El propietario del FC Andorra protagonizó varios desencuentros con el árbitro Alonso De Ena Wolf y su equipo en el encuentro frente al Albacete.
Más información: El Piqué presidente: una figura «macarra» que transformó al Andorra en profesional, pero que ha acumulado multas por 33.000 € en este año
Gerard Piqué volvió a estar en el foco de la polémica arbitral tras el Andorra-Albacete del 1 de mayo, en un incidente que excede la típica queja vehemente desde el terreno de juego.
El máximo dirigente del FC Andorra mantuvo varios enfrentamientos con el equipo arbitral de Alonso De Ena Wolf, inicialmente en el túnel de vestuarios y, posteriormente, fuera del estadio, donde el colegiado dejó registrados comentarios que podrían acarrear consecuencias disciplinarias serias.
El encuentro, que finalizó con un 0-1 favorable al Albacete, ya estaba cargado de tensión por una jugada controvertida en los últimos minutos, la no sanción de un posible penalti y la expulsión de varios miembros del cuerpo técnico local por sus protestas.
En ese marco, Piqué bajó a los vestuarios durante el descanso para reprochar al árbitro su desempeño, expresando críticas técnicas sobre las decisiones tomadas en la primera mitad. Hasta ese momento, el hecho podía clasificarse como una escena habitual en un partido tenso.
No obstante, tras el pitido final, la situación escaló de modo alarmante. En el informe arbitral, De Ena Wolf describe que Piqué se le acercó «a voz en grito» y con «una actitud amenazante», siguiéndole de cerca por el túnel mientras continuaba impugnando decisiones del partido.
Todo culminó en la puerta del vestuario arbitral, donde el exfutbolista lanzó otra frase recogida: «¡Ahora, si queréis, ponedlo en el acta!». Este reto directo al árbitro convierte una protesta más en un conflicto que está siendo analizado por los comités disciplinarios.
Lejos de calmarse, el ambiente hostil persistió en el exterior del estadio. En un anexo al informe, el colegiado y sus asistentes describen nuevos altercados en el aparcamiento al salir de las instalaciones.
Gerard Piqué, en una imagen de archivo Europa Press
Según la documentación, Piqué junto al director deportivo del Andorra esperaron a los árbitros y reiteraron las protestas. Es en ese momento cuando se pronuncia la frase más grave atribuida al exdefensa del Barcelona: «En otro país os reventarían, pero aquí en Andorra somos un país civilizado».
Dirigida al equipo arbitral, la expresión incorpora un tono amenazante y alude a la violencia, aumentando el nivel de la controversia y dejando abierta la posibilidad de sanciones más severas.
Viene de lejos
Este episodio no puede entenderse sin el trasfondo acumulado durante la temporada. El FC Andorra envío previamente una carta al Comité Técnico de Árbitros pidiendo que De Ena Wolf no arbitre más sus partidos, alegando un historial de decisiones que perjudican al club.
Por su parte, Piqué ha utilizado sus redes sociales para criticar los arbitrajes, afirmando que «las casualidades no existen» y cuestionando la calidad de ciertos colegiados. Esta atmósfera de desconfianza se fue intensificando hasta culminar nuevamente en el enfrentamiento con el Albacete.
Con este último episodio, Piqué reafirma una imagen de enfrentamiento constante con los árbitros que trasciende lo deportivo y toca el ámbito institucional.
El acta y su anexo, llenos de expresiones que sugieren intimidación, sitúan al dirigente del Andorra ante un reto disciplinario serio.
Más allá de la sanción económica, la acumulación de incidentes y la gravedad del lenguaje empleado fomentan el debate acerca de los límites en la crítica arbitral y el rol que debe asumir un propietario cuando decide personarse en el túnel o en el aparcamiento para buscar explicaciones tras un partido tenso.

