o el bienmesabe.
La visita también posee un marcado componente sensorial. Estepa es reconocida como la Ciudad del Mantecado y cuenta con múltiples fábricas donde se puede conocer el proceso de elaboración de este producto, pero también destaca por su aceite de oliva virgen extra con Denominación de Origen, una producción con siglos de tradición vinculada a la excelencia del olivar sevillano. A esto se suman propuestas como el museo del chocolate Chocomundo, las bodegas locales, el paraje natural del Manantial de Roya y celebraciones como la Semana Santa estepeña o la Velá de Santa Ana. El paseo por sus calles requiere calzado cómodo y deseos de perderse entre cuestas, miradores y aromas que explican por qué este pueblo merece una visita más allá de sus mantecados.
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