En España, uno de cada cuatro habitantes enfrenta riesgo de exclusión social, mientras que la pobreza infantil supera en ocho puntos la media europea.

Un 28,4% de los menores se encuentra en riesgo de pobreza, el empleo ya no ofrece seguridad económica y el alquiler incrementa la vulnerabilidad de los hogares

Las madres solteras enfrentan un riesgo mayor de pobreza: “No es posible vivir con jornada reducida, se requieren más recursos”.

Más de 12,5 millones de personas residen en España bajo riesgo de pobreza o exclusión social. En 2025, el 25,7% de la población atravesaba esta situación, según datos de Eurostat, situando al país casi cinco puntos porcentuales por encima del promedio de la Unión Europea, que ronda el 20,9%. Un dato aún más alarmante es que el riesgo de pobreza infantil alcanza el 28,4%, la tasa más alta en toda la UE.

Por su parte, la tasa de pobreza registra el nivel más bajo en la serie histórica reciente, con un 19,5%. A pesar de esta mejora, la cantidad de personas en pobreza permanece elevada: 9,6 millones permanecen con ingresos inferiores a 12.220 euros anuales por unidad de consumo. La disminución de la pobreza ha sido constante durante tres años seguidos, aunque la meta europea para 2025 de reducir la tasa al 14,8% sigue estando lejos.

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En el caso de menores de 18 años, la cifra excede en 8,8 puntos el promedio europeo y coloca a España como líder en este indicador dentro del continente, según datos de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES). Casi un tercio de niños, niñas y adolescentes vive en hogares en riesgo de pobreza o exclusión social, siendo este el grupo etario con mayor afectación.

Vivir en alquiler duplica la tasa de pobreza

La vivienda se posiciona como uno de los principales factores de riesgo para la pobreza y exclusión social en España. Los datos del informe revelan una diferencia significativa dependiendo del tipo de tenencia. Residir en una vivienda alquilada a precio de mercado multiplica las posibilidades de encontrarse en situación vulnerable: el 43,6% de quienes alquilan en estas condiciones está en riesgo de pobreza o exclusión social, frente al 19,5% de los propietarios. En términos de pobreza severa, el 32,6% de los arrendatarios se sitúa bajo el umbral de pobreza, mientras que entre los propietarios baja al 14,5%.

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La situación laboral también condiciona en gran medida la vulnerabilidad. El desempleo incrementa considerablemente el riesgo de pobreza y exclusión: el 55,4% de los desempleados se encuentra en riesgo, y el 38,7% vive por debajo del umbral de pobreza. Entre quienes han salido del mercado laboral y no reciben una pensión de jubilación, el riesgo permanece alto, con tasas superiores al 37%. Sin embargo, un dato especialmente revelador es que el empleo ya no asegura escapar de la pobreza: el 11,6% de la población ocupada corre riesgo de pobreza, evidenciando el aumento de la precariedad laboral, salarios bajos y temporalidad. El fenómeno de los “trabajadores pobres” se ha consolidado como una realidad estructural del mercado laboral español.

Varias personas pasean por la calle en Madrid. (Europa Press)

Extranjeros, mujeres y personas sin estudios enfrentan mayor riesgo

En relación con la influencia de la nacionalidad en el riesgo de pobreza, se observa que dentro de la población adulta española, el 20,5% está en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras que este porcentaje se eleva al 36,4% para extranjeros de origen comunitario y supera el 53% entre la población extracomunitaria. En cuanto a pobreza severa, la disparidad persiste: la proporción de inmigrantes, especialmente los provenientes fuera de la Unión Europea, afectados por la precariedad es más del doble en comparación con los nacionales.

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Asimismo, el género es un factor decisivo en la incidencia de la pobreza. Las mujeres registran una tasa AROPE del 26,8%, frente al 24,5% de los hombres, ampliando así la brecha de género y colocando a las mujeres, en particular a las cabezas de hogares monoparentales, en una situación especialmente vulnerable. Finalmente, el nivel educativo se presenta como un factor protector frente a la pobreza. Los datos indican que el 35,3% de quienes solo han completado estudios primarios o inferiores se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Esta proporción disminuye al 13,9% entre quienes han concluido estudios superiores, confirmando la relación directa entre formación académica y acceso a mejores condiciones de vida.

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