El consumo excesivo de este tipo de alimentos se vincula con un mayor riesgo de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo, según diversos estudios recientes

La evidencia científica creciente señala que los alimentos ultraprocesados impactan no solo en la salud física, sino que también elevan la probabilidad de desarrollar trastornos mentales como la depresión, la ansiedad y el deterioro cognitivo. Una revisión publicada en la revista Nutrients muestra que quienes consumen dietas altas en ultraprocesados tienen un 44% más de riesgo de depresión y un 48% mayor de ansiedad. Además, otros estudios recientes indican que incluso cuando solo el 20% de las calorías provienen de estos productos, la tasa de deterioro cognitivo puede incrementarse en un 28% en comparación con quienes los ingieren en menor proporción.
Estos resultados han sido confirmados mediante estudios de cohorte de gran escala. Un análisis que siguió a más de 72.000 personas en el Reino Unido encontró que cada aumento del 10% en el consumo de alimentos ultraprocesados eleva el riesgo de demencia en un 25%. El mismo trabajo estimó que reemplazar ese 10% por alimentos frescos o mínimamente procesados reduciría el riesgo de demencia en un 19%. Entre los alimentos ultraprocesados, caracterizados por su bajo costo y alta palatabilidad, se encuentran productos como refrescos, dulces, comidas congeladas y cereales empaquetados.
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La conexión entre el consumo de ultraprocesados y los trastornos mentales resulta compleja y parece operar de manera bidireccional. Por una parte, el exceso de calorías vacías, azúcares y grasas saturadas puede provocar inflamación y alterar la comunicación entre intestino y cerebro. Por otra, situaciones de estrés y ansiedad pueden desencadenar un consumo compulsivo de estos alimentos.
Melissa M. Lane, investigadora principal de la revisión publicada en Nutrients, resume la situación actual en declaraciones citadas por National Geographic: “Aunque no está completamente claro cuál es la relación de causa y efecto, la evidencia más sólida proveniente de estudios prospectivos sugiere que ingerir grandes cantidades de alimentos ultraprocesados incrementa el riesgo de depresión a futuro”.
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Tomando como ejemplo al futbolista Marcos Llorente, el nutricionista Mario Rey alerta sobre los efectos a largo plazo de ciertas dietas. Basado en estudios como el ‘Global Burden of Disease’, resalta que el bajo consumo de verduras está vinculado a una menor esperanza y calidad de vida.
“Sencillos de consumir en grandes volúmenes”
Un factor que suele pasar inadvertido es que las enfermedades crónicas vinculadas al exceso de sal, azúcar y grasas —como la hipertensión y la diabetes tipo 2— también elevan el riesgo de demencia vascular al disminuir la irrigación cerebral. Asimismo, aditivos como ciertos edulcorantes artificiales y el glutamato monosódico pueden afectar la producción de neurotransmisores esenciales para la salud emocional.
La facilidad para ingerir grandes cantidades se explica en parte por su textura suave y sabor intenso. Según Lane, “los alimentos ultraprocesados son fáciles de consumir en gran volumen debido a que suelen ser blandos y de fácil masticación”. Estas propiedades pueden alterar la señal de saciedad entre el intestino y el cerebro.
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Las estrategias para disminuir el consumo de productos ultraprocesados incluyen priorizar alimentos con listas de ingredientes reducidas y optar por productos frescos o poco procesados. “El primer paso es mostrar compasión hacia uno mismo. No es tu culpa; el entorno está diseñado para generar dependencia”, ha señalado Ashley Gearhardt, profesora de psicología en la Universidad de Míchigan.
La evidencia hasta la fecha sugiere que limitar la presencia de ultraprocesados en la dieta y reemplazarlos por frutas, verduras y cereales integrales no solo protege el corazón y el metabolismo, sino que también puede ser fundamental para mantener la salud mental a largo plazo.
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