Durante la I Guerra Mundial, el irlandés Patrick Fowler logró sobrevivir gracias a la valentía y el apoyo de una familia local

Durante la I Guerra Mundial, cuando los alemanes ocuparon el norte de Francia, un soldado permaneció casi cuatro años, desde 1914 hasta 1918 —prácticamente toda la duración del conflicto— escondido en un armario dentro de una casa habitada por soldados enemigos. Su nombre era Patrick Fowler, un soldado irlandés del 11º regimiento de húsares británico, que sobrevivió gracias a la complicidad y el valor de una familia local.
La historia comenzó luego de la batalla de Le Cateau en agosto de 1914. Apenas un mes después del inicio de la llamada Gran Guerra, británicos y franceses se enfrentaron a los alemanes. Para los aliados, el objetivo no era ganar, sino frenar el avance alemán tras las derrotas en Mons y Charleroi. Fowler, separado de su unidad durante la retirada aliada, quedó aislado en territorio enemigo. Durante cinco meses, se refugió en los bosques alrededor de la localidad de Bertry, hasta que en enero de 1915 fue encontrado por un leñador llamado Louis Basquin. “Lo primero que hizo fue compartir conmigo su almuerzo de pan y queso”, recordó el soldado años después.
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Basquin llevó a Fowler a la casa de su suegra, Madame Belmont-Gobert, quien junto a su hija Angèle decidió ocultarlo. Eligieron un sólido armario de roble, dividido en dos secciones y ubicado en el salón de la vivienda.
La situación se complicó cuando un grupo de soldados alemanes, que habían tomado control de la región, también se alojaron en la casa de Madame Belmont-Gobert. “Estuve menos de una semana oculto cuando se rumoreó que soldados alemanes se instalarían allí… Ocupaban el piso superior, pero pasaban la mayor parte del tiempo bebiendo café y conversando en la habitación donde yo me escondía”, relató Fowler en un artículo periodístico.
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Los Windsor aparecieron juntos en el balcón central del Palacio de Buckingham para presenciar el desfile aéreo que conmemoró el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. (REUTERS)
“Si hubiese tosido, todo habría terminado”
Durante ese tiempo, el soldado irlandés tuvo que mantenerse quieto y en silencio absoluto. Solo salía de noche, cuando los enemigos dormían. “Pasaba a menudo cuatro o cinco horas seguidas en el armario mientras los alemanes estaban sentados junto al fuego a pocos metros de mí. Si hubiese tosido, todo se habría acabado”.
Las mujeres de la familia Belmont-Gobert idearon métodos ingeniosos para distraer a los soldados. Cuando alguien se acercaba demasiado al armario, Madame Belmont-Gobert trataba de desviar la atención mostrando una fotografía familiar o simulando la presencia de ratas. “Y para evitar inspecciones […], dejaba intencionadamente abierta la puerta del compartimento derecho del armario”, señaló Fowler. Durante los 44 meses de encierro, la familia contó con la colaboración de vecinos para proveer comida al refugiado. Muchos le traían huevos, leche, pan y patatas.
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El peligro era constante. Otro soldado británico, el cabo Hull, se ocultó en una casa similar durante este periodo. Fue ejecutado al ser descubierto, y la mujer que lo protegía fue condenada a trabajos forzados.

Cuando las autoridades alemanas ordenaron requisar la casa, la familia se mudó a un domicilio cercano. Madame Belmont-Gobert insistió en llevar consigo el armario. Incluso un soldado alemán colaboró en transportar el mueble, sin saber que la carga adicional era nada menos que el propio Fowler.
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La llegada de las tropas aliadas el 10 de octubre de 1918 finalizó esta odisea. Fowler, con el uniforme desgastado y la barba crecida, fue detenido por militares británicos, acusado de deserción. “Resultaba irónico y siniestro ser arrestado y escoltado por dos policías militares hasta el cuartel general británico”. Solo gracias a la intervención de un viejo compañero se aclaró su historia.
Tras la guerra, Madame Belmont-Gobert recibió varios reconocimientos y fue invitada a Windsor, donde fue nombrada Dama del Imperio Británico. El célebre armario fue adquirido posteriormente y trasladado al Museo de los Húsares Reales en Winchester. Fowler se estableció en Escocia, dedicándose a trabajar como guardabosques hasta su fallecimiento en 1964.
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