De arriesgar su vida en patera por 7.000€ a establecer su churrería propia en Cádiz: la trayectoria de Buba

Buba. Las claves

Buba, originario de Senegal, cruzó el Estrecho en una patera pagando 7.000 euros a mafias para llegar a España en busca de oportunidades.

La travesía duró tres días, con 70 personas a bordo, en condiciones extremas y con riesgo de perder la vida antes de ser rescatados.

Tras su llegada, Buba trabajó varios años en una churrería, ahorró 8.000 euros y montó su propio negocio en Los Barrios, Cádiz.

Buba ha sido acogido por la comunidad local y sueña con que su madre pueda venir a España, aunque considera que es casi imposible.

En 2020, más de 40.000 inmigrantes llegaron a las costas españolas tras haber pasado por una de las travesías más duras que existen.

Cientos de kilómetros a bordo de una patera hinchable con decenas de personas en plena mar abierta. Muchos no sabían nadar. Ni sabían si llegarían vivos a su destino.

Buba fue uno de los que lo logró y, seis años después, ha abierto su propia churrería en Cádiz.

Nacido en Tambacounda, una ciudad de Senegal, siendo apenas un adolescente se subió a una de estas embarcaciones “de plástico” -organizadas por mafias- con la determinación de cruzar el Estrecho.

Lo hizo además «sin dinero» y ocultándolo a sus padres. «Sabía que la respuesta sería un ‘no’ si les contaba que se iría del país.»

Para costearse el viaje, Buba trabajó en su tierra durante «muchos meses» hasta reunir la cantidad exigida por la organización criminal: exactamente 7.000 euros. Tras esto, le quedó «20 euros» para sobrevivir el resto del trayecto.

Tres días de travesía

El viaje duró tres días. Un periodo que Buba recuerda como «una de las peores experiencias» que ha enfrentado.

Setenta y dos horas a la deriva, con frío, sin comida ni agua para todos y apiñado junto a aproximadamente 70 personas más. «Fue terrible. Todo fue muy complicado», relata a este medio.

A pesar del miedo, la carencia absoluta de oportunidades en su país lo empujó a tomar ese riesgo. Y no se arrepiente.

Buba recuerda con especial dureza los momentos antes del rescate por parte de Protección Civil. «La barca empezó a perder aire. Si los rescatistas hubiesen tardado diez minutos más, habríamos muerto«, afirma.

Un cambio radical

Han pasado ya seis años y su vida ha experimentado un cambio rotundo.

Con 22 años, Buba es pequeño empresario en Los Barrios, Cádiz, donde se ha ganado el afecto de toda la comunidad.

Durante la entrevista, los vecinos lo interrumpen en numerosas ocasiones para saludarle. Desde niños hasta ancianos.

Al llegar a España, fue acogido en un centro para menores donde permaneció ««. «Tenía ganas de salir y empezar a mandar dinero a mi familia», comenta.

Tras abandonar el centro, encontró el empleo que actualmente le sostiene y con el que ayuda a su familia en África.

Buba comenzó a trabajar en una churrería de El Bosque, un pequeño pueblo blanco próximo a su actual domicilio. Cinco años haciendo y perfeccionando la elaboración de churros, hasta que decidió lanzarse por cuenta propia. ¿El motivo? «Sabía que trabajando por mi cuenta podría ganar más».

Sus ahorros invertidos en la churrería

Costó «mucho dinero». Con su trabajo anterior, el senegalés logró economizar , cantidad que destinó completamente a su nuevo proyecto.

Hace cuatro meses, Los Barrios estrenó una churrería más. La inauguración tuvo lugar con un gesto especial: churros gratis para todos. Desde entonces, el negocio no ha dejado de crecer y prosperar.

El propio Buba reconoce la sorpresa por la gran aceptación de su comercio. Lo abrió «con miedo a perder sus ahorros» y se ha convertido en un verdadero éxito. Así mismo, atribuye parte de su popularidad a su trayectoria previa.

Actualmente, vive con una pareja local a la que considera como sus padres; forma «parte de la familia». No obstante, no olvida a sus padres biológicos ni a los cinco hermanos que dejó hace seis años.

Su convicción es firme: «Aquí está mi vida. España no tiene comparación con Senegal; allí no existen oportunidades«.

Buba confiesa que su sueño principal es que su madre pueda venir a vivir a España, aunque reconoce que es una meta “prácticamente inalcanzable”, dado que su familia ha vivido y trabajado siempre en el campo, sin intención de alejarse de ese estilo de vida.

Su historia es una de superación, aunque no la única. Cada año, miles de inmigrantes arriesgan sus vidas cruzando el Estrecho en busca de la supervivencia en España.

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