El impacto de Craig Venter en la secuenciación del genoma humano y su controversia científica

Craig Venter en 2015.

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    • Autor, Redacción
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 3 mayo 2026
  • Tiempo de lectura: 5 min

Quizá el término que mejor describe a Craig Venter, el científico estadounidense que ayudó a descifrar el genoma humano y falleció este miércoles, sea maverick, palabra inglesa que puede traducirse como inconformista o rebelde. Alguien que piensa y actúa de manera distinta a la mayoría, ignorando las normas o reglas impuestas por un colectivo.

Esa actitud desafiante fue la que llevó a muchos a considerarlo uno de los científicos más influyentes del siglo por sus aportes significativos en la genética y el desarrollo de la biología sintética.

No obstante, también provocó rechazo en algunos por comercializar los resultados de su trabajo y promover la visión de la ciencia como una competencia.

Independientemente de las opiniones, su carrera y legado siempre estuvieron rodeados de polémica desde sus inicios.

Genoma humano

El público escuchó hablar de Venter por primera vez en los años 80, cuando abandonó el proyecto estatal del genoma humano para crear uno privado que compitiera directamente con la iniciativa oficial de Estados Unidos.

Para él, los métodos empleados por el oficial Proyecto Genoma Humano (PGH) eran demasiado lentos, por lo que decidió acelerar la secuenciación fundando la empresa Celera, cuyo propósito era mapear el genoma completo humano, una secuencia extensa de cerca de 3.000 millones de letras de ADN con las instrucciones básicas para la vida.

Su estrategia rindió frutos. Creó un método menos exacto, pero notablemente más rápido para leer el ADN.

Venter junto a un microscopio.

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En el 2000, Celera y el proyecto oficial anunciaron conjuntamente que habían obtenido el primer borrador del genoma humano, avance esencial para revelar la base genética de las enfermedades y el origen del ser humano.

Al año siguiente, el PGH publicó sus datos en la revista Nature, mientras que el grupo de Venter hizo lo mismo en Science. Sin embargo, a diferencia del proyecto público que liberó toda su información, Venter retuvo inicialmente parte de sus datos para que Celera obtuviera beneficios económicos.

Su labor aceleró significativamente la secuenciación del genoma, además de transformarlo en un científico acaudalado que se movía con facilidad en jets y yates privados.

En diversas ocasiones, debió defenderse ante medios que lo acusaban de priorizar las ganancias financieras sobre el avance científico.

Su falta de humildad tampoco mejoró su imagen pública. Venter afirmó que su conocimiento académico era equiparable al de un premio Nobel y reveló que el genoma anónimo que Celera había secuenciado era el suyo propio.

Aun así, su habilidad y entusiasmo le permitieron conformar un equipo de científicos capaces de lograr numerosos avances.

Vida sintética

Luego de la publicación del genoma, Venter dirigió su atención hacia otro proyecto ambicioso: la creación de organismos sintéticos.

Para ello estableció el Instituto J Craig Venter en Maryland, donde alrededor de 400 científicos se dedicaron intensamente a esta meta.

El primer gran resultado fue la síntesis del genoma completo de una bacteria.

El trabajo, publicado en Science, presentó un organismo, una «célula sintética», controlada enteramente por ese ADN artificial.

Craig Venter, con una imagen de una secuencia de ADN sobre su rostro.

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De nuevo, el estudio generó controversias. Algunos especialistas dudaban del propósito del trabajo más allá de ser una prueba de concepto y consideraban que experimentos menos espectaculares podían tener mayor utilidad.

Además, desde el ángulo ético, inquietaba que las innovaciones de Venter se desarrollaran bajo un estricto secreto comercial.

Varios científicos denunciaron que sus investigaciones carecían de la apertura y transparencia que caracterizan a la «buena ciencia».

Joven rebelde

Nacido en 1946 en Salt Lake City, Utah, Venter no demostró interés particular por los estudios o la ciencia durante su niñez.

Su juventud transcurrió más enfocada en las chicas, el alcohol y el surf en las playas californianas, según contó en su autobiografía publicada en 2007 A Life Decoded — My Genome: My Life (Una vida descodificada, mi genoma, mi vida).

Sin embargo, su despreocupada existencia en las soleadas costas californianas fue abruptamente interrumpida en 1967, cuando fue reclutado para la guerra de Vietnam, desempeñándose como asistente en un hospital naval.

Esa experiencia le reveló que, si sobrevivía al conflicto, deseaba convertirse en médico.

Venter se graduó en Medicina en la Universidad de California, San Diego, optó por la investigación sobre la práctica clínica y comenzó a impartir clases en la Universidad de Nueva York.

Al incorporarse a los Institutos Nacionales de Salud en 1984, comprendió la relevancia de la decodificación genética y, frustrado por la lentitud del proyecto estatal, desarrolló su propia técnica para acelerar el proceso, como se mencionó anteriormente.

Por sus aportes a la secuenciación del genoma humano, Venter recibió en 2007 el Premio Nierenberg a la Ciencia en el Interés Público otorgado por el Instituto Scripps de Oceanografía. En 2009, el presidente Barack Obama le confirió la Medalla Nacional de la Ciencia.

Será necesario tiempo para evaluar por completo el legado de Venter, pero queda claro que, más allá de la polémica, su influencia en la ciencia fue considerable.

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