Iván Redondo presentó un informe al presidente sobre la creación de una España plurinacional para 2028

Iván Redondo fue jefe de gabinete de Pedro Sánchez y también trabajó para el PP en Extremadura. Las claves

Iván Redondo confiesa que elaboró para Pedro Sánchez un informe con el objetivo de impulsar una España plurinacional en 2028, coincidiendo con el cincuentenario de la Constitución.

El exjefe de gabinete de Sánchez comparte en su libro vivencias personales y políticas, retratando el funcionamiento interno de la Moncloa y el arranque del ‘sanchismo’.

Redondo aclara que su salida del Gobierno estuvo motivada por problemas graves de salud, entre ellos una intervención cardíaca, y que considera posible su regreso a la política por vocación de servicio público.

Defiende el concepto de España como nación de naciones y ve la amnistía como un signo de reconciliación, al tiempo que descarta un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Cuando llegó, observábamos el dobladillo de su pantalón. Él también lo revisaba de vez en cuando. En la jornada de su primer empleo en Madrid, en un lugar similar a este, cerca del cielo, a la altura de los edificios caros, apareció con un dobladillo que su esposa y él cosieron apresuradamente en una noche.

En un breve periodo, sin dominar del todo cómo arreglar el dobladillo, se situó como la segunda persona de mayor poder en el Gobierno. Aún no habían pasado quince años desde que desempeñaba trabajos como camarero y acomodador.

La vida del hombre que entra en la sala es como un pisotón en el acelerador. Es una noche febril de esfuerzo intrepidante y desenfreno. Un despertar doloroso.

Consideren su edad: no llega a los 45 años y todas las cuestiones que le planteamos giran sobre lo que hizo, no sobre lo que está haciendo.

Y una cuestión para el análisis metafísico, quizás la más relevante: Pedro Sánchez lo abrazó. ¡Lo abrazó sinceramente! Solo por eso vale la pena entrevistarle. Es una especie en peligro de extinción.

–Cuenta que Sánchez, además, un día, le dijo «te quiero».

–¡Está usted haciendo trampas! –se ríe a carcajadas.

–¿Se lo mencionó o no?

–¡Ha perdido la cabeza!

–Leo literalmente de su libro: «Te quiero y te necesito a mi lado». Eso dijo Sánchez. Es una frase preciosa.

–¡Contextualice! El verbo «querer» tiene en ese contexto otro significado.

Contextualizamos. Juntos ganaron la moción de censura. Sánchez y él. Bueno, en ese «juntos» también estaba José Luis Ábalos, quien pronunció el discurso. Otra razón para la entrevista. ¿Qué vio y qué no? ¿Tuvo alguna sospecha?

–¡No vi nada! Si lo hubiera visto, me los habría llevado por delante.

Y Sánchez, que acabaría abrazándolo el día que falleció su perro, le pronunció esa frase… «Te quiero y te necesito a mi lado».

Así se convirtió Iván Redondo, un joven de San Sebastián sin padrinos, en jefe de gabinete del presidente del Gobierno.

Nos acercamos a verle porque ha publicado, Redondo, El Manual (Contraluz, 2026). El primer tratado de un jefe de gabinete. Una versión, la suya, claro, de muchos de los hechos que ocurrieron al inicio del sanchismo; el proyecto que transformó España para siempre.

En sus páginas se entrelazan anécdotas tanto personales como políticas. Muchas desconocidas. Y un retrato muy útil: la Moncloa desde dentro, explicada con detalle. Con todos sus asesores, con todo su aparato propagandístico, más potente que nunca.

Es recomendable leerlo con un desfibrilador cerca. Porque en un momento afirma que Sánchez y Suárez son similares… ¡por la firmeza de sus principios! Y ahí, a varios, el corazón podría fallar.

Decíamos «te quiero» porque estamos hablando del corazón. Iván Redondo tenía, literalmente, un agujero en el corazón. Afirma que esa fue la razón de su salida.

Siguiendo estas confidencias, vamos a provocarle, a hacerle una entrevista de trabajo –manifiesta estar dispuesto a regresar– y tratar de comprender qué implica eso de «la España plurinacional». El proyecto que presentó a Sánchez y para el cual preparó un informe secreto de reforma constitucional. Para aplicarse en 2028… justo en el aniversario 50 de la Carta Magna.

El último español que se describió a sí mismo en tercera persona y se autodenominó «El Director», como hace usted, fue el general Mola, cerebro del golpe de Estado de 1936. ¿Buscó inspiración en sus escritos?

No me va a sorprender. Además, le contaré algo: cuando llegué a vivir a Madrid, allá por 2003, votaba en un colegio que se llamaba «General Mola» y que hoy, afortunadamente, se denomina «Reina Victoria».

¿Por qué escribir de uno mismo en tercera persona? Transmite al lector una sensación inquietante.

Es un juego de roles, un simple recurso narrativo. Ya ha visto que no me guardo nada. Esa tercera persona no crea una barrera ni distancia al narrar.

Varios ministros de la UCD me han dicho que Suárez era quien mejor abrazaba en España. ¿Cómo abraza Sánchez? Describa esa escena en la que, estando con él en su despacho, le comunican que falleció su perro, se emociona y Sánchez lo abraza.

Fue un acto de empatía, de conexión. Para mí fue un momento muy duro.

Quien haya perdido un perro sabe de lo que hablo. Venía de una etapa complicada. Había superado la operación, pasó el coronavirus… y mi perro se fue abruptamente.

Los perros despiertan en el alma cosas que desconocíamos. Mi perro me acompañó en los momentos más trascendentales de mi vida, desde mi etapa en Extremadura. Lo vivimos todo juntos. Y, de repente, no estaba. Me lo informaron mientras estaba reunido con el presidente.

Literalmente tenía un agujero en el corazón y dice que por eso salió de Moncloa.

Tenía 39 años. En un día cualquiera fui a hacer deporte en Moncloa con el ministro Bolaños y el general Ballesteros. Para acceder a esas instalaciones, exigen chequeos médicos.

Y ahí apareció el agujero.

Algo no encajaba. Tras ese chequeo, hicieron más pruebas y detectaron el agujero.

Quedas en estado de shock. Piensas en muchas cosas. Imaginas qué habría pasado si no te hubieran encontrado ese fallo de forma tan casual. Me pregunté si me iba a morir.

Explique la enfermedad.

Se denomina CIA: comunicación interauricular. Un orificio que permite que la sangre pase de una lado del corazón al otro. Nací con él, no tiene relación con el estrés. Aún no existe tecnología suficiente para diagnosticar en un niño si se trata de un simple soplo o de un orificio.

Los médicos de Moncloa me indicaron que debía operarme sí o sí, porque la afección puede acarrear problemas muy graves a largo plazo.

¿Por ejemplo? ¿Qué le advirtieron?

Podría haber sufrido falta de oxígeno necesario. Podría haber sufrido un ictus prematuro. Mi piel podría haberse tornado morada. Si dejamos pasar tiempo sin saber del agujero, pueden ocurrir esas consecuencias.

¿A quién se lo contó?

Lo comuniqué primero a mi familia y luego al presidente. Fuera de mi círculo más cercano, el presidente era la única persona al tanto; más allá de los médicos, claro.

Y se operó en secreto.

Lo hicimos el 17 de diciembre de 2020, un jueves, para que coincidiera con un fin de semana y las Navidades. Así logró pasar desapercibido.

La operación no fue en el hospital de Moncloa que menciona en el libro.

No, ese hospital se reserva solo para emergencias nacionales. Aunque tenía mucho miedo, confiaba en que despertaría porque los médicos aseguraron que era una intervención controlada. Pero el miedo está presente y replanteas muchas cosas.

Escribe que lloraba en el coche rumbo a Moncloa, y también en casa.

La medicación era fuerte. Mi cuerpo sufrió muchos cambios. También mi mente. Sentí que no era el mismo. Percibí el comienzo de una depresión.

¿Cómo se manifestaba esa depresión?

Estar acostumbrado a despertarte a las cinco y leer la prensa y, de pronto, no querer hacer nada de eso. No tener ganas de las tareas habituales. Creo que es común a quienes enfrentan un replanteamiento tan abrupto.

Durante mis últimos seis meses en Moncloa, estuve más medicado que nunca. Nada era igual. Mejoré algo con Plavitz, un medicamento fuerte usado tras infartos de miocardio. En ese momento dirigí la primera campaña de Illa en Cataluña y me sentí mejor. Al dejar la medicación, volví a caer.

¿Por qué decidió dejarla?

Habíamos ganado la primera moción de censura de la Democracia. Habíamos ganando cinco elecciones seguidas. Hablé con mi esposa. Ella lo sabía. Supe que era hora de parar.

¿Por qué no lo contó entonces? ¿Qué cambia al contarlo ahora?

El presidente comprendió mis razones. Mi esposa y yo pensamos en contarlo, pero decidimos dejarlo para más adelante, que es ahora. Contarlo entonces hubiera generado un estrés enorme. Yo debía concentrarme en recuperarme física y mentalmente.

Insinúa que Moncloa facilitó la detección rápida. ¿Fue un privilegio? En la sanidad pública, ¿quizá aún no se habría operado?

Tuve la suerte de hacer deporte en un búnker de seguridad que exige chequeos médicos completos por protocolo. Entonces, sí, el Palacio de la Moncloa me salvó la vida. Pero no acepté privilegios. Cuando detectaron el problema, la operación fue igual que para cualquier persona.

Iván Redondo, en la sede de su consultora, en Madrid.

Tras esos costos personales, afirma querer regresar a la primera línea. Debe ser cierto que la política es tan adictiva como la heroína. ¿Ha probado la heroína?

No, no.

Pero quiere volver.

Lo explico: mi prioridad número uno son el Grupo Redondo y mi familia. Pero como ciudadano, ante la situación de España y este clima de ira y desgaste, estoy dispuesto a regresar. Me siento sano y fuerte para hacerlo.

Quiero a mi país y creo en el servicio público. Me prometí, se lo digo sinceramente, que tras lo del corazón sería más claro en mis respuestas. Así que sí, estoy dispuesto a volver. Conozco el gabinete presidencial, la política autonómica, la oposición, el gobierno…

Parece una entrevista de trabajo.

¡No! De verdad no lo necesito. El Grupo Redondo satisface todas mis necesidades. Es una cuestión de vocación y servicio público.

Ha trabajado para Sánchez y para el Partido Popular. ¿Hay algún partido para el que no trabajaría?

Le doy la vuelta a su pregunta…

¿Trabajaría para Vox?

Vox sabe perfectamente que no.

¿Y para Bildu?

Mi planteamiento es este: escucho cualquier propuesta, pero para mí la política no es solo una cuestión profesional. Es algo que se integra con lo personal. Mis principios dependen más de las ideas que de las ideologías; de las personas más que de los partidos. No olvide que nunca he pertenecido a partido alguno.

No ha respondido sobre Bildu.

Bildu sabe que tampoco. Pero no entraré en esta sopa de letras, en “partido sí” o “partido no”. Estudio los proyectos, valoro si el candidato es buena persona. Estoy orgulloso de los proyectos políticos en los que he colaborado.

Me gustaría trabajar en un proyecto que busque el rearme moral de España, que genere emociones positivas, que una a las generaciones y deje atrás problemas históricos.

Redondo dice que quiere volver a la primera línea política.

Vamos a la discoteca Mogambo, hace casi treinta años. Cuenta que vio a su padre entrar con otra mujer que no era su madre y que eso le enseñó qué significa ser querido o no serlo.

Muchos hemos vivido algo parecido. El abandono, la ausencia paternal. Esa imagen me ayudó a comprender mucho mejor a mi madre, a admirar cómo sacó adelante sola a cuatro hijos.

Soy el menor de tres chicos. Somos cuatro: tres chicos y una chica. En mi vida, quienes me abrieron puertas siempre fueron las mujeres. Desde niño entendí lo que es ser mujer y trabajar; las barreras que enfrentan.

Eso conecta con uno de sus sueños: ayudar a que una mujer sea presidenta del Gobierno. Creyó en Yolanda Díaz, que le ofreció trabajar a su lado y usted rechazó. ¿Ve a alguna mujer, aparte de Ayuso, con potencial para gobernar?

Tras mi salida en 2022 hubo dos acercamientos. El que menciona de Yolanda Díaz y uno del Partido Popular.

¿Con Casado o Feijóo en la cabeza del PP?

Ya en época de Feijóo.

¿Le llamó Feijóo personalmente?

No. Me quedaré ahí. Yolanda Díaz me citó en el Ministerio de Trabajo.

¿Por qué da detalles con Yolanda Díaz y no con el PP?

Fueron personas importantes del equipo de Feijóo en ese momento.

¿Llegó a ver a Feijóo?

Cuando se planteó la propuesta, la agradecí mucho pero rechacé. No era el momento.

¿Y con Yolanda Díaz qué sucedió?

Le expresé mi desacuerdo con su anuncio en Magariños. Me pareció un error que no contara con Podemos. Agradezco ambos acercamientos. A su pregunta sobre si veo a una mujer con posibilidades de presidir el Gobierno, en este momento no lo veo.

Un momento de la entrevista.

Empieza su libro con la moción de censura, que usted dirigió junto a Sánchez, pero omite a alguien importante: José Luis Ábalos. No aparece ni una vez. ¡Ni Stalin recortaba fotos así!

Tenía una relación puntual y profesional con José Luis en asuntos electorales. Él cumplió la llamada «fase de censura». No tengo nada que contar sobre él.

Pero formó parte de la operación que dirigió usted.

Yo dirigí la moción. Analizamos el discurso que José Luis debía dar. También participó en negociaciones con partidos.

¿Alguna vez notó algo raro?

Si lo hubiera sabido, me los habría llevado por delante.

Estando junto al presidente, en Moncloa, ¿no vio nada extraño en Ábalos o Koldo?

Reitero que, de haber notado algo, habría actuado. Mi trabajo era para el presidente desde el edificio Semillas, en Moncloa. También dirigía campañas. Tenía ese perfil híbrido, nada más.

Dice en el libro que mantuvo conversaciones profundas con Sánchez antes de la crisis que acabó con Ábalos. Planteaban nombres, evaluaban virtudes y defectos. ¿Sabe por qué el presidente cesó a Ábalos?

No, no lo sé. Hablábamos de nombres para el futuro, compartíamos ideas y propuestas. A veces él me proponía como ministro para que me quedara, pero no funcionó así. Además, esas charlas son confidenciales.

Por eso pregunté «si sabe», no «si puede contar».

No lo sé. Además, ya me estaba desconectando de todo. Había comentado con algunos del gabinete que me marcharía. Estas charlas fueron en mayo, la crisis en julio aún estaba lejos.

Usted se define como una de las personas mejor informadas políticamente y conocedor estratégico del Gobierno y sus legislaturas. ¿Nunca sospechó que una trama así se estaba gestando? La incredulidad ciudadana crece ante el hecho de que nadie lo detectara.

Bajemos la intensidad. Recuerde que el gabinete recopila información política para transformarla en conocimiento útil para el presidente.

La sospecha constante existe, pero yo me centraba en la estrategia política e institucional. No supervisaba los ministerios ni sus contratos. Su pregunta pierde fundamento.

España vive en un contexto donde la única responsabilidad presidencial es penal. No hay responsabilidad política. González no dimitió porque no se pudo probar su vinculación a tramas, Rajoy igual. Sánchez igual. ¿Está capacitado para gobernar alguien que no detecta estas situaciones en su equipo?

Cuando tuvimos conocimiento de la trama, propuse que el presidente se sometiera a una cuestión de confianza en el Parlamento.

No lo hizo.

Pero el Parlamento no retiró la confianza al presidente. Ni hubo moción de censura.

Ese planteamiento…

En una democracia sólida como España, el presidente puede seguir gobernando. Dirá: «El presidente no siempre tiene la confianza del Parlamento». Bueno, para algunas cosas sí y para otras no. Estoy convencido de que de haber presentado esa cuestión de confianza, la habría ganado.

La confianza parlamentaria no solo se mide por tener Presupuestos Generales aprobados, que, claro, es ideal.

No «ideal»; es constitucionalmente obligatorio.

Sí, pero también es lo ideal. Soy partidario de hacer política en el Parlamento incluso cuando pierdes votos, porque la política es como judo: usas la energía del oponente para transformarla.

Por ejemplo: presentamos unos Presupuestos en 2019, que Esquerra tumbó. Luego convocamos elecciones y las ganamos. Esa derrota fue un impulso. España hoy está más equilibrada de lo que parece.

¿Qué quiere decir?

La derecha tiene 12 millones de votos, igual que en 2011. Hay un millón de votos que nunca irán a ese bloque. Muchos españoles confían en la gestión del presidente.

Entonces, cuando Sánchez dijo que quiere gobernar ocho años más, ¿lo ve posible?

Fue un titular para la actualidad. Necesitas muchas razones para durar tanto tiempo. Quizás se den, pero no depende solo de argumentos. Hay que generar un sentimiento positivo en la parte de la sociedad que no te vota.

No extendería tanto ese plazo. Creo que quiso expresar que tiene un proyecto para España y está aplicando políticas estructurales que requieren tiempo. Desde fuera, el tiempo parece más largo que desde dentro.

Explíquese.

La Administración tiene sus tiempos y ritmos. Cuatro años parecen mucho, pero no bastan para muchos cambios y corregir problemas crónicos. A veces ni ocho años bastan para ver resultados.

¿Qué opina de la limitación de mandatos que, por ejemplo, existe en EE.UU.?

He conversado con primeros ministros europeos sobre esto. La mayoría busca un límite de tres legislaturas. Algunas políticas implementadas en la primera muestran resultados en la tercera.

Volviendo a los Presupuestos, ¿qué le diría a Sánchez ante el incumplimiento reiterado de la obligación constitucional de presentarlos? ¿No es peligroso acostumbrar a la sociedad a que la Constitución se cumpla solo cuando interesa?

Creo que hay que presentar los Presupuestos. Lo digo como ciudadano, no con la postura de jefe de gabinete. Se deben presentar y luego ganar elecciones. Con audacia y sin miedo. Lo hará, como en 2019.

España siempre necesita Presupuestos sociales. Debe adaptarse a cada etapa. Pero hay que ser empático. El Gobierno tiene una mayoría transversal, plurinacional y periférica. Esa dificultad la sufre también la derecha.

¿Cree que esta legislatura llegará a su fin?

Sí, lo creo. Hasta el último día.

Iván Redondo nació en San Sebastián.

Afirma haber sido artífice del pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Le dijo al presidente muy pronto que, si quería gobernar, debía apostar por lo que llama «la España plurinacional». ¿Cómo definiría esa España?

La nación es lo que la sociedad de un país determina desde un punto existencial. Lo que se define a nivel institucional es el Estado. Yo defiendo una España como nación de naciones, donde Cataluña, Euskadi y Galicia son naciones.

¿Y Andalucía?

La última reforma de su Estatuto menciona «realidad nacional». En mis textos la llamo «la nación del sur». Juego con la dualidad de la Transición: esas «nacionalidades» constitucionales. No encuentro diferencias claras.

Ese concepto fue planteado para pasar página y avanzar hacia la Democracia. En cualquier caso, no soy quien para decir cuántas naciones hay en España. Solo expreso mi opinión. Algún día habrá que constituir España.

España ya está constituida desde 1978.

Tenemos una Constitución ejemplar, pero incompleta hoy. Cada generación tiene derecho a constituir su país. La España autonómica pertenece a otro tiempo. Está decayendo técnica e institucionalmente. Está envejeciendo y agotándose por su propio éxito.

Creo que es momento de constituir esa nueva España. Parece imposible, ¿verdad? En política, todo es imposible hasta que se convierte en prioridad.

Poco antes de su salida, aparece una gran diferencia con Sánchez. Tras la peor etapa de la pandemia, Sánchez quería centrarse en economía, mientras usted le aconsejaba potenciar «la España plurinacional». Finalmente, usted salió y Sánchez siguió ese camino.

Sánchez es un economista enfocado en balances, con una gestión que hoy es notable. Yo insistía en no olvidar esa España diversa que busca un nuevo encaje. Fue solo una recomendación. Esa es la tarea de un jefe de gabinete: aconsejar, nada más.

Confío en que la visión de una España plurinacional del sur europeo se imponga con el tiempo. Feijóo no es presidente por 20.000 votos en cuatro comunidades, tres de ellas Navarra, Euskadi y Cataluña. España no es uninacional. La España plurinacional es el gran proyecto para las próximas dos décadas.

Habló de una reforma constitucional para 2028, por los 50 años de la Constitución. Preparó un informe con esas recomendaciones para Sánchez.

Lo primero es preguntar a los españoles si desean reformar la Constitución, según el artículo 92. No se debe forzar nada. No contaré detalles del informe; no quiero ni debo.

¿Trasladó ese proyecto al jefe de gabinete real? ¿Y al Rey?

Las conversaciones con el jefe de Estado son confidenciales. Sí reconozco en el libro mi relación de confianza con Jaime Alfonsín y Domingo Martínez Palomo, entonces en la Casa Real. Pude compartir mis ideas y visión de España, pero no contaré esas reuniones, como usted no compartiría las suyas con su director.

¿No es imposible ese «reencuentro» si la otra parte solo quiere independencia? No hablo de opinión, sino de la voluntad declarada de socios de Sánchez.

Para mí, por ejemplo, la amnistía es un signo de reconciliación completa. En su pregunta hay implícita una opinión personal.

No es la mía. Es la de Otegi o Puigdemont.

¿Cree que la situación en Cataluña es igual que la que encontró este Gobierno? Durante la moción de censura, el 90% de diputados catalanes y vascos votaron a favor. En Cataluña se ha pasado página y hay una posición de reencuentro total.

Ese reencuentro también involucra al PP. En el Congreso, se votan cosas que eran imposibles hace diez años. Una democracia fuerte es capaz de perdonar y olvidar.

Usted conoce bien a Sánchez. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar en Cataluña para satisfacer a sus socios independentistas? ¿Un referéndum?

El presidente intentó desde el inicio tender un puente con Cataluña para que todos los españoles puedan cruzarlo. Eso es convivencia democrática. La suerte favorece a los valientes.

Cuando Sánchez habla de Cataluña, habla de España. Me representa esa idea. Estoy convencido de que la tesis gubernamental sobre Cataluña representa a la mayoría de españoles. No hablo por el Gobierno, pero han dejado claro que no habrá referéndum.

Argumenta que el Gobierno lo ha negado varias veces. ¿No es eso motivo para creer que lo habrá? Negaron indultos, amnistía, pactos con Bildu…

EL ESPAÑOL suele dar voz a la derecha plural. El Partido Popular ha dicho que nunca pactaría con Vox, y ahora sí lo hace, firmando medidas contrarias a lo dicho.

También lo hemos publicado, informativa y editorialmente.

Es la realidad de España. Hay que hallar puntos de acuerdo. No hablo por el Gobierno, pero creo que no habrá referéndum de autodeterminación en España. Está clarísimo. Si alguien quiere seguir bajo esa bandera, que haga lo que quiera.

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