El PP persigue la «centralidad» y la ampliación de sus bases tras incorporar espacios simbólicos de Vox para frenar la ofensiva de Abascal

Se aproximan los momentos decisivos de la legislatura. En términos futbolísticos, se trata de la denominada «zona Cesarini», ese instante donde los goles resultan definitivos, como el de Mikel Merino en el minuto 91 frente a Portugal. Después del obligado paréntesis de agosto —un error será no respetarlo—, se avecina la batalla política más crucial de la actualidad en España. La precampaña ya está en marcha —comenzó cuando Juanma Moreno cerró el ciclo autonómico al pactar la entrada de Vox en la Junta de Andalucía— y todos los partidos están efectuando un reposicionamiento táctico profundo antes de entrar en la contienda electoral. Todos.
El caso más destacado, tanto por ser el primero en intención de voto como por estar protagonizando la partida más relevante, es el del PP, que desde febrero ha ido desarrollando un cambio operativo y pragmático con un alcance mucho mayor del que parece. No se trata de una reestructuración total ni de un reinicio absoluto. Ni de un giro brusco. Es más profundo que eso. En medio de la crisis judicial del PSOE y con el desplazamiento del electorado de centroderecha plus hacia posturas más duras, Alberto Núñez Feijóo ha llegado a la conclusión de que superar al Gobierno está por encima de los intereses tácticos del partido. Esto se refleja en sus últimos movimientos políticos y en la aceptación natural de que su llegada a La Moncloa depende de convivir con Vox.
«La eficacia de la derecha es fundamental». Y se sitúa por encima de los condicionantes partidistas. La jugada, que supone riesgos considerables, cuenta con el apoyo de José María Aznar, la figura más influyente dentro del ecosistema político del PP, quien ha reclamado una «mayoría nacional» sin apoyos nacionalistas (a diferencia de la que lo respaldó en 1996) para un proyecto de regeneración estructural. Esta demanda, expresada durante un desayuno informativo en el que el expresidente presentó a la portavoz popular en el Congreso, Ester Muñoz, coincide con un momento de alta sintonía entre Aznar y Feijóo.
«Aznar y Feijóo están completamente sincronizados; lo que dijo en el desayuno con Ester Muñoz fue sumamente importante. Mencionó una mayoría nacional desde la izquierda y la derecha, basada en la centralidad. Esta centralidad es fundamental. El discurso de regeneración y centralidad que Feijóo mantiene ahora es el mismo que Aznar promovió en 1996», señala uno de los líderes principales de Génova. «Aznar está colaborando, se ha puesto al servicio de Feijóo», aclara.
El propio líder del PP afirmó en una entrevista el lunes que «el señor Aznar es una de las dos o tres personas que más me han apoyado en estos cuatro años». No obstante, conviene recordar que el expresidente siempre fue una de las voces autorizadas más reticentes a pactar con Vox. Ahora, según sus palabras, no ve otra alternativa, aunque impulsa un ambiente social en el que el voto útil se incline hacia el PP: «no es lo mismo 160 diputados y 30 que 130 y 60», repite Aznar en cada oportunidad. Esa es la clave.
Y ahí reside la gran incógnita. Vox piensa que el acercamiento del PP a sus espacios discursivos más simbólicos, como inmigración y seguridad, provocará que el bloque pierda votos por el centro y cree que el voto útil irá a Abascal. No obstante, en Génova (y en Faes) consideran que un PP más «amplio» tendrá mayores posibilidades de captar votos antisánchez. «Las próximas elecciones serán un referéndum sobre Sánchez. Ese será el escenario. Esa será la decisión crucial. Todo lo demás será secundario», explican en el equipo de Feijóo.
Pero para alcanzar ese objetivo, el PP debe preservar su flanco de centroizquierda. Estudios internos de los populares reflejan un apoyo considerable de los socialdemócratas a la «prioridad nacional» como motivo de arraigo y, sobre todo, al endurecimiento de la política migratoria. «Desde el Congreso de Feijóo hace un año venimos abordando la cuestión migratoria. Este giro incluso ha sucedido en gobiernos socialdemócratas», justifican fuentes de la dirección del PP.
«Estamos seleccionando temas sin perder votos del centro: ni en migración ni en seguridad. ¿Son banderas exclusivas de Vox? No, y no se las vamos a dejar en solitario. Podemos reducir más el electorado del PSOE que el de Vox. No hemos perdido un ápice de centralidad. Si Vox sube cinco puntos y el PP no cae, significa que Vox le quita votos al PP y el PP al PSOE». «No se puede ser moderado y votar a Sánchez», argumentan, antes de añadir: «Lo complicado es mantener la moderación porque la gente demanda antorchas y mayor dureza».
El PP ha consolidado la naturalización de su alianza con Vox por dos razones. La primera, innegociable: porque no había otra opción. Que los populares gobiernen con el apoyo de los de Santiago Abascal es lo que decidieron los votantes en Extremadura, Aragón, Castilla y León e incluso Andalucía. En la coyuntura política actual, con bloques irreconciliables a medio plazo, no hay duda al respecto.
La segunda razón tiene más finezza: porque Génova debe abrazar a Vox para maximizar los resultados en las elecciones de 2027. Es necesario que el electorado interiorice que los comicios se plantean, como quiere el PP, como un plebiscito sobre la continuidad del Gobierno. «Ya da igual lo que haga Sánchez», presumen en la dirección popular, conscientes del desgaste político y judicial del Ejecutivo.
La estrategia, con riesgos evidentes, es clara. ¿Quién puede asegurar que legitimar a Vox no acabará fortaleciendo a Vox? Pero el propósito marcado por el presidente del PP es inequívoco: llegar a 2027 sin que el foco esté en la disputa entre PP y Vox. «Hay que dejar de hablar de Vox. Eso era un error. Ahora es Vox quien habla del PP, si acaso», sostienen las fuentes. «Cuando tu adversario está quemándose a lo bonzo, puedes permitirte muchas cosas», añaden. Por ejemplo, ceder ante la extrema derecha, aunque estableciendo límites que impidan políticas xenófobas o polémicas ultraderechistas, como la negación de la violencia de género o del cambio climático.

