Una nueva investigación de la Plataforma Talento para el Futuro examina la imagen que se tiene del país y señala que «el efecto predominante de informarse es emocionalmente negativo».

-Estamos tan acostumbrados a los escándalos que parecen normales. Se da por sentado. Y muchas personas ni siquiera tienen energías para seguir la información. Hay que continuar con nuestras vidas y punto.
-En mi caso, por el trabajo no puedo evitar estar al tanto… y eso afecta aún más la salud mental.
Este intercambio de opiniones, auténtico, podría haberse producido en cualquier grupo de WhatsApp y lleva a una pregunta latente tras leer un titular: ¿realmente la situación es tan mala?
La percepción de la ciudadanía confirma esta preocupación, según refleja un reciente informe de la Plataforma Talento Para el Futuro, que revela que el 54% de la población presenta un estado emocional más negativo después de informarse sobre la actualidad nacional. Además, ese malestar aumenta al proyectarse hacia el futuro: un 64% expresa temor o incertidumbre sobre el destino de España.
«Esta mezcla de emociones negativas está teniendo un impacto grave: la idea del futuro, que debería ser un horizonte común para el país, cada vez se asocia más con duda, tensión y desgaste», detalla Marlene García, directora del proyecto Sociedad Veraz, del que proviene este informe.
García explica que el motivo principal de este malestar reside en el «impacto constante» con que consumimos la información nacional. «La relevancia de las emociones que generan las noticias sobre el país se refleja en cómo se construye una imagen mental del país, su política y su democracia», aclara.
Todo ello se traduce en una realidad que ha ido empeorando: la caída de la confianza en las instituciones. Solo un 15% de la población confía en las instituciones y en el sistema político, según el informe. Por otro lado, un 57% confía poco o nada en ellas.
«El propio entorno informativo dificulta la confianza en las instituciones», señala la directora del proyecto. Además, las instituciones actúan como «ancla»: «Cuanto menor es la confianza en el Gobierno, la democracia y la política, más desprotegidos se sienten los ciudadanos ante la información que reciben».
Cuando esta base común es débil, refiere García, «la actualidad se interpreta más fácilmente desde la sospecha, la fatiga o la sensación de deterioro constante, volviéndose complicado articular una lectura compartida sobre el país».
Además, esta interpretación desemboca en inquietud sobre el futuro nacional; esta preocupación por el porvenir es transversal entre usuarios de todos los medios informativos. No importa si acceden a la información vía prensa escrita, radio, TikTok o Facebook. Según el informe, el 46% de la población siente preocupación al informarse. «El efecto predominante de informarse es emocionalmente negativo», advierte el documento, que también destaca la manera en que los ciudadanos consumen información.
El impacto de las redes sociales es especialmente relevante en este sentido. El 57% de los españoles se informa por esta vía y, entre ellos, el 49% reconoce sentir saturación informativa, mientras que un poco más de la mitad ha optado por el apagón informativo. La actualidad nacional agota, provocando la búsqueda de desconexión y el abandono de la responsabilidad ciudadana de mantenerse informado.
Por ello, en su informe, Talento Para el Futuro analiza los hábitos de consumo informativo, enfocándose en el papel de los medios de comunicación. En una escala del uno al cinco, la confianza en el periodismo se sitúa alrededor de 2,8.
«Cuando el discurso público sobre España se construye desde la preocupación, la polarización y la desconfianza, se debilita la posibilidad de compartir un marco común sobre el país. Recuperar la confianza en las instituciones y en el periodismo es fundamental para que la ciudadanía pueda observar la realidad con más serenidad, criterio y capacidad de participación», señala García.

