Relación entre Koldo y Pardo de Vera y el atractivo de Ábalos para María Jesús Montero en la crónica de Aldama desde el Supremo

Koldo García y José Luis Ábalos ríen cuando Aldama asegura que el asesor del exministro le confesó que tenía algún tipo de relación con Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif. Las claves

Víctor de Aldama testifica ante el Tribunal Supremo, señalando a altos dirigentes del PSOE, entre ellos Pedro Sánchez y José Luis Ábalos, como integrantes de una organización criminal y responsables de una financiación irregular del partido.

Aldama relata cómo entregaba sobres con importantes sumas de dinero a Ábalos, en ocasiones en su despacho y otras en su residencia, y detalla ciertos privilegios dentro del Ministerio de Transportes.

Durante su declaración, menciona supuestas relaciones personales y afectivas entre Koldo García e Isabel Pardo de Vera, y alude al supuesto ‘sexapil’ de Ábalos en relación con María Jesús Montero.

La crónica aborda episodios de celebraciones, pago de apartamentos para amantes y conflictos personales, además de la implicación de Aldama en gestiones diplomáticas con Venezuela.

Víctor de Aldama lleva prendida una cruz plateada en la solapa de su traje azul marino. Cuenta en un pequeño grupo, animado y sonriente, minutos antes de declarar ante los siete magistrados del Tribunal Supremo, que dicho amuleto se lo prestó su zapatera y que se lo devolverá una vez sea absuelto.

Afueras, una fuerte lluvia cae como anunciando la tormenta que se avecina en el interior del Salón de Plenos.

El acusado, situado en el centro de la sala y de espaldas al público, comienza su testimonio. Empuña sin misericordia su afilada dialéctica y dispara nombres, fechas y cifras con precisión. Tiene memorizado el texto y su pulso permanece firme.

Ábalos y Koldo durante la sesión del martes en el Tribunal Supremo.

El meticuloso comisionista da a conocer, bajo las preguntas del fiscal, que tenía acceso preferencial al Ministerio de Transportes. «Entraba por el ascensor del ministro sin que nadie me detuviera, sin que la Guardia Civil interviniera. Todos me conocían».

En ocasiones, afirma que llevaba sobres con presuntas ‘mordidas‘ que oscilaban entre 50.000 y 60.000 euros. Ábalos, según el relato de Aldama y como si fuera un personaje de series como Uno de los nuestros o Los Soprano, los guardaba sin contarlos en un cajón de su escritorio, confiando plenamente.

Cuando el dinero superaba la cantidad habitual –recuerda que una vez llevó 250.000 euros– Aldama optaba por mayor discreción, ocultándolos en una bolsa de Carrefour dentro de su mochila Montblanc y entregándoselos al ministro en su piso oficial en El Viso, Madrid.

Durante su testimonio, Víctor de Aldama también arremete contra el Gobierno, nombrando a Pedro Sánchez en una decena de ocasiones.

Incluso sostiene que el presidente del Gobierno, a quien llama «el uno«, formaba parte del nivel más alto de la «banda criminal» en la que él mismo estuvo implicado.

En su lista de acusaciones, Aldama señala una supuesta financiación irregular del PSOE mediante pagos realizados por constructoras.

«Si existe una jerarquía, el señor Sánchez ocupa el nivel uno, Ábalos el dos, Koldo el tres y yo el cuatro».

«¡Hay que organizarle algo al jefe!»

A su izquierda, siempre vigilados por dos agentes de la Policía Nacional, se colocan Ábalos, conocido como ‘El Jefe’, y su mano derecha Koldo, apodado ‘El Goblin‘, quien oculta su rostro bajo una barba descuidada que recuerda a Thénardier antes de su encarcelamiento.

Algunos fragmentos del testimonio sorprenden a esta pareja. Por ejemplo, cuando Aldama insinúa que Koldo mantuvo una relación amorosa ocasional con la expresidenta de Adif, Isabel Pardo de Vera.

«Tenían una relación excelente», comenta Aldama. «Digo excelente. Según lo que Koldo me transmitió, o al menos eso interpreté, fueron pareja en algún momento. Me mostró mensajes de WhatsApp que él le enviaba y que ella respondía…».

Koldo se encorva, riendo o fingiendo diversión. Se quita las gafas negras de pasta y se cubre la cara con ambas manos. A su lado, Ábalos también ríe y se intercambian miradas cómplices, como adolescentes en el instituto. Un murmullo leve se extiende entre los presentes.

¿Desde cuándo el juicio del ‘caso Koldo’ se ha tornado en un escenario para exhibir los enredos amorosos de los implicados?

La siguiente afirmación se refiere a María Jesús Montero, exministra de Hacienda convertida en candidata del PSOE de Andalucía, y no provoca tanta diversión.

Resulta ofensivo, remite a la práctica de repartir mujeres que ya es una constante en las declaraciones de Koldo y Ábalos –recordando a Ariatna y ‘la Carlota’, conocida por «ser un torbellino»– y Aldama se disculpa anticipadamente con los magistrados, abogados y el público.

«José Luis Ábalos tenía una fuerte influencia sobre la ministra. Según Koldo, textualmente, a la ministra se le hacía el coño agua cada vez que hablaba con él. Cualquier tema que le resultase interesante, lo llamaba».

Ni siquiera la defensa puede evitar una mueca de rechazo y llevarse la mano a la frente, sin saber dónde esconderse.

Pero hay más referencias que apuntan a la verdadera naturaleza del exministro y su asesor. Aldama profundiza en la obsesión de Ábalos por la prostitución y relata «la primera y última vez» que pagó una «señorita» de su propio bolsillo.

Corría el año 2019 y el grupo viajaba por Polanco, Ciudad de México, con la intención de hacer negocios con los contactos influyentes de Aldama.

En una noche, Koldo se le acercó exclamando: «¡Hay que organizarle algo al jefe!«. «¿Qué quieres decir con organizar?», le preguntó Aldama. «Buscar unas señoritas y presentárselas», contestó Koldo.

Víctor de Aldama, a su llegada al Tribunal Supremo para declarar como acusado.

Aldama cuenta que en otra ocasión el ministro pidió a Koldo que le encontrara un piso de alquiler para su amante, Jésica Rodríguez. Koldo contactó con Aldama, quien le consiguió un apartamento para «nueva pareja» en la Torre de Madrid, en el corazón de Plaza de España. Los 2.900 euros mensuales los pagó Alberto Escolano, socio y amigo de Aldama.

Fue entonces cuando empezaron sus problemas personales.

«Ábalos tenía otras amantes además de Jésica. Le dije a Koldo: ‘No entiendo por qué pagamos el piso a ella y a Ábalos mientras él está con otras’. Koldo respondió que ella le tenía enganchado por los huevos. Parece que Jésica guardaba un vídeo de Carolina [Perles, exesposa de Ábalos] con sus hijos en la residencia de El Viso».

Ábalos y Koldo reaccionan de nuevo. Muestran indignación, niegan con la cabeza; el exministro se levanta y susurra algo a sus abogados; su compañero de prisión en Soto del Real hace lo mismo. Pero Aldama insiste con sus acusaciones.

«Les digo que no podemos mantener esta farsa con una persona que solo generaba problemas». Añade que Jésica les «daba mucho trabajo» y era conflictiva.

La relación se fue desgastando hasta romper la «verdadera amistad» que Aldama y Koldo habían forjado, con el primero incluso comprando para Koldo una moto Scooter, un todoterreno modesto y un tratamiento de fertilidad para su esposa.

Todo se vino abajo cuando Escolano dejó de asumir el pago del piso de Jésica, desatando uno de los conflictos más intensos entre Koldo y Aldama. Según relata el empresario, el asesor ministerial acudió un día a su oficina exigiendo cuentas.

No llegó solo: su hermano Joseba lo acompañaba, dispuesto a respaldar la exigencia con algo más que palabras.

«Voy a subir a partirle la cara a Alberto», amenazó Koldo furioso. Aldama respondió que si actuaba así, quien acabaría malherido sería él.

Así ocurrió: «Koldo subió, agarró a Escolano por la pechera… y comenzamos a pelear en la oficina. Él salió con la cara lastimada. Fue una escena muy desagradable».

«Si mandamos a esa inútil…»

La audiencia, que duró casi ocho horas, no se limitó a mencionar «señoritas» y sobres. Aldama también asume un papel central en una operación diplomática informal que lo convirtió en enlace entre el Gobierno español y la Venezuela de Guaidó.

Relata esta misión con la misma naturalidad con que expone todos los demás asuntos.

Ábalos le encargó llevar personalmente una carta a Juan Guaidó para manifestar el apoyo del Ejecutivo español. Aldama, incómodo, preguntó por qué no enviaba a la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya, para entregar el mensaje.

La respuesta de Ábalos es memorable: «Si enviamos a esa inútil a Venezuela, perdemos el negocio«.

Así, fue el comisionista quien entregó la carta en Caracas. Antes de partir, preguntó al ministro si Sánchez estaba informado.

«Me aseguró que el presidente está al tanto de todo», relata Aldama.

Poco después, Sánchez reconoció a Guaidó como «presidente encargado». Sin embargo, según Aldama, en la sede del PSOE se hablaba también de otra cuestión: la Internacional Socialista necesitaba financiación, que podría provenir de cuotas de petróleo controladas por allegados a Guaidó. Política y negocio, como siempre, de la mano.

Pero el panorama cambió. Aparecieron llamadas de Maduro, presiones del entorno del expresidente Zapatero —a lo que Koldo respondió con un «que le den por culo a ZP»— y Sánchez acabó inclinándose hacia el régimen chavista.

Aldama, mensajero de todas las partes, quedó atrapado entre dos Venezuelas, dos líderes y una organización socialista internacional que, según su versión, buscaba lucrarse con el petróleo venezolano.

Tras ocho horas de exposición, Aldama se acomoda la chaqueta y, antes de salir, alguien nota que conserva en la solapa la cruz plateada. Su zapatera tendrá que seguir esperando.

Por ahora, la tormenta continúa desde las 10:00 con las declaraciones de Koldo.

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