La trayectoria histórica del Rayo: del descenso a Segunda a alcanzar su primera final europea sin perder su identidad de barrio

Los jugadores del Rayo Vallecano celebran la victoria ante el Estrasburgo. Los dirigidos por Íñigo Pérez han mantenido la humildad durante la Conference League. Son un club sencillo, pero han actuado como un grande.

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Habían transcurrido 25 años desde la última vez que el Rayo Vallecano compitió en Europa. El 15 de marzo de 2001, el Rayo perdió en cuartos de la Copa de la UEFA contra el Alavés.

Así terminó aquella aventura europea del equipo madrileño. Dos décadas después, comenzó otra que, contra todo pronóstico, sigue vigente.

El Rayo arribó a Europa con la intención de conquistarla. Y lo está logrando mediante un milagro que ya ha dejado huella en Gotemburgo, Bratislava, Bialystok, Samsun, Atenas y Estrasburgo, y que ahora busca alcanzar su punto culminante en Leipzig.

Allí aguarda una final inédita, un episodio hasta ahora sin escribir en la historia franjirroja. El 27 de mayo es la nueva fecha señalada en rojo para el rayismo.

La década que concluye con el Rayo Vallecano en una final europea representa una historia de lealtad a una concepción particular del fútbol.

Caer y volver a levantarse

El modesto club de Madrid pasó de caer a Segunda en 2019 a disputar, siete años después, la primera final continental de su trayectoria, sin sacrificar su esencia de barrio ni su estilo característico de competir.

El golpe de aquel año fue fuerte: el rayismo sufrió su séptimo descenso a Segunda División tras una temporada marcada por la fragilidad deportiva y un presupuesto reducido para dicha categoría.

El descenso del Rayo Vallecano en 2019.

El descenso del Rayo Vallecano en 2019.

Una de las decepciones más destacadas ocurrió en la temporada 1996-97, cuando el equipo rayista perdió la categoría en la promoción pese a registrar un récord de puntos durante el campeonato. Luego de ese descenso vinieron otros dos, siendo el último en 2019.

Dos años más tarde, en 2021, retornó a Primera. Ese ascenso no solo curó una herida deportiva; también ratificó que el Rayo seguía siendo capaz de resurgir sin perder su identidad.

Al fin y al cabo, el Rayo es un club de barrio, estrechamente vinculado a Vallecas y a una cultura futbolística obrera que le ha otorgado un carácter distintivo en el fútbol nacional. Esta conexión constante entre la afición y el equipo explica por qué cada éxito va más allá del deporte.

El equipo ideal

El conjunto ha transformado su espíritu de barrio en un proyecto competitivo y, finalmente, ha llegado al escenario más alto que podía imaginar.

Los de Íñigo Pérez no solo disputarán una final europea por primera vez; lo harán fieles a un estilo de juego que ha resistido descensos, ascensos y cambios de ciclo.

Los jugadores del Rayo Vallecano celebran con su afición la victoria contra el Estrasburgo.

Los jugadores del Rayo Vallecano celebran con su afición la victoria contra el Estrasburgo. EFE

Para comprender esta hazaña histórica basta con examinar el valor de las plantillas finalistas.

La primera edición de la Conference League fue en la 21-22, con una final entre Roma (381 millones) y Feyenoord (181 millones). La siguiente temporada enfrentó a Fiorentina (259 millones) y West Ham (466 millones); en la 23-24, nuevamente Fiorentina (284 millones) alcanzó la final, perdiendo frente al Olympiacos (135 millones).

La temporada pasada el Betis fue inferior al Chelsea (292 frente a 1.190 millones); mientras que el Rayo Vallecano se medirá el 27 de mayo en Leipzig con el Crystal Palace (542 millones frente a 107).

En otras palabras, el club de ‘La Franja’ cuenta con el valor de plantilla más bajo entre todos los finalistas que han disputado el título de la Conference League.

Más de veinte años después de aquella última experiencia europea tras clasificarse por ‘fair play’, el equipo dirigido por Íñigo Pérez dispone de una oportunidad superior a la que tuvieron los jugadores de Juande Ramos en la antigua Copa de la UEFA.

Un Rayo a la altura de su afición, firme, recibe ahora la recompensa tras años de sacrificio, pero sobre todo, de orgullo y dedicación. El 27 de mayo, frente al Crystal Palace, afrontan el partido más trascendental de su historia.

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